Capítulo 29 · Hora sesenta y seis
La carpeta DESPUÉS contenía una vida donde Damián seguía vivo.
Ese fue el único motivo por el que no volví a una celda.
Celia lo descubrió cuarenta minutos antes de la comparecencia, mientras revisaba la copia completa que el juzgado había autorizado a la defensa. Yo estaba sentada frente a ella en el apartamento, con las manos entre las rodillas y la orden expresa de no hablar.
La cumplí durante siete minutos.
—¿Qué ha encontrado?
Mi abogada no levantó la vista del ordenador.
—Te he pedido silencio.
—Ha cambiado de cara.
—No sabía que existiera una cara jurídica para creer.
—No es esa.
Celia avanzó varias páginas.
La carpeta no contenía únicamente el documento titulado PRIMERA VERSIÓN. Había otras doce subcarpetas, creadas durante los seis meses anteriores.
DINERO.
CASA.
COLEGIO.
ABOGADO.
TRABAJO.
NURIA.
COSAS DE LÍA.
CUANDO SE ENTERE.
Y una última, vacía:
PRIMERA NOCHE.
—¿Qué es eso? —preguntó Celia.
—Un plan.
—Ya sé que es un plan. ¿Para qué?
—Para irme.
Abrió DINERO.
Había hojas de cálculo con cantidades pequeñas. Alquiler. Fianza. Comida. Colegio. Transporte. Un ingreso hipotético por trabajos administrativos y otro por la venta de mis participaciones, aunque en una nota había escrito:
No contar con esto. Damián lo bloqueará.
—¿Hiciste tú estos presupuestos?
—Sí.
—¿Por qué no se los enseñaste a nadie?
—Porque no tenía dinero suficiente.
—Habías reservado casi nueve mil euros.
—En una cuenta que Damián vigilaba.
—La cuenta secreta tenía tres mil doscientos.
—No alcanzaba.
—Para una primera salida, sí.
—No con Lía.
Celia abrió CASA.
Había capturas de anuncios de alquiler. Pisos pequeños. Dos habitaciones. Barrios alejados de nuestra urbanización y suficientemente cerca del colegio. Algunos anuncios tenían círculos rojos alrededor de una cocina, una ventana o una parada de autobús.
Uno llevaba una nota.
Sin escalera. Planta baja.
Mi abogada me miró.
—¿Por qué sin escalera?
—Porque Lía se cayó de pequeña.
—¿En cuál?
—En casa de Nuria.
—¿Cuándo?
—Tenía tres años.
—¿Y por eso descartabas cualquier vivienda con escalones?
—No quería otra casa como la de Damián.
No era una respuesta completa.
No hacía falta.
Celia pasó a COLEGIO.
Horarios.
Rutas.
Precios de comedor.
Una solicitud sin enviar para explicar un cambio temporal de domicilio. En el apartado de observaciones había escrito:
El padre no debe recogerla sin confirmación por escrito.
—Esto parece una preparación de sustracción —dijo.
—No iba a llevármela fuera de la ciudad.
—Pero querías impedir que Damián la recogiera.
—Después de separarnos, sí.
—Sin orden judicial.
—Hasta hablar con un abogado.
Abrió ABOGADO.
Había búsquedas de despachos especializados en familia. Una lista de preguntas.
¿Puede denunciarme por copiar documentos?
¿Puedo salir de casa con Lía?
¿Qué ocurre si la vivienda está a nombre de una sociedad?
¿Cómo demostrar control económico?
¿Sirven audios grabados sin avisar?
¿Qué hago si él dice que estoy inestable?
Más abajo aparecía una nota creada nueve días antes de la muerte.
No usar fotos antiguas. Buscar pruebas reales.
Celia leyó dos veces.
—¿Por qué escribiste eso?
—Por la carpeta ANTES.
—¿Habías decidido no utilizarla?
—Sí.
—¿Cuándo?
—Después de renombrar las fotografías.
—¿Por qué las conservaste?
—No sé.
—Mara.
—Porque borrarlas era admitir que las había creado.
Mi abogada apoyó la espalda en la silla.
—Esa frase puede ayudarnos.
—¿Porque me arrepentí?
—Porque demuestra que sabías que no servían como prueba real.
—Nunca pensaba entregarlas.
—Hace unas horas dijiste que tal vez las habrías utilizado si Damián presentaba los audios.
—Estaba asustada.
—Siempre estás asustada cuando respondes algo distinto.
—¿Va a utilizarlo o no?
Celia volvió al ordenador.
—Sí.
La carpeta TRABAJO contenía mi currículum.
Estaba desactualizado.
Había escrito que dominaba programas que apenas sabía abrir y que tenía experiencia administrativa en Llorca Proyectos sin mencionar que buena parte consistía en firmar documentos colocados por Damián delante de mí.
También había tres ofertas guardadas.
Recepcionista en una clínica.
Administrativa en una academia.
Ayudante en una inmobiliaria.
Ninguna solicitud enviada.
—¿Por qué no lo hiciste? —preguntó Celia.
—Porque Damián recibía alertas cuando modificaba mi perfil profesional.
—¿Cómo?
—Conocía la contraseña.
—Podías cambiarla.
—También conocía el correo de recuperación.
—Podías crear otro.
—Lo hice.
—La cuenta secreta.
—Sí.
—Entonces podías enviar el currículum desde allí.
—Y explicar después dónde estaba trabajando cuando Lía necesitara que la recogieran.
Mi abogada no insistió.
Abrió NURIA.
Solo había un documento.
No contarle hasta tener las llaves. Intentará convencerme de que espere.
Celia me miró.
—Tu hermana afirma que nunca le dijiste que pensabas marcharte.
—Ahí está el motivo.
