Capítulo 41
Los nombres del miedo
Zúrich, noviembre
Clara no podía dormir. Frente a su portátil, el archivo AEGIS parecía un organismo vivo: nombres, sustancias, datos oscuros.
Lo peor se escondía en la carpeta «Brasil. Protocolo Rho»: trescientos cuarenta y dos indígenas sin historial médico previo, vacunados con un compuesto experimental, el RXN-4, concebido supuestamente para inmunomodularlos en climas extremos.
Pero el informe confidencial revelaba el objetivo real: evaluar la obediencia conductual en población aislada.
Ocho muertos, treinta y cuatro colapsos neurológicos, diecisiete desaparecidos.
Clara cerró la pantalla de golpe, se levantó a ciegas y vomitó en el baño.
Esa misma mañana, en el apartamento de Luc, le mostró un fragmento del informe africano. Allí se detallaba la aplicación de compuestos psicotrópicos a menores, episodios de parálisis severa y el caso de un niño que «oyó a Dios» antes de ser eliminados.
Clara temblaba.
—No puedo seguir leyendo esto —dijo, con la voz totalmente quebrada.
—Entonces no lo hagas —respondió Luc—, pero no lo ignores. Los muertos no tendrán justicia si callas.
El diario de Claire
Esa noche volvió al despacho de su padre.
Sabía con certeza que Malik no estaba. Buscó en el fondo del segundo cajón y encontró un cuaderno negro, encuadernado a mano.
Era de Claire, su abuela. Faltaban algunas páginas y otras estaban parcialmente tachadas, pero las que quedaban reflejaban un espejo sucio:
«Malik tenía pesadillas. A veces pronunciaba nombres que yo no reconocía y cifras que después olvidaba. Cuando regresó de Brasil, había algo distinto en él. No era solamente la ambición. Era la ausencia de cualquier límite.
Intenté preguntarle qué había visto allí. Me respondió que algunas cosas no debían ser comprendidas por quienes todavía conservaban conciencia.
Aquella noche comprendí que ya no podía alcanzarlo»
Clara cerró el cuaderno con la mano helada. Antes de marchar, dejó una nota sobre el escritorio:
«Voy a silenciar esto. No porque sea cobarde, sino porque sé lo que puede destruir. Y aún no estoy lista para destruirlo todo.»
Firmó solo con una inicial: C.