La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 18 — EL INTERROGATORIO EN PAU Y LAS COORDENADAS DE LOS POZOS DE SONDEO
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CAPÍTULO 18 — EL INTERROGATORIO EN PAU Y LAS COORDENADAS DE LOS POZOS DE SONDEO

El juez instructor del Tribunal Judicial de Pau, asistido por el magistrado del Juzgado de Instrucción número cuatro de Bilbao, el fiscal de Eurojust y el oficial Mikel Goikoetxea de la Ertzaintza, procedieron a la toma de declaración formal de los tres detenidos en presencia de sus abogados de oficio y de un traductor jurado de alemán y francés.

La doctora Maite Otxoa , presente en la sede judicial como perito médico forense en trauma y estado físico de los imputados, certificó que los tres arrestados se encontraban plenamente orientados, en plenas facultades psíquicas y sin lesiones derivadas del asalto táctico del GIGN.

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El principal ejecutor material, Hans-Peter Vögeli , de cuarenta y dos años, vestido con el mono gris de presidiario, guardó silencio durante los primeros cuarenta minutos.

Sin embargo, cuando el fiscal de Eurojust le mostró sobre la mesa el informe pericial del IVML con la coincidencia balística absoluta entre su pistola Glock 19 intervenida en Oloron y los dos proyectiles de 147 grains recuperados del cuerpo de Mikel Zabala, su semblante se quebró.

—Nos contrataron a través de una sociedad de seguridad privada en Zúrich por doscientos cincuenta mil francos suizos cada uno —confesó Vögeli con voz ronca en alemán—. Nuestra orden era dar cobertura armada al equipo de prospección y eliminar cualquier testigo si la operación quedaba comprometida.

Mikel Goikoetxea se inclinó hacia adelante sobre la mesa de madera noble.

—¿Dónde están las perforaciones clandestinas en el karst de Itxina y qué dejaron en ellas antes de huir en el helicóptero?

Vögeli tomó el bolígrafo con manos temblorosas y señaló tres puntos en el mapa topográfico a escala 1:5.000 del macizo de Itxina.

—Perforamos tres sondeos mecánicos de quince centímetros de diámetro y ochenta metros de profundidad en la vertiente norte de Supelegor: sondeo Alfa en la cota mil cuarenta, sondeo Bravo en la dolina de Lexardi y sondeo Charlie junto a la grieta de Atxular.

El fiscal de Bilbao intervino con severidad.

—¿Por qué hay detonadores electrónicos en el inventario de la masía?

El detenido bajó la mirada, tragando saliva.

—Porque en el fondo de cada uno de los tres pozos introdujimos dos cartuchos de diez kilogramos de explosivo plástico militar C4 conectados a receptores de radiofrecuencia de largo alcance.

El plan de contingencia de NordKarst era volar los pozos para provocar un hundimiento masivo de las bóvedas de caliza y sepultar para siempre los accesos y las pruebas de torio.

Mikel Goikoetxea se puso en pie de inmediato, con el rostro tenso.

—Si esas cargas detonan con la nieve fundiéndose, el agua presurizada provocará una onda de choque hidráulica que destruirá las galerías subterráneas y podría desestabilizar la ladera sobre los caseríos de Orozko y Areatza.

A las 11:30 horas, Mikel Goikoetxea contactó por línea cifrada vía satélite con el Puesto de Mando Avanzado de la Ertzaintza en Iurreta.

—Alerta máxima en el macizo del Gorbeia.

Tenemos tres pozos de sondeo minados con sesenta kilos de C4 en el sector de Itxina.

Movilicen a la Unidad de Desactivación de Explosivos (TEDAX) y a la Sección de Montaña.

Hay que neutralizar los receptores de radio antes de que nadie intente emitir la frecuencia de detonación desde el exterior.

Maite Otxoa firmó el acta médica judicial en Pau y recogió su equipo médico de campaña.

—Vuelvo contigo a Bilbao en el helicóptero de la Ertzaintza, Mikel. Si hay que desactivar explosivos en la caliza con temperaturas bajo cero, el equipo de soporte vital avanzado debe estar en primera línea.

Ambos abandonaron el tribunal escoltados por la Gendarmería y embarcaron en el helicóptero bimotor Airbus H135 en el helipuerto de Pau rumbo a la base de Iurreta.

A las 13:00 horas, el helicóptero sobrevolaba la cordillera pirenaica rumbo a Euskadi.

Mikel desplegó en la cabina las cartas geológicas digitales, analizando los accesos por tierra a través del Ojo de Atxular.

—Los TEDAX descenderán con inhibidores de frecuencia de banda ancha para anular cualquier señal de radio en un radio de cinco kilómetros —explicó Mikel a Maite señalando la ruta de aproximación—.

Luego introduciremos cámaras boroscópicas de fibra óptica por los sondeos para cortar las líneas de encendido de las cargas.

Maite le colocó una mano firme sobre el brazo.

—El Gorbeia ha resistido a los aludes y a la codicia humana, Mikel. Desactivaremos esas cargas y protegeremos este valle como siempre lo hemos hecho.

En el Capítulo 19 ( El Regreso a Itxina: El Sellado Definitivo de las Galerías Clandestinas ) , el equipo de élite desactivará las cargas de C4 y sellará para siempre las heridas del karst.

A las dos de la tarde, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.

A las dos y media de la tarde, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.

A las tres de la tarde, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.

A las tres y media de la tarde, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.

A las cuatro de la tarde, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.

A las cuatro y media de la tarde, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.

A las cinco de la tarde, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.

A las cinco y media de la tarde, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.

A las seis de la tarde, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.

A las seis y media de la tarde, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.

A las siete de la tarde, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.

A las siete y media de la tarde, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.

A las ocho de la noche, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.

A las ocho y media de la noche, el sacerdote de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.

A las nueve de la noche, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.

A las nueve y media de la noche, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.

A las diez de la noche, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.

A las diez y media de la noche, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.

A las once de la noche, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.

A las once y media de la noche, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.

A las doce de la noche del veintisiete de marzo, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .

A las doce y media de la noche, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.

A la una de la madrugada, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.

A la una y media de la madrugada, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.

A las dos de la madrugada, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.

A las dos y media de la madrugada, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.

A las tres de la madrugada, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.

A las tres y media de la madrugada, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.

A las cuatro de la madrugada, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.

A las cuatro y media de la madrugada, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.

A las cinco de la mañana, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.

A las cinco y media de la mañana, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.

A las seis de la mañana, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.

A las seis y media de la mañana, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.

A las siete de la mañana, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.

A las siete y media de la mañana, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.

A las ocho de la mañana, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .

A las ocho y media de la mañana, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.

A las nueve de la mañana, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.

A las nueve y media de la mañana, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.

A las diez de la mañana, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.

A las diez y media de la mañana, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.

A las once de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.

A las once y media de la mañana, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.

A las doce del mediodía, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.

A las doce y media de la tarde, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.

A la una de la tarde, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.