Capítulo 51
El huésped silencioso
Zúrich, invierno de 2024
La sede de la Fundación Wexler amaneció sitiada.
No por drones corporativos ni por cronistas de sociedad, sino por reporteros de investigación.
La noche anterior, el informe preliminar de la OMS sobre el archivo AEGIS había llegado a los medios de comunicación.
Ya no se trataba de meros rumores: el mundo entero comprendía ahora que el pasado estaba a punto de estallar.
En la planta ejecutiva, Clara Wexler apagó la pantalla del monitor. No pronunció palabra. Se presionó las sienes con los dedos, como si el propio peso del apellido le apretara la cabeza desde dentro.
Luc entró en el despacho sosteniendo una carpeta de cuero y con la expresión tensa.
—No ha sido una filtración interna —informó—. Alguien con acreditación diplomática ha extraído datos directamente desde el nodo suizo en Ginebra. Tienen copias integrales.
Clara alzó la vista.
—¿Sabemos de quién se trata?
Luc vaciló un instante antes de responder:
—Mathias Erhardt. Y no actúa por su cuenta.
Aquel nombre bastó para congelar la atmósfera. Erhardt, el intermediario invisible de Malik durante las operaciones más oscuras de Némésis AG. Oficialmente retirado; oficiosamente… incombustible.
—¿Quién maneja los hilos? —inquirió Clara.
Luc dejó caer la carpeta sobre la mesa.
—Una cuenta fantasma triangulada desde Singapur y desviada a Seychelles. Sin embargo, el origen real apunta a Estambul. La red utiliza sociedades constituidas hace décadas por tu padre.
Clara permaneció inmóvil.
—¿Por mi padre?
Luc sostuvo su mirada.
—Por Malik.
El silencio que siguió fue absoluto.
Clara bajó lentamente los ojos hacia la carpeta.
—Entonces nunca dejó el tablero.
—No —respondió Luc—. Y Erhardt acaba de demostrar que sigue trabajando para él.
Clara cerró los ojos durante un instante.
Malik no había desaparecido.
Había esperado.
Y ahora, mientras el imperio se desmoronaba bajo el peso de sus propios secretos, su padre estaba regresando para reclamarlo.
Desde el ventanal, Clara contempló a la multitud de manifestantes congregados abajo. Las pancartas resultaban aplastantes:
«AEGIS = CRIMEN»
«LOS EXPERIMENTOS NO SON JUSTICIA»
«LA NIETA DEL MONSTRUO NO HEREDA LA VERDAD»
—¿Y tú? —preguntó Clara sin volverse hacia él—. ¿Sigues conmigo?
Luc avanzó un par de pasos. Su voz sonó tajante:
—Estoy contigo. Pero no para blindar tu apellido, sino para evitar que Malik incinere la verdad.
Clara asintió.
—Entonces necesitamos una estrategia de inmediato. Erhardt no viene a negociar.
—¿Qué viene a hacer?
Clara tardó unos segundos en responder.
—A preparar el regreso de mi padre.
* * *
El Protocolo REMUS
Esa misma noche, Mathias Erhardt se desplazó por los pasillos de la Sección Cero de la OMS en Berna con la soltura de quien había transitado aquel lugar mil veces.
Presentó una credencial diplomática avalada por un fiscal de La Haya y fue conducido directamente a la bóveda digital.
Sabía con precisión qué buscaba: la matriz original del Proyecto AEGIS. No las copias secundarias, sino el archivo madre.
Tecleó en el terminal una clave que en teoría debía haber olvidado, pero que conservaba intacta en la memoria:
WEX-17-ROOT
En la pantalla parpadeó una fecha:
9 de noviembre de 1994
Debajo apareció el nombre del autor:
MALIK WEXLER
Erhardt sonrió.
No era nostalgia.
Era obediencia.
—Ahora sí —murmuró—. El huésped está dentro.
Al otro lado del continente, en una residencia blindada de Estambul, se iluminó un monitor dentro de un salón sin ventanas.
Una voz sintética susurró en alemán:
—Acceso confirmado. Protocolo REMUS activado.
El hombre sentado al otro lado de la mesa no respondió.
Solo contempló durante unos segundos la imagen de Clara que acababa de aparecer en la pantalla.
Después levantó lentamente la mirada.
Malik Wexler seguía vivo.
Y había esperado durante años el momento exacto para volver.
Ahora ese momento había llegado.