La sangre heredada Capítulo 43
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Capítulo 43

El eco de la caja

Ginebra, enero

La sala oval de la Alianza Global para la Bioética Aplicada estaba repleta de siglas poderosas: UNICEF, OMS, OMC, GAVI. El mundo observaba. Clara hablaba desde el estrado, vestida de blanco marfil, sin joyas ni maquillaje recargado; solo una voz firme y una mirada que observaba sin prometer nada.

—Debemos construir un modelo nuevo —declaró—, uno que combine la innovación con la vigilancia ética. El futuro de la biotecnología no es solo químico: es moral.

Los aplausos fueron breves y respetuosos. Al finalizar, un representante de Médicos Sin Fronteras se le acercó entre la multitud.

—Usted representa la esperanza —le dijo.

Clara sonrió levemente.

—La esperanza viene mejor vestida cuando se llama «presupuesto».

Zúrich, esa misma noche

Luc volvía a escudriñar el archivo AEGIS. Lo que había descubierto hasta el momento no le bastaba. Tras varias capas de seguridad, dio con carpetas protegidas con doble encriptación, referencias cruzadas y una partición oculta:

Aegis_Ω – BLACKROOT

Se trataba de un cifrado biométrico basado en patrones de escritura, firmado con tres iniciales inequívocas: M.W. (Malik Wexler).

Luc tragó saliva. No podía forzar esa entrada, ni siquiera estaba seguro de si debía hacerlo. Pero su instinto le advertía que esas iniciales no eran un simple código, sino la huella de alguien que lo manejaba todo desde las sombras: un fantasma al que aún no podía poner cara.

Ginebra, al día siguiente

Clara firmaba un nuevo protocolo de colaboración con la Comisión Europea. El apellido Wexler, amargamente manchado en el pasado, renacía ahora como un símbolo de regeneración y transparencia.

Una asesora le susurró al oído mientras estampaba la firma:

—Está reescribiendo la historia, señorita Wexler.

Ella sonrió sin soltar la estilográfica.

—No. Solo edito la versión que ya estaba escrita.

Zúrich, madrugada

Luc rompió su promesa y clonó la partición BLACKROOT en un disco externo. No para robarla —se justificó a sí mismo—, sino para investigarla en profundidad.

Sin embargo, al ejecutar la copia, se activó un protocolo latente. Un mensaje cifrado en un código antiguo emergió en la pantalla:

«Si lees esto, es porque el legado ha sido roto. Prepárate para la guerra invisible.»

Luc se retiró los auriculares con las manos heladas. Aquello no era un fallo del sistema: era un mensaje directo de Malik. Para él.

Ginebra, ese mismo día

Una alerta urgente llegó al teléfono encriptado de Clara: Acceso no autorizado a AEGIS_Ω desde una IP local. El perfil asociado: Luc Bächtiger.

Clara no reaccionó con pánico. Se limitó a marcar la notificación en la pantalla y, en su libreta, anotó en tinta roja junto al nombre de Luc:

«Posible traidor. Posible herencia.»

Aún no había decidido qué lugar ocupaba Luc en su tablero. Pero sabía que, muy pronto, tendría que tomar una decisión.