—¿Creías que se pondría del lado de Damián?
—No. Creía que intentaría arreglarlo.
—¿Por qué?
—Porque Nuria confunde evitar una pelea con resolverla.
COSAS DE LÍA era la carpeta más grande.
Fotografías de ropa.
Lista de medicamentos.
Carné sanitario.
Copia del libro de familia.
Horarios.
El nombre de la profesora.
El teléfono de dos madres del colegio.
Una imagen del conejo.
Y una nota:
No olvidar el conejo aunque haya que volver.
Celia cerró la carpeta.
—Esto sí explica DESPUÉS.
—Ya se lo había dicho.
—No así.
—No me preguntó qué contenía.
—Te pregunté si existía algo más.
—No pensé que fuera relevante.
Mi abogada soltó una risa sin humor.
—Un plan de separación preparado durante seis meses en la misma carpeta donde abriste un documento antes de la muerte de tu marido no te pareció relevante.
—No quería que pareciera que iba a llevármela.
—Pensabas hacerlo.
—Pensaba irme con mi hija.
—Sin avisar a Damián.
—Durante una noche. Hasta hablar con un abogado.
—La subcarpeta se llama PRIMERA NOCHE.
—Sí.
—Está vacía.
—No había decidido dónde.
—¿Un hotel?
—Tal vez.
—¿Casa de Nuria?
—No.
—¿Por qué?
—Era el primer lugar donde Damián buscaría.
Celia cerró el ordenador.
—Eso también puede leerse mal.
—Todo puede leerse mal.
—No. Algunas cosas solo tienen consecuencias.
—¿Qué hará?
—Presentar la carpeta completa.
—¿También ANTES?
—La fiscal ya la tiene.
—No quiero que enseñen las fotos de Lía.
—Pediremos que el acceso quede restringido.
—¿Y PRIMERA NOCHE?
—Nos ayudará a demostrar que DESPUÉS significaba después de la separación, no después de la muerte.
—Entonces saldré.
—No hagas eso.
—¿Qué?
—Convertir una prueba favorable en una absolución antes de entrar.
—La jueza rechazó la prisión tres veces.
—Dos.
—Esta será la tercera.
—No existe un premio por acumular rechazos.
Fuimos al juzgado en silencio.
La entrada estaba despejada. La policía había cambiado el recorrido después de las filtraciones y nos condujo por un corredor utilizado por funcionarios. No vi cámaras hasta que llegamos a la planta, donde un periodista esperaba sentado junto a las máquinas expendedoras.
Se levantó al reconocerme.
—Mara, ¿es cierto que escribió una versión antes de la muerte?
Celia se interpuso.
—No haga declaraciones.
—¿La llamó primera porque había otras?
No respondí.
El periodista caminó detrás de nosotras.
—¿Planificaba huir con su hija?
La puerta de la sala se cerró antes de que pudiera formular la siguiente.
La jueza Irene Olmedo parecía tan cansada como yo. Había papeles nuevos sobre la mesa y una taza de café a medio terminar. Patricia Mares ocupaba el mismo lugar. Leire estaba al fondo.
No miré hacia ella.
La fiscal empezó con el documento.
No con los quince puntos.
Solo con aquel título.
—A las veintitrés cincuenta y cuatro y cincuenta y nueve segundos, la investigada creó un archivo denominado PRIMERA VERSIÓN.
Diecisiete segundos después se produjo la primera caída.
Tras el segundo impacto, utilizó el mismo documento para dictar una secuencia exculpatoria antes de solicitar asistencia.
La jueza consultó el informe técnico.
—¿El archivo tenía contenido antes de la primera caída?
—No recuperable. Solo consta el título.
—¿Puede afirmarse que estuvo vacío?
—La primera sincronización no muestra texto.
—Entonces sí.
—En apariencia, sí.
—No en apariencia. ¿Existía texto?
La fiscal miró una nota.
—No consta.
—Gracias.
Celia no se movió.
La jueza siguió leyendo.
—¿Cómo se creó el título?
—Introducción manual o dictado. El sistema no conserva el método exacto en esa primera acción.
—¿Dónde estaba el teléfono?
—La actividad de red lo sitúa conectado al punto de acceso de la cocina.
—Eso no sitúa físicamente el terminal.
—No.
—¿Ni a la señora Sanz?
—No con precisión.
Patricia Mares esperó a que terminara.
—Pero la investigada ha reconocido que creó el documento.
Olmedo me miró.
—¿Ha prestado una nueva declaración formal?
—No —respondió Celia—. Mi clienta habló en presencia de su defensa durante una comunicación de resultados que volvió a convertirse en interrogatorio.
—¿Niega haber creado el archivo?
Mi abogada apoyó una mano sobre la mesa.
—Se acoge a su derecho a no declarar.
La jueza volvió al informe.
La fiscal describió las revisiones.
Tiro y cae.
Tiro de mi brazo.
Intento ayudar.
Lía estaba conmigo.
Pronunció cada frase como si fueran cuatro puertas cerrándose.
—No estamos ante una narración confusa —concluyó—, sino ante una edición consciente. La investigada eliminó el vínculo causal entre su movimiento y la segunda caída, añadió una intención asistencial y terminó incorporando una coartada basada en la menor.
Celia levantó la cabeza.
—¿Coartada?
—«Lía estaba conmigo».
—La niña se encontraba en la vivienda, en la misma planta y bajo su cuidado.
—Mara estaba en el descansillo.
—Durante un intervalo.
—El relevante.
—Para la muerte, quizá. Para la relación materna, seguía siendo la persona responsable de ella.
—No es eso lo que quiso dejar escrito.
—¿Cómo conoce su intención?
—Por el orden de las correcciones.
Celia se puso de pie.