La sangre heredada Capítulo 74
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Capítulo 74

El precio de la verdad

Operación Eclipse

La mañana llegó sin noticias de Mara.

Clara llevaba horas frente a las pantallas cuando comprendió que aquello no era una simple caída de servidores.

Estaban borrando las huellas.

Una cuenta desaparecía.

Después otra.

Documentos que la noche anterior habían circulado por miles de dispositivos eran retirados de las plataformas. Algunas copias aparecían marcadas como falsas. Otras simplemente dejaban de existir.

Luc trabajaba en silencio.

—Berlín sigue activo.

Clara levantó la mirada.

—¿Y los demás?

—Marsella ha caído. Cracovia también.

—¿Mara?

Luc tardó demasiado en responder.

—Nada.

Clara sintió un nudo en el estómago.

—¿Puedes localizarla?

—Si la han desconectado, sí. Si la han encontrado...

No terminó la frase.

Clara volvió a mirar las pantallas.

—No la han encontrado.

Luc la observó.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque si la tuvieran, ya lo sabríamos.

Un mensaje apareció entonces en uno de los monitores.

OPERACIÓN ECLIPSE — FASE DE CONTENCIÓN INICIADA.

Luc se incorporó.

—Ya tenemos nombre.

Clara leyó la pantalla.

—Entonces ahora sabemos que ellos también están jugando.

El precio de una orden

En la sede de la Fundación Wexler, Mathias Erhardt contemplaba cómo los últimos rastros de la operación de Clara desaparecían de las redes.

Un hombre permanecía frente a él.

—Los servidores principales están siendo neutralizados. Las cuentas comprometidas, cerradas. Los intermediarios ya han recibido instrucciones.

Erhardt dejó la taza sobre la mesa.

—¿Y Clara?

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque no hemos conseguido localizarla.

Erhardt guardó silencio.

Después preguntó:

—¿Y Mara?

—Tampoco.

Aquello le hizo levantar la cabeza.

—¿Está desaparecida?

—Eso parece.

Erhardt sonrió apenas.

—No.

El hombre esperó.

—Mara no desaparece. Se esconde.

Se acercó al ventanal.

Abajo, la ciudad seguía llena de manifestantes.

—¿Ha recibido Malik el informe?

—Sí.

—¿Y qué ha respondido?

—Que continuemos.

Erhardt cerró los ojos durante un instante.

—Naturalmente.

El hombre vaciló.

—Hay una cuestión más.

—Habla.

—Si Clara llega a relacionar los ensayos genéticos con los archivos originales de los Wexler...

Erhardt se volvió.

—No llegará.

—¿Está seguro?

—No.

Aquella respuesta sorprendió incluso a su interlocutor.

Erhardt volvió a mirar la ciudad.

—Pero tenemos que asegurarnos de que nadie llegue a descubrir qué significan realmente.

Praga

Dos noches después, el grupo había abandonado el refugio.

No quedaba nada que identificar.

Ni equipos.

Ni documentos.

Ni una dirección que pudiera conducir hasta ellos.

Se habían trasladado a un edificio vacío en las afueras de Praga.

Clara observaba un mapa extendido sobre una mesa.

—No podemos seguir huyendo.

Luc dejó un ordenador portátil junto al mapa.

—Tampoco podemos enfrentarnos a ellos desde una única red.

—Entonces no lo haremos.

Mara habría sabido qué hacer.

La ausencia de aquel pensamiento atravesó la habitación.

Clara cerró los ojos un instante.

—Tenemos que dispersarnos.

Luc asintió.

—Pequeños nodos. Equipos independientes. Emisiones cortas.

—Y ninguna ruta completa.

Uno de los técnicos levantó la cabeza.

—¿Una red fantasma?

Clara negó.

—Una red que no puedan cortar de una sola vez.

Luc dibujó varias líneas sobre el mapa.

—Si nos buscan aquí...

Señaló otra ciudad.

—...aparecemos allí.

Después otra.

—Y cuando lleguen, ya no estaremos.

Clara lo miró.

—Que gasten recursos intentando encontrarnos.

03:16

A las 03:16 de la madrugada, una señal apareció en uno de los receptores.

Solo duró cuatro segundos.

Luc levantó la cabeza.

—Es imposible.

Clara se acercó.

La señal volvió a repetirse.

Una secuencia corta.

Después silencio.

Mara.

Clara sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.

—Descífrala.

Luc introdujo la secuencia.

La pantalla mostró un mensaje.

CONTINÚO OPERATIVA.

Debajo apareció una segunda línea.

ESTOY DENTRO.

Clara se quedó inmóvil.

—¿Dentro de dónde?

La respuesta apareció unos segundos después.

ARCHIVO CENTRAL WEXLER.

Luc la miró.

—Pensábamos que ese archivo había desaparecido.

—No desapareció —respondió Clara.

Mara había añadido una tercera línea.

NUNCA ESTUVO DONDE CREÍAMOS.

A continuación aparecieron unas coordenadas.

Pero no conducían a un servidor.

Conducían a una instalación subterránea.

Clara amplió el mapa.

Reconoció el lugar.

—Es imposible.

—¿Qué?

—Ese edificio perteneció a mi abuelo.

Luc se acercó.

—¿Alexander?

Clara asintió.

—Lo vendieron hace décadas.

Mara envió una última transmisión.

Esta vez solo contenía tres palabras:

MALIK LO SABE.

La señal desapareció.

Clara permaneció frente a la pantalla.

Ya no se trataba de Erhardt.

Ni siquiera de la Fundación.

Aquello llevaba directamente a su familia.

A Alexander.

A Malik.

Y a algo que había permanecido oculto durante generaciones.

El núcleo

En una instalación sin ventanas, un hombre observaba la misma transmisión.

La pantalla mostraba las coordenadas.

—Han encontrado el archivo —dijo una voz.

El hombre no respondió.

—¿Ordenamos eliminarlo?

Pasaron varios segundos.

—No.

—Pero si llegan hasta allí...

—Precisamente.

El hombre se levantó.

—Que lleguen.

—¿Está seguro?

Una sonrisa fría apareció en su rostro.

—Sí.

Se dirigió hacia la puerta.

—Ya es hora de que Clara conozca la verdad.

La puerta se cerró detrás de él.

Y por primera vez, alguien dentro de la red había dejado de intentar detener a Clara.

Ahora quería que llegara hasta el final.