La secretaria del multimillonario Capítulo veinte
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Capítulo veinte

Guyton Industries,

Alpharetta, Georgia

—No me fío —dijo Rebecca. Se refería a lo que parecía una relación bastante seria entre su antiguo jefe y la supermodelo de piel caramelo que había llevado a la oficina el día anterior, pillándolos a todos por sorpresa. Había estado demasiado ocupada para sentarse a hablar del tema con Caroline.

—A mí me pareció agradable —respondió Caroline.

Intuía que Rebecca podía sentir una pizca de celos por su antiguo jefe, así que se andaba con cuidado.

Necesitaba el trabajo y no podía permitirse meterse en cotilleos de oficina después de llevar allí solo un par de meses.

Había habido una asistente interina después de que arrestaran a la primera asistente de Will por chantajear a varios miembros destacados de la empresa.

De haber sido alguien de la casa, habría sabido que la historia tenía más miga, pero la habían contratado precisamente por desconocer esos asuntos.

—Claro que se mostró agradable. Estaba intentando impresionar a todo el mundo.

—Es guapísima y tiene unas curvas... He oído que las sudamericanas son así.

—Seguro que eran operadas. Las mujeres pueden hacerse un aumento de pecho en Colombia, Venezuela y todos esos países por cuatro duros.

Caroline esperaba que, si conseguía desviar un poco la conversación, podría escapar del foco de los cotilleos.

—He oído que Sandra, la de marketing, se operó en Guatemala.

—Eso es lo que te digo. Son tirados de precio allí. Yo jamás me haría algo así en esos sitios. Piensa en las complicaciones que pueden surgir. Vamos, que podrías acabar perdiendo lo poco que tienes por intentar ponerte un poquito más.

Hizo una mueca como si hubiera probado algo asqueroso.

—¿Sandra hizo eso, en serio?

—Eso me han contado.

—Pobrecita —se quedó pensativa un momento—. Supongo que es una forma de conseguir más ventas o un ascenso, ¿no?

De momento, su estrategia había funcionado y Caroline se había librado.

—Ninguna de las dos tenemos que preocuparnos por eso —dijo entre risas.

—¿Por el ascenso o por las tetas?

—Por ninguna de las dos cosas.

Se echaron unas buenas risas, pero de pronto Rebecca volvió a ponerse seria.

—Solo lleva allí poco más de un mes. No es tiempo suficiente para traerse a una mujer a conocer a la familia. Aquí hay algo que no cuadra. ¿Y viste esa mirada perdida que tenía?

—Yo qué sé. Es la primera vez que lo veo —Caroline iba a verse arrastrada a los cotilleos, quisiera o no.

—Te digo que un hombre de su posición, dejarse engatusar tan rápido...

Hizo una pausa buscando las palabras adecuadas, que no le salían.

—Hay algo que no encaja.

—A lo mejor conectaron sin más. Ya sabes, amor a primera vista y esas cosas.

—Robin Guyton no. Es demasiado calculador para eso. No, esto no me huele bien y voy a tener que indagar un poco más.

—Anoche cenaron con Will y Aurora; a lo mejor Aurora notó algo. Deberías hablar con ella.

Caroline esperaba que meter a Aurora en la conversación le permitiera escabullirse del tema. Si Robin era feliz con Natalia, a ella le daba exactamente igual.

—Bueno, normalmente te diría que eres un genio por esa idea, pero Aurora está tan embobada con su luna de miel que no serviría de nada. Ahora mismo se tragaría toda esa cursilería del «amor a primera vista».

Hizo el gesto de las comillas en el aire mientras hablaba.

Caroline se limitó a encogerse de hombros. No sabía qué decir y no había conseguido librarse del apuro, por mucho que lo había intentado.

—Voy a investigar este asunto. Aquí hay gato encerrado, y pienso descubrir qué es.

Mientras hablaba, llevó su taza vacía al fregadero, la enjuagó y la colgó en su gancho sobre la pila de la sala de descanso.

Caroline hizo lo mismo, y las dos salieron de la sala de descanso en dirección a sus escritorios.

Rebecca siguió con lo que Caroline había identificado acertadamente como una perorata de celos mientras caminaban.

