La Semilla de Hierro (Hierro y Vacío 1) Capítulo 15 — La aritmética final
91%

Capítulo 15 — La aritmética final

La aritmética final

Cinco semanas.

Nova las contó. Las contó con el rigor con que un piloto cuenta vectores.

Cinco semanas desde el instante en que la respiración se había cortado en la consonante.

Treinta y cinco días. Ochocientas cuarenta horas.

Cincuenta mil cuatrocientos minutos. La cifra de minutos la había calculado una noche, sin razón, sentada en una sala de la Arboleda Errante mirando un panel que kaelvorn no había conseguido enseñarle a leer.

Calcular minutos le dio algo que hacer durante un rato.

Después guardó el número y no lo usó más.

Durante las cinco semanas, Nova aprendió cosas.

Aprendió que los Zynari, cuando acompañaban a alguien en duelo, no hablaban a menos que el otro hablara primero.

Que la Arboleda Errante tenía doce niveles interiores conectados por un sistema de pasillos vivos que se movían según la intención de los pasajeros: Nova caminaba hacia un sitio y los pasillos se reorganizaban para llevarla; al principio le pareció vertiginoso y al final le pareció lo único razonable en el universo.

Que kaelvorn tenía cincuenta y dos años en equivalencia humana, que había perdido a una cría menor llamada Yinta en una guerra de hacía dieciocho ciclos Zynari, y que cuando hablaba de Yinta la cresta ósea se le oscurecía en un azul denso que no era el mismo azul que había tenido la noche en que recibió a Nova pero que era un pariente cercano.

Que los Zynari, en lugar de bebidas calientes para reconfortar, ofrecían un silbido bajo sostenido por la garganta durante unos segundos, un silbido que vibraba en el aire y que, sin que Nova pudiera explicar por qué, bajaba algo en la columna vertebral.

Aprendió fragmentos del ritual Zynari de los caídos.

El ritual era largo. Tenía siete partes.

Las primeras tres partes se podían hacer en soledad.

Las otras cuatro requerían la presencia de al menos un oyente.

Nova aprendió las tres primeras con kaelvorn como maestro paciente, sentada en una sala circular del nivel ocho de la Arboleda, con una cuenta Zynari, la cuenta que kaelvorn le había dado la primera noche, apretada en la mano izquierda.

La primera parte del ritual consistía en listar los objetos que el muerto había tocado en vida.

La segunda, en recordar un gesto físico propio del muerto, sin palabras, reproduciéndolo si era posible con el propio cuerpo.

La tercera, en pronunciar el nombre en voz alta.

Nova hizo la primera parte con Kai Morales.

Listó: el casco que Kai había colgado en su primer día de entrenamiento; la tableta táctica con las notas de academia; las gafas de sol que Kai había olvidado en el comedor dos días antes de Prometeo y que nadie había devuelto; el gancho del cinturón, que Kai enganchaba siempre en el lado derecho aunque el protocolo indicaba el izquierdo.

kaelvorn escuchó en silencio. Cuando Nova terminó, kaelvorn inclinó la cabeza una vez.

Nova, sin saber por qué, volvió a casa esa noche.

Hizo la segunda parte con Kai. Recordó un gesto, la forma en que Kai se peleaba con los broches del traje el primer día, torpe, apurada, sin terminar de acostumbrarse al equipo.

Lo reprodujo con las manos, los dedos buscando broches que no estaban.

La cresta de kaelvorn se suavizó. Nova entendió que había hecho algo bien.

Hizo la tercera parte con Kai. En voz alta, sentada en la sala circular, la tercera noche de la segunda semana:

—Kai Morales.

La voz le salió más firme de lo que esperaba.

Dijo el nombre una vez y lo soltó. kaelvorn asintió.

El ritual, para Kai, quedó en ese punto.

Las otras cuatro partes vendrían si alguna vez Nova volvía a la Hécate.

Hasta entonces, el camino está empezado y no hay prisa , le dijo kaelvorn a través del traductor.

Con Maren, Nova no hizo ninguna oración.

Todavía no. No hizo la lista, no reprodujo el gesto, no pronunció el nombre.

La cuenta Zynari original estaba en la palma izquierda la mayor parte del tiempo.

A veces en el puño cerrado, otras entre dos dedos, otras contra el esternón.

Para Kai, el ritual no había necesitado esta cuenta; la chapa de la flota entre los dedos había bastado.

Esta cuenta esperaba otro nombre, y Nova sabía cuál. No lo decía todavía.

kaelvorn tampoco le preguntaba.

* * *

Al principio de la quinta semana, los datos estaban listos.

Los Zynari habían extraído todo lo extraíble de la semilla, catalogado las doscientas trece entradas marcadas con espiral, identificado las cuatro coordenadas; aethon era una.

Habían cruzado los datos Zynari con el bloque de evidencia que Nova había sacado de la Hécate el día de la deserción: las firmas de Soria, las muertes en custodia de Feren, el HSS Cuervo Silente operando dos años después de su baja oficial.

Lo que faltaba lo puso una sola línea que Maren había anotado como anomalía y archivado para después: una operación de prospección dimensional clase ocho en el sector 12-N.

