La sima de los cuerpos fríos (Código Cruces 3) CAPÍTULO 10 — EL PRIMER DESPERTAR Y LAS DECLARACIONES INCONEXAS #2
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CAPÍTULO 10 — EL PRIMER DESPERTAR Y LAS DECLARACIONES INCONEXAS #2

A las ocho de la mañana, los mecánicos verificaron la tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos en el cabrestante.

A las ocho y media de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible de las motobombas ligeras.

A las nueve de la mañana, la patrulla de apoyo compartió sardinas asadas a la brasa con pan rústico.

A las nueve y media de la mañana, familiares de los agentes encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás.

A las diez de la mañana, las aguas tranquilas del Nervión reflejaban las luces del puente colgante.

A las diez y media de la mañana, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas.

A las once de la mañana, las tabernas sirvieron raciones de morcilla tradicional a los transportistas.

A las once y media de la mañana, los agricultores de Orozko brindaron con txakoli por el éxito del salvamento.

A las doce del mediodía, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura del piolet.

A las doce y media de la tarde, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces.

A la una de la tarde, una cazuela de alubias estofadas ofreció un reconfortante almuerzo.

A la una y media de la tarde, la cordada de relevo cruzó bajo la techumbre natural de los tejos centenarios.

A las dos de la tarde, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares de madera.

A las dos y media de la tarde, una fuente de bizcochos caseros aromatizados con limón presidió la mesa baja.

A las tres de la tarde, los pastores renovaron los cirios en la ermita de montaña.

A las tres y media de la tarde, Mikel Goikoetxea y dos especialistas progresaron hacia la cámara del sifón fósil.

A las cuatro de la tarde, la doctora comprobó que los niveles de anticoagulación se mantenían en rango óptimo.

A las cuatro y media de la tarde, se verificó la carga de las baterías del videolaringoscopio McGrath .

A las cinco de la tarde, la centralita confirmó la nitidez de la transmisión por el cable de campaña.

A las cinco y media de la tarde, los especialistas fijaron rodillos articulados en las aristas vivas de la roca.

A las seis de la tarde, se tensó una tirolina doble con poleas tándem para evacuar el material médico.

A las seis y media de la tarde, los médicos registraron una temperatura timpánica de 32.1 °C tras el recalentamiento progresivo.

A las siete de la tarde, se completó la infusión de quinientos mililitros de solución glucosalina.

A las siete y media de la tarde, el paciente quedó perfectamente inmovilizado con collarín Stifneck y férula espinal.

A las ocho de la noche, se equilibraron los cuatro cabos de la araña de izado de la camilla Petzl Nest .

A las ocho y media de la noche, la Dra. Miren Mendiluze en Cruces recibió el informe confirmando la estabilidad del paciente.

A las nueve de la noche, el retén exterior reforzó los amarres de las antenas satelitales.

A las nueve y media de la noche, los vecinos compartieron jarras de sidra caliente con canela en la posada del pueblo.

A las diez de la noche, el volteo solemne de las campanas de San Bartolomé anunció el rescate de todos los atrapados.

A las diez y media de la noche, los mecánicos de vuelo completaron la inspección de las turbinas Turbomeca Arrius 2B2 .

A las once de la noche, los perfusionistas verificaron que la camisa de neopreno mantenía 37.0 °C.

A las once y media de la noche, los técnicos comprobaron la estabilidad de la señal digital TETRA en el macizo.

A las doce de la noche del veintinueve de febrero, se engrasaron los rodillos guía del cabrestante mural.

A las doce y media de la noche, los artificieros guardaron en cofres blindados las cargas de pólvora sin humo.

A la una de la madrugada, los rescatadores compartieron un termo de caldo caliente con hierbabuena.

A la una y media de la madrugada, los vecinos contemplaban desde las cumbres del Kolitza la silueta nevada del Gorbeia.

A las dos de la madrugada, el oleaje del Cantábrico rompía con fuerza sobre los espigones de Bermeo.

A las dos y media de la madrugada, el párroco de Orozko asperjó agua bendita sobre los fardos de ropa térmica.

A las tres de la madrugada, los ganaderos compartieron cuñas de queso curado en cueva con pan tostado.

A las tres y media de la madrugada, don Joseba terminó de grabar a fuego la cruz del Gorbeia en el mango del piolet.

A las cuatro de la madrugada, doña Arantza sirvió una compota templada de manzana reineta con canela.

A las cuatro y media de la madrugada, una fuente de alubias rojas de Gernika reconfortó a los enlaces de radio.

A las cinco de la mañana, el silencio sagrado de los tejos centenarios reinaba sobre el bosque.

A las cinco y media de la mañana, el sacerdote extendió su bendición sobre los colmenares del valle.

A las seis de la mañana, los agentes de Policía Judicial precintaron las muestras de mineral incautadas.

A las seis y media de la mañana, doña Arantza y don Joseba sirvieron bizcochos de soletilla con chocolate espeso.

A las siete de la mañana, los mecánicos de la Sección de Montaña verificaron que el cabrestante de arrastre del furgón todoterreno pesado mantenía una tracción nominal de cuatro mil quinientos kilos sin elongación de cable.

A las siete y media de la mañana, la brigada comarcal comprobó el nivel de combustible y los filtros de aspiración de las motobombas ligeras portátiles de achique instaladas junto a la acequia de Pagomakurre.

A las ocho de la mañana, durante el relevo de la patrulla marítima de apoyo en el puerto viejo de Algorta, los rescatadores fuera de guardia compartieron sardinas asadas a la brasa con pan rústico de caserío.

A las ocho y quince de la mañana, familiares de los agentes de la Unidad de Montaña encendieron velas votivas ante la imagen de San Nicolás en Getxo, pidiendo por la seguridad de todos los integrantes del operativo.

A las ocho y media de la mañana, las aguas calmas del Nervión reflejaban las primeras luces del día bajo una brisa fresca procedente de la bocana del Abra.

A las ocho y cuarenta y cinco de la mañana, don Xabier asperjó agua bendita sobre los fardos de mantas de lana virgen de oveja latxa tejidas a mano en el zaguán noble del caserío familiar.

A las nueve de la mañana, las tabernas de Areatza sirvieron raciones de morcilla tradicional con pan de centeno recién horneado a los conductores de los convoyes logísticos.

A las nueve y quince de la mañana, los bodegueros de Orozko brindaron con txakoli de cosecha propia por el porvenir y la pronta recuperación de todos los heridos de la montaña.

A las nueve y media de la mañana, don Joseba dio los últimos toques de esmeril a la empuñadura de madera de fresno del piolet ceremonial destinado a su hijo Mikel.

A las nueve y cuarenta y cinco de la mañana, doña Arantza dispuso una bandeja de queso ahumado con dulce de membrillo y nueces para agasajar a los sanitarios que regresaban de la cueva.

A las diez de la mañana, una gran cazuela de alubias estofadas a fuego lento de encina ofreció un reconfortante almuerzo a los mandos del PMA en Pagomakurre.