La Santa Compaña: Expediente I CAPÍTULO 15 - LA NOCHE DEL ACCIDENTE
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CAPÍTULO 15 - LA NOCHE DEL ACCIDENTE

Registro personal restringido Autor: Dr. Elías Montenegro Estado del documento: Fragmentado Clasificación: Memoria recuperada

NOTA DE ARCHIVO

Los siguientes fragmentos fueron encontrados dispersos entre distintos expedientes del doctor Montenegro.

El análisis caligráfico confirmó que todas las anotaciones pertenecen al investigador, aunque varias fueron escritas en estados de evidente alteración psicológica.

Parte del contenido parece corresponder a recuerdos reprimidos.

Montenegro despertó en el suelo del nivel subterráneo sin recordar cuánto tiempo había permanecido inconsciente.

La linterna seguía encendida a pocos metros.

La habitación estaba vacía.

No había figuras.

No había velas.

No había señales de la procesión.

Solo el libro antiguo seguía abierto sobre la mesa.

Y una frase escrita en la última página.

“RECUERDA.”

El investigador sintió inmediatamente un dolor agudo detrás de los ojos.

Imágenes comenzaron a aparecer fragmentadas en su mente.

Lluvia.

Asfalto mojado.

Campanas.

Retrocedió tambaleándose hasta apoyarse contra la pared.

La respiración le temblaba.

Porque entendió algo terrible.

No era la primera vez que veía la procesión.

Simplemente… no lo recordaba.

REGISTRO PERSONAL RECUPERADO

“Hay algo enterrado en mi memoria.”

Las imágenes continuaron regresando.

Más claras.

Más violentas.

Una carretera.

Noche cerrada.

Niebla.

Montenegro cerró los ojos.

Y finalmente recordó.

INCIDENTE - 17 DE SEPTIEMbrE DE 1998

Elías Montenegro tenía treinta y dos años cuando ocurrió el accidente.

En aquella época aún trabajaba como investigador forense para casos policiales rurales.

No creía en supersticiones.

No creía en fantasmas.

No creía en nada que no pudiera tocar.

Aquella noche conducía solo por una carretera secundaria cercana a la frontera sur.

Llovía intensamente.

MEMORIA RECUPERADA

El limpiaparabrisas apenas lograba apartar el agua.

La carretera parecía vacía.

Interminable.

Entonces apareció la niebla.

Demasiado rápido.

Montenegro disminuyó la velocidad inmediatamente.

La visibilidad desapareció casi por completo.

Y después…

el sonido se extinguió.

El motor.

La lluvia.

El viento.

Todo.

El investigador sintió un temblor recorrerle el cuerpo incluso dentro del recuerdo.

Entonces vio las luces.

Pequeñas llamas suspendidas entre la niebla frente a la carretera.

Montenegro recordó exactamente lo que pensó en ese momento.

Personas.

Pisó el freno.

El vehículo derrapó sobre el asfalto mojado.

Y entonces las figuras cruzaron lentamente frente al automóvil.

Túnicas negras.

Velas.

Silencio absoluto.

No caminaban.

Se deslizaban.

El investigador recordó haber intentado abrir la puerta del vehículo.

No sabía por qué.

Algo lo obligaba a acercarse.

Entonces vio al hombre vivo.

Al frente de la procesión.

Cubierto parcialmente por cera blanca.

Las manos levantadas sosteniendo algo invisible.

Y el hombre lo miró directamente.

Montenegro cayó de rodillas dentro de la habitación subterránea mientras el recuerdo terminaba de regresar.

Porque ahora podía ver claramente el rostro de aquella figura.

Era él.

Siempre había sido él.

REGISTRO PERSONAL - ESCRITO AÑOS DESPUÉS

“Aquella noche alguien me devolvió.”

El investigador respiró agitadamente.

Las memorias seguían apareciendo.

Fragmentos que había olvidado durante décadas.

Recordó salir del automóvil.

Recordó caminar hacia la niebla.

Recordó sentir el peso.

Y recordó algo más.

Otra persona.

Había alguien junto a él aquella noche.

Montenegro abrió los ojos violentamente.

El dolor de cabeza aumentó.

Una mujer.

Clara.

El nombre apareció de golpe dentro de su memoria.

Clara Montenegro.

Su esposa.

El investigador sintió que el mundo se detenía.

Porque no recordaba haber estado casado.

Retrocedió horrorizado.

¿Cómo podía olvidar algo así?

Las imágenes continuaron regresando.

Clara viajaba con él aquella noche.

Discutían dentro del automóvil.

La lluvia.

La niebla.

Las luces.

Y después…

el accidente.

El vehículo perdió el control.

Impactó contra la barrera lateral.

Montenegro recordó sangre.

Cristales rotos.

Campanas.

Y luego la vio.

Clara estaba atrapada dentro del automóvil destruido.

Respirando con dificultad.

Mientras afuera…

la procesión se acercaba lentamente entre la niebla.

El investigador comenzó a llorar involuntariamente.

Las memorias continuaban desgarrándolo desde dentro.

Recordó al hombre vivo acercándose al vehículo.

Lentamente.

Arrastrando los pies.

Y entonces recordó lo peor.

El hombre habló.

“Uno puede quedarse.”

Montenegro sintió el peso invisible caer nuevamente sobre sus brazos.

Más intenso que nunca.

La memoria avanzó.

Recordó sostener algo.

No sabía qué.

Pero sabía que era insoportablemente pesado.

Y entonces la procesión se detuvo.

Esperando.

El hombre vivo volvió a hablar.

“El camino siempre necesita un portador.”

Clara estaba muriendo dentro del vehículo.

Montenegro recordó haber gritado.

Recordó suplicar.

Recordó aceptar cualquier cosa con tal de salvarla.

Y entonces…

el peso pasó a sus brazos.

El investigador abrió los ojos bruscamente dentro del subterráneo.

Respirando con dificultad.

Llorando.

Ahora entendía.

Nunca escapó aquella noche.

Solo fue reemplazado temporalmente.

REGISTRO PERSONAL - ÚLTIMA LÍNEA

“Creo que ella no sobrevivió.”

El silencio llenó la habitación subterránea.

Entonces las campanas comenzaron a sonar otra vez.

Montenegro levantó lentamente la vista.

La niebla regresaba.

Y entre ella…

apareció Clara.

Empapada.

Cubierta parcialmente por cera blanca.

Los ojos abiertos.

Pero no parecía muerta.

La mujer lo observó con tristeza infinita.

Y susurró:

“Nunca dejaste el camino.”

Las luces de la linterna se apagaron.

Oscuridad absoluta.

Y la procesión comenzó a acercarse nuevamente.