La sexta facción
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Capítulo 1
BEATRICE
E L ESPEJO DE NUESTRA CASA está en la planta de arriba, detrás de un panel corredero que hay en la pared. Se me permite colocarme ante él una vez cada tres meses, cuando mi madre me corta el pelo.
La coreografía siempre es la misma. Saco un taburete del armario del pasillo y lo acerco. Ella trae las tijeras y el peine del cuarto de baño. Tomo asiento mientras el panel se desliza y me sostengo la mirada con la esperanza de advertir algún cambio en esta ocasión.
Pero no, soy la misma. Pálida y menuda. Brillantes ojos azules.
Rasgos corrientes. El pelo rubio y mate.
Me gustaría seguir observándome, probar distintas expresiones faciales para ver cómo son.
Sin embargo, aunque en estos momentos tenga permiso para contemplar mi reflejo, no debería regodearme, pues estaría pecando de vanidosa.
Vuelvo el rostro.
Mi madre retira las horquillas que me sujetan el moño y me pasa los dedos por los cabellos para desenredarlos. Aunque sería muy fácil dejar que este ritual tan reconfortante transcurriera como de costumbre, hoy me da por pensar en mi hermano Caleb, que lleva años arreglándose él solo.
La sonrisita de mi madre y los tirones del peine me hacen sentir como una niña pequeña.
—¿Puedo yo? —le pregunto mientras inclino la cabeza hacia las tijeras.
Tras un instante de vacilación, me las deposita en la mano. Uso dos dedos para sujetarme el pelo, como la he visto hacer a ella, y pienso en desplazarlos hacia arriba para cortar algo más que las puntas. ¿Y si me lo dejara por la barbilla? ¿Me convertiría entonces en otra persona?
«No seas tonta», me digo. Las personas no cambian con su peinado.
Sin embargo, ansío ser diferente. Ansío ser quien se supone que debería.
Ansío ser alguien que encaje aquí, en nuestra facción, en nuestro hogar, en vez de todo lo contrario.
Cierro las tijeras sobre el primer mechón de cabello y lo corto.