—Mira, Robin Guyton podría tener a cualquier mujer del norte de Georgia o de todo el sur si quisiera. Señoras de alta sociedad, no una cualquiera sudamericana con las tetas operadas.

Se calló en seco cuando entraron en la recepción y vieron a un cliente sentado en la zona de espera, cerca del despacho de Will Guyton.

Aunque Rebecca estaba que echaba humo por lo que pasaba entre su antiguo jefe y su nuevo ligue, era una profesional de pies a cabeza y no sacaría los cotilleos de oficina más allá de la sala de descanso.

Al sentarse en su escritorio, Rebecca rotó el cuello y luego echó los hombros hacia atrás para estirar los músculos, que se le habían agarrotado de repente con la tensión acumulada.

Había detectado el desafío en la mirada de Natalia cuando sus ojos se cruzaron.

Una mujer que te sostenía la mirada así estaba ocultando algo, y Rebecca lo sabía.

Natalia Caliente —o como quiera que se llamase— no iba a dejar en ridículo a Guyton Industries ni a Robin mientras Rebecca pudiera evitarlo.

¿Qué pretendía? ¿Qué se traía entre manos?

¿Por qué había puesto el ojo en Robin? Desde luego, tenía todo lo necesario para seducir a un hombre y hechizarlo, pero ¿era simplemente una cazafortunas o había algo más detrás?

Reconoció que sentía una pizca de celos y que quizá estuviera dejando que eso le nublara el juicio, pero el instinto le decía que percibía algo más que sus propios celos.

Robin era un hombre bastante atractivo, pero, siendo sincera, era contable y un poco aburrido.

Las tías buenas como Natalia querían estar donde pasaban cosas.

Querían rodearse de tipos interesantes y emocionantes; al menos esa era su experiencia.

Rebecca había intentado llamar la atención de Robin varias veces antes de empezar a trabajar para él.

Cuando la contrató como asistente, había dado por hecho que era porque había empezado a fijarse en ella.

Sin embargo, las relaciones entre empleados eran un tema en el que Robin se mostraba inflexible.

Saltarse las normas de otras formas para salirse con la suya no le suponía ningún problema, como había demostrado al chantajear a varios ejecutivos de la empresa e intentar sabotear las negociaciones con Tsang Wei Electronics y Xaoping Exports.

Por poco consigue que metieran a su hermano Zach en una cárcel china, donde sin duda lo habrían dejado pudrirse.

Aunque Robin no había tenido reparos en saltarse las normas para hacerse con el control de Guyton Industries, al mismo tiempo había sido extremadamente crítico con la relación entre Will y Aurora.

Había llegado incluso a acusar a Aurora de intentar seducir a John Guyton para asegurarse un puesto fijo en la empresa y llevarse una tajada del pastel de los Guyton.

El resentimiento de Robin había persistido incluso durante la boda de Will y Aurora, aunque en ese momento dio muestras de humildad y pareció haber dejado atrás sus antiguos prejuicios, al menos temporalmente.

Con todo eso en mente, la cercanía cálida y cómplice entre él y Natalia simplemente no cuadraba. Además, Robin le había dejado muy claro en su momento que, mientras fuera su empleada, entre ellos no habría nada más que una relación profesional, algo que la había herido en lo más hondo.

Aurora y ella habían hecho un trabajo excelente desenmarañando los asuntos del chantaje y de Tsang Wei.

Haría lo mismo con lo que fuera que estuviera pasando con Robin.

Como empleada leal de Guyton Industries, consideraba su deber proteger a la empresa.

Si se equivocaba, tendría que tragarse sus palabras.

Mejor guardárselo para sí misma de momento.

Mientras iniciaba sesión en el ordenador, se le ocurrió una idea de repente.

Conociendo lo reservado e introvertido que era Robin, desde luego no había conocido a Natalia en un club.

Para encontrar a una mujer como ella, habría tenido que recurrir a un servicio de citas.

Buscó servicios de citas y agencias matrimoniales en Caracas.

Conociendo a Robin, habría recurrido a un servicio exclusivo que garantizara la máxima discreción.

Tras revisar la media docena de páginas que aparecieron, las redujo a dos y se puso a investigar a fondo ambos servicios.