Cruzada con el Cuervo, dejaba de ser orden huérfana.

Era el rastro burocrático de una expedición humana al umbral, dos años antes de todo esto, con el sello del despacho de Orion.

Maren había archivado en frío todo lo que se podía archivar antes de morir. Los Zynari lo habían replicado.

Nova revisó el dossier consolidado durante tres días.

El índice de personal venía replicado tal cual lo había dejado Maren: cada caído por su código reglamentario, una columna de cifras donde el formato no admitía otra cosa.

Al final de la lista de la 016 había un campo en blanco que el formato dejaba para el operador.

Nova escribió ahí una línea. No un código: un nombre, a mano, en el sitio donde solo iban cifras.

El de un piloto que no había caído en ningún faro, que había muerto años antes en un accidente de curvatura, que no tenía nada que hacer en un índice de bajas de la Séptima.

El sistema lo aceptó como dato malformado y lo dejó pasar. Nova lo releyó una vez y no lo borró.

Al cuarto día le dijo a kaelvorn:

—Que se vaya. Por canal Zynari. Directo a los cinco miembros del Pentarcado, en simultáneo. Que no lo vea nadie en cadena humana antes que ellos.

— Hecho.

—Y la semilla. —Nova la sacó del bolsillo y la puso sobre la mesa baja—. Ya no me toca llevarla. Es de ustedes. Los datos los tengo en copia. El archivo, en sustrato, es de tu pueblo.

kaelvorn no la levantó de la mesa de inmediato. La miró un rato. La cresta pulsó dos veces en azul pálido.

— Está bien. La devuelve quien la cargó. Eso también es ritual.

kaelvorn coordinó el envío. Dossier consolidado completo, transmitido al Consejo de los Cinco por el canal directo que la Arboleda mantenía abierto desde la primera transmisión de meses atrás.

Cinco recepciones simultáneas. Cinco confirmaciones de acuse de recibo en menos de seis horas.

Dos de los cinco pidieron, por escrito, peritaje independiente: no se fiaban de evidencia llegada por canal Zynari y asentada sobre sustrato Zynari.

El Pentarcado convocó tribunal de emergencia esa misma noche. La Confederación Terrana recibió notificación formal de evidencia recibida. Presionó dos días por que el caso pasara a fuero civil antes de soltarlo; después declaró que lo dejaba al Pentarcado y no interpondría objeción.

Nova se quedó en la Arboleda. La entrega no requería su presencia.

* * *

Esa misma noche, Nova hizo el ritual privado de Maren.

Se sentó en el cojín del centro de la sala circular del nivel ocho.

Sacó del bolsillo del pecho todos sus objetos.

Los dispuso sobre el suelo en un arco frente a sí.

La chapa del padre. La chapa de Kai Morales.

La cuenta original Zynari, todavía vacía, en lo formal.

Tres piezas. Tres ausencias concretas. Respiró.

Cuatro. Cuatro. Seis.

La cuenta, esta vez, llegó hasta el seis; llegó entera, no se cortó en la consonante. Llegó.

Nova esperó un segundo y respiró de nuevo: cuatro, cuatro, seis. Entera.

Otra vez. Entera.

Tomó la cuenta Zynari vacía. La apretó en el puño cerrado.

Y por primera vez, en tono bajo, en un español que solo ella oía, en una sala circular de una nave Zynari en una posición del espacio que no aparecía en ningún mapa humano, Nova pronunció el primer nombre de un ritual que iba a tardar mucho en terminar.

—Alma Maren Jansen.

La voz le salió sin temblor.

—Tenía cuarenta y un años. Era terrana holandesa. Tenía una hermana menor que se llamaba Ixa. Bebía té con miel. No terminaba nunca la historia de la academia que empezaba a veces. Me enseñó a respirar cuatro cuatro seis.

Nova respiró.

—Sus manos olían a aceite.

Apretó más la cuenta.

—Me dio treinta y dos segundos. Toda mi vida cabía en treinta y dos segundos.

Respiró.

—Te llamabas Alma.

La cuenta quedó cerrada en la palma de Nova. El ritual había tomado el nombre. El nombre ahora vivía en la cuenta, no por luz ni por calor, por elección de Nova. Eso bastaba.

Nova la acomodó al lado de la chapa de Kai Morales.

Respiró cuatro cuatro seis. Entera.

La primera parte del ritual estaba hecha. Faltaban seis partes más, faltaba mucho, pero había tiempo.

* * *

En la Hécate-7 , en el despacho del General Orion, eran las 21:47 hora terrana estándar.

Soria entró sin tocar. Tenía la cara congestionada, los rasgos descompuestos, una capa fina de sudor en la frente que le había acabado mojando las patillas.

Llevaba la tableta apretada entre las dos manos para que no se le notara el temblor.

No lo consiguió del todo. Orion lo notó como había notado siempre las cosas: como dato.

—General. Notificación del Pentarcado. Acaba de entrar.

Orion levantó la vista de la pantalla. La mirada fue lenta. La cara no cambió.

—Diga.