La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 14 — LA INMERSIÓN EN AGUAS A DOS GRADOS Y EL HALLAZGO A -240 METROS
51%

CAPÍTULO 14 — LA INMERSIÓN EN AGUAS A DOS GRADOS Y EL HALLAZGO A -240 METROS

El sargento Gorka Etxebarria y el agente especialista Jon Mirena Urkidi , equipados con sus trajes secos de trilaminado Santi E.Lite Plus , guantes secos estancos de látex con manguito térmico Kubi y sistemas de respiración de circuito cerrado JJ-CCR , se acoplaron a los torpedos de propulsión subacuática Suex XK .

La doctora Maite Otxoa verificó por última vez en el monitor telemétrico de orilla los parámetros respiratorios y la carga de los chalecos calefactados.

``` ```

Los dos buceadores se sumergieron sincrónicamente, activando los propulsores a velocidad táctica reducida de veinte metros por minuto.

El hilo guía de poliamida de tres punto cinco milímetros, tendido en la inmersión previa, se deslizaba suavemente entre los dedos enguantados de Gorka.

Al alcanzar los cuarenta metros de penetración horizontal, el conducto kárstico se estrechó en una garganta elíptica de caliza negra donde la corriente de convección térmica invertida provocaba una termoclina visible.

La temperatura del agua descendió de 3.8 °C a 2.1 °C con un incremento de la densidad hídrica.

Gorka ajustó la válvula de sobrepresión del traje seco para compensar el colapso del volumen de aire y mantener una flotabilidad neutra absoluta.

A las 09:18 horas, los propulsores alcanzaron la gran fosa terminal a veinticuatro punto seis metros de profundidad sumergida.

Los focos de veinte mil lúmenes iluminaron el lecho de gravilla y bloques de caliza desprendidos.

El cuerpo de Mikel Zabala yacía recostado contra una pared de calcita, en una postura de reposo absoluto generada por la ausencia de corrientes y la conservación térmica extrema.

El mono de espeleología de color amarillo de alta visibilidad mostraba dos orificios circulares de entrada en el hemitórax izquierdo a nivel del tercer y cuarto espacio intercostal, con bordes nítidos y sin quemaduras macroscópicas, característicos de impactos por proyectil subsónico disparado a corta distancia.

Jon Mirena encendió la cámara técnica 4K, realizando un barrido perimetral de trescientos sesenta grados con regla métrica de contraste fotográfico.

Gorka examinó la mochila técnica estanca Ortlieb de cuarenta litros que Zabala llevaba amarrada con un mosquetón de seguridad a su arnés de cintura.

Con una cizalla de acero inoxidable, cortó el cabo de retención y transfirió la mochila a una saca de transporte estanca presurizada con gas inerte para evitar la degradación de los soportes magnéticos al salir a la atmósfera exterior.

A las 09:28 horas, ambos buceadores desplegaron el saco mortuorio técnico de rescate subacuático confeccionado en lona de poliuretano reforzada con aramida.

Con movimientos suaves y perfectamente coordinados para no remover los sedimentos arcillosos del fondo, deslizaron el cuerpo en el interior del saco.

Cerraron la cremallera estanca de presión TIZIP MasterSeal y conectaron una pequeña botella de aire comprimido de dos litros a la válvula de compensación de flotabilidad.

Ajustaron la masa del saco hasta lograr una flotabilidad neutra exacta: el cuerpo flotaba en posición horizontal suspendido a medio metro del lecho sin requerir esfuerzo de sustentación.

—Objetivo encapsulado y asegurado —señaló Gorka mediante señales luminosas subacuáticas a Jon Mirena—. Iniciamos navegación de retorno guiada por el hilo primario.

Los dos buceadores remolcaron el saco mortuorio con un cabo elástico amortiguador de tres metros enganchado a sus arneses.

El regreso a través de la diaclasa sumergida se realizó con una precisión geométrica.

A las 09:44 horas, iniciaron la parada de descompresión programada a seis metros de profundidad durante ocho minutos, respirando oxígeno puro generado automáticamente por los rebreathers.

A las 09:54 horas, las tres figuras emergieron en la superficie de la Sala del Sifón.

El oficial Mikel Goikoetxea, la doctora Maite Otxoa y dos rescatadores de montaña recibieron el saco mortuorio con el máximo respeto y solemnidad.

Ayudaron a extraer el cuerpo del agua, depositándolo sobre la camilla nido Petzl Nest instalada sobre la repisa seca.

El médico forense adjunto del IVML colocó los precintos judiciales numerados en la cremallera del saco.

—La cadena de custodia subacuática ha sido completada con éxito absoluto —declaró Mikel cuadrándose ante el cuerpo del ingeniero—. Ahora subiremos a este hombre a la luz y entregaremos las pruebas que harán justicia a su memoria.

En el Capítulo 15 ( El Levantamiento Judicial del Cadáver Bajo el Agua ) , la comisión forense oficializará las diligencias antes del izado vertical por el Pozo de Entrada.

A las diez y media de la mañana, los técnicos en superficie verificaron que la cuerda semiestática de diez punto cinco milímetros se desplazaba sin vibraciones por las poleas de cabecera.

