Capítulo 75
Dentro del monstruo
El pulso del coloso
La Fundación Wexler parecía dormida.
A esas horas, las plantas superiores permanecían casi vacías y las luces de los despachos se apagaban una tras otra. Pero muy por debajo de aquella fachada silenciosa, en los niveles restringidos, cientos de servidores continuaban trabajando.
Mara avanzaba por uno de aquellos corredores con una acreditación falsa colgada del cuello.
Había conseguido entrar como analista de datos biomédicos.
Un nombre inventado.
Un historial profesional construido desde cero.
Una identidad que no resistiría una investigación profunda.
Por eso no podía cometer un solo error.
A las veinte horas comenzaba el mantenimiento nocturno.
Era su única ventana.
Entró en el subnivel 3.
Terminal 7-C.
Se sentó.
Conectó su ordenador.
Esperó.
Nada.
Entonces apareció una pequeña señal en la esquina de la pantalla.
CANAL SEGURO DISPONIBLE.
Mara escribió:
CLARA, ¿ME RECIBES?
La respuesta llegó unos segundos después.
TE RECIBO.
Mara cerró los ojos un instante.
—Bien.
Introdujo la siguiente instrucción.
AEGIS BACKUP.
La pantalla quedó en negro.
Después apareció una carpeta.
DOMINION.
Mara sintió un escalofrío.
Había oído aquel nombre.
Pero nunca había conseguido demostrar que existiera.
Ahora lo tenía delante.
La habitación que no debía existir
Los archivos no parecían pertenecer a un laboratorio.
No había únicamente informes médicos o resultados experimentales.
Había mapas.
Modelos sociales.
Perfiles psicológicos.
Predicciones de comportamiento.
Estudios sobre miedo, indignación, polarización y obediencia.
Mara abrió el primero.
PROYECTO DOMINION
Debajo aparecía una frase:
CONTROL DE PERCEPCIÓN COLECTIVA.
Siguió leyendo.
El proyecto estudiaba cómo una sociedad podía ser conducida hacia determinadas decisiones sin necesidad de imponerlas directamente.
No había que ordenar.
Había que provocar.
Una crisis.
Una amenaza.
Una respuesta.
Después otra crisis.
Y otra.
Hasta que la población terminara aceptando como inevitable aquello que, en circunstancias normales, jamás habría aceptado.
Mara pasó de página.
Había simulaciones de mercados.
Modelos de propagación de enfermedades.
Estudios sobre campañas electorales.
Análisis de movimientos sociales.
Y, entre ellos, una carpeta que le hizo detenerse.
OPERACIONES BIOMÉDICAS.
La abrió.
Apareció una lista de nombres.
Algunos estaban tachados.
Otros aparecían acompañados de fechas.
Mara comenzó a leer.
Senegal.
Se quedó inmóvil.
Buscó el nombre de su hermana.
Lo encontró.
No figuraba como paciente.
Figuraba como sujeto experimental.
Mara dejó de respirar durante unos segundos.
Su hermana no había muerto en un ensayo clandestino aislado.
Había sido una pieza dentro de un programa.
Y aquel programa pertenecía a DOMINION.
Se obligó a continuar.
Entonces encontró otro documento.
OBJETIVO PRIORITARIO — CLARA WEXLER
Fecha de activación:
2025.
Mara leyó el informe entero.
Desestabilización reputacional.
Aislamiento social.
Destrucción de credibilidad.
Fabricación de pruebas.
Eliminación simbólica.
Pero había algo que la hizo detenerse.
Al pie del documento aparecían dos nombres.
M. ERHARDT — EJECUCIÓN OPERATIVA.
Y debajo:
MALIK WEXLER — ORIGEN CONCEPTUAL.
Mara retrocedió en la silla.
—No...
Durante meses había pensado que Erhardt era el hombre que había diseñado la operación contra Clara.
No.
Erhardt solo había recibido una orden.
La estrategia había nacido antes.
Y mucho más arriba.
El precio de saber
Mara comenzó a copiar los archivos.
Uno.
Dos.
Diez.
Cincuenta.
El porcentaje avanzaba lentamente.
37 %.
48 %.
61 %.
De repente, se detuvo.
Un sonido recorrió el pasillo.
Pasos.
Mara cerró inmediatamente la ventana.
No tuvo tiempo de desconectar el ordenador.
La puerta se abrió.
Un hombre entró.
No llevaba uniforme de seguridad.
Vestía un traje oscuro y llevaba una carpeta bajo el brazo.
Mara no se volvió.
—¿Problemas con la terminal?
—Una incidencia menor —respondió.
El hombre se acercó.
—Curioso.
Mara mantuvo la vista fija en la pantalla.
—¿Qué?
—Que las incidencias menores suelen dejar registros.
Silencio.
El hombre se situó a su espalda.
—Tú no eres quien dices ser.
Mara apretó los dedos.
El taser estaba oculto bajo la manga.
—Y tú tampoco pareces sorprendido.
El hombre dejó la carpeta sobre la mesa.
—Porque llevo tiempo esperando que alguien llegara hasta aquí.
Mara se volvió lentamente.
—¿Quién eres?
El hombre abrió la carpeta.
Dentro había una fotografía.
Alexander Wexler.
Después otra.
Malik.
Y finalmente una de Clara.
—Alguien que cometió el error de creer que podía controlar aquello que ayudó a construir.
Mara lo miró fijamente.
—¿Trabajas para Malik?
El hombre negó.
—Trabajé para él.
—¿Y ahora?
—Ahora intento destruir lo que él creó.
Mara no bajó la guardia.
—¿Por qué debería creerte?
El hombre sacó un pequeño dispositivo de almacenamiento.
—No deberías.
Lo dejó sobre la mesa.
—Pero esto puede demostrarlo.
Mara lo miró.
—¿Qué contiene?
—El origen de DOMINION.
Un ruido metálico resonó en el corredor.
El hombre miró hacia la puerta.
—Tenemos menos de un minuto.
—¿Quién viene?
—Los hombres que matarán a cualquiera que permanezca aquí cuando se cierre el nivel.
Mara tomó el dispositivo.
—¿Y tú?
El hombre la miró.
—Yo ya estoy muerto para ellos.
Salió.
La puerta se cerró.
Mara permaneció inmóvil durante un segundo.
Después comenzó a correr.
La transmisión
A las 03:11, Clara recibió una imagen.
Parecía una radiografía médica.
No lo era.
En su interior había un archivo oculto.
Clara lo abrió.
Aparecieron varias líneas.
DOMINION EXISTE.
ERHARDT NO LO CREÓ.
MALIK LO DISEÑÓ.
Y después una última frase:
PERO MALIK TAMPOCO FUE EL PRIMERO.
Clara levantó la mirada hacia Luc.
—¿Qué significa eso?
Luc no respondió.
En la pantalla apareció una última imagen.
Un documento fechado décadas atrás.
Y debajo, un nombre.
ALEXANDER WEXLER.
Clara sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Toda su vida había pensado que estaba descubriendo los crímenes de su familia.
Ahora empezaba a comprender que estaba descubriendo algo mucho peor.
El origen de todo aquello estaba en su abuelo.