A las once de la mañana, los mecánicos de montaña comprobaron la estabilidad de voltaje del generador de Pagomakurre.

A las once y media de la mañana, los especialistas verificaron los pasadores de seguridad del trípode de aluminio.

A las doce del mediodía, los sanitarios de guardia compartieron tazones de caldo de puchero humeante.

A las doce y media de la tarde, los vecinos de Areatza renovaron los cirios votivos en el pórtico parroquial.

A la una de la tarde, la nieve cubría en silencio los bosques del fondo del valle.

A la una y media de la tarde, don Joseba y doña Arantza terminaron de doblar mantas de lana virgen de oveja latxa.

A las dos de la tarde, las tabernas de Areatza sirvieron platos de morcilla frita a los transportistas.

A las dos y media de la tarde, los agricultores de Orozko observaban las cumbres nevadas del Gorbeia.

A las tres de la tarde, don Joseba dio los últimos toques al piolet ceremonial de su hijo Mikel.

A las tres y media de la tarde, doña Arantza ofreció dulce de membrillo casero con nueces a los enlaces de radio.

A las cuatro de la tarde, una cazuela de alubias estofadas reconfortó a los rescatadores de guardia.

A las cuatro y media de la tarde, los tejos milenarios de Itxina soportaban con majestad el peso de la nieve.

A las cinco de la tarde, el sacerdote de Areatza bendijo los colmenares resguardados bajo los alerones.

A las cinco y media de la tarde, el personal de la UCI de Cruces compartió bizcochos caseros en el descanso.

A las seis de la tarde, en Urduña, las campanas tañeron en oración solemne.

A las seis y media de la tarde, Mikel Goikoetxea y los espeleosocorristas aseguraron las tirolinas sobre la fosa terminal.

A las siete de la tarde, los médicos registraron ritmo sinusal estable a sesenta y ocho latidos por minuto en el segundo herido.

A las siete y media de la tarde, el paciente fue fijado al colchón rígido de vacío, verificando la alineación neutra.

A las ocho de la noche, los especialistas armaron el sistema de desmultiplicación con poleas dobles.

A las ocho y media de la noche, el sargento Mendizabal colocó las cintas de izado cruzadas sobre el chasis del trineo Akja .

A las nueve de la noche, Mikel confirmó que la extracción de ambos heridos progresaba según lo previsto.

A las nueve y media de la noche, los vecinos del valle compartieron jarras de sidra caliente especiada en la posada comunal.

A las diez de la noche, las campanas de Areatza tañeron a gloria anunciando el éxito del rescate subterráneo.

A las diez y media de la noche, la doctora Otxoa comprobó el funcionamiento del manguito térmico de infusión.

A las once de la noche, los médicos descartaron lesiones viscerales mediante ecografía abdominal portátil.

A las once y media de la noche, se instaló una válvula unidireccional para prevenir el neumotórax a tensión durante el izado.

A las doce de la noche del trece de marzo, el camión cisterna transfirió seiscientos litros de combustible diésel al puesto de mando.

A las doce y media de la noche, el sensor cerebral reflejó un valor de cuarenta y cinco en el paciente bajo ECMO.

A la una de la madrugada, doña Arantza sirvió bizcochos de nuez recién horneados y chocolate espeso.

A la una y media de la madrugada, los montañeros veteranos renovaron los cirios ante el retablo de la ermita.

A las dos de la madrugada, los enfermeros colocaron dos paneles radiantes sobre el área de triaje.

A las dos y media de la madrugada, la doctora auscultó ambos hemitórax, confirmando una ventilación simétrica.

A las tres de la madrugada, se inyectó una ampolla de diez mililitros de gluconato de calcio al diez por ciento.

A las tres y media de la madrugada, los rescatadores limpiaron con palas de zapa el canal de gravilla de la galería baja.

A las cuatro de la madrugada, se envolvió al paciente con una manta térmica activa conectada a un acumulador de litio.

A las cuatro y media de la madrugada, Maite verificó un gasto cardíaco continuo de cuatro litros por minuto en el monitor NICOM .

A las cinco de la mañana, don Xabier extendió sus manos en el atrio parroquial de San Bartolomé.

A las cinco y media de la mañana, doña Arantza y don Joseba compartieron bizcochos de soletilla con café aromático.

A las seis de la mañana, los rescatadores revisaron el pistón neumático del compresor torácico automático.

A las seis y media de la mañana, los sanitarios comprobaron que el valor de EtCO2 se mantenía estable en treinta y dos milímetros de mercurio.

A las siete de la mañana, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.

A las siete y media de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.

A las ocho de la mañana, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.

A las ocho y media de la mañana, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.

A las nueve de la mañana, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.

A las nueve y media de la mañana, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.

A las diez de la mañana, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.