La saga de la larga noche – Libros I, II y III XI #8
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XI #8

—Entiendo que nuestro próximo ataque contra México contendrá la situación —dijo Lowell—. Como todos han señalado, ganaremos tiempo frente a cualquier ataque aéreo o naval procedente del territorio mexicano.

—Sí, señor, este ataque podría frustrar su plan previsto para el día 10 a las 14:00 —dijo Alexander—. A menos que las armas ya estén dentro de nuestras fronteras.

—¿Está sugiriendo que las bombas o los explosivos podrían estar ya en nuestras ciudades? —preguntó Lowell para aclarar.

—Exactamente, señor presidente —confirmó Alexander—. Improbable, pero posible.

—Eso es ridículo —interrumpió Liam, visiblemente frustrado—. ¿Cómo iban a colocar los chinos bombas en nuestras bases militares sin que nadie se enterara? Esto no es el argumento de una película.

—Es posible, Dr. Kennedy, porque algunos de los nuestros trabajan en nuestra contra —se defendió Alexander.

—Señor presidente, necesitamos actuar en múltiples frentes —interrumpió Andrew, zanjando la discusión—. En cuestión de minutos daremos el primer golpe: un ataque a México en un punto estratégico que paralizará su capacidad ofensiva.

Andrew respiró hondo y continuó.

—Al mismo tiempo, pondremos en marcha operaciones en todas las bases para evaluar la situación en detalle.

Lowell asintió, conforme con el planteamiento.

—Andrew, coordina esta operación con las bases. Y asegúrate de que el ataque tenga éxito. Con este enfoque coordinado podemos minimizar el riesgo: dividimos recursos, recopilamos inteligencia y averiguamos a qué nos enfrentamos realmente.

—Sí, señor —respondió Andrew.

Lowell se volvió hacia Liam.

—Dr. Kennedy, analice el posible impacto de otro PEM. ¿Cuáles serían los efectos? ¿Debemos preocuparnos? ¿Y qué medidas preventivas podemos tomar?

Liam esbozó una leve sonrisa y asintió.

—Me encargo.

—Y sigan vigilando esas señales —añadió Lowell con firmeza—. Si algo cambia, avísenme de inmediato.

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Puerta principal del barrio de Harbour Island - Mañana

—Chicos, puede que queráis subir aquí.

La voz de Aiden crepitó por la radio, llegando a todo el equipo de seguridad. Estaba apostado en lo alto del edificio frente a la puerta, con una vista panorámica de la isla: un punto de observación para detectar cualquier invasión antes de que los alcanzara.

—¿Qué pasa? —preguntó Sam, que salía de su casa y se dirigía hacia la puerta principal donde Vince y Henry montaban guardia.

No hubo respuesta. Sam aceleró el paso. En menos de diez minutos llegó al edificio.

Siete tramos de escaleras lo separaban de Aiden.

Sam las subió de dos en dos; le ardían las piernas con cada paso.

Para cuando alcanzó el séptimo piso, los pulmones le parecían a punto de estallar.

Se apoyó contra la pared un momento, jadeando.

Aiden estaba junto a la ventana, con los prismáticos pegados a la cara, completamente inmóvil, ajeno a la llegada de Sam.

—¿Qué tenemos? —preguntó Sam entre jadeos.

Aiden le entregó los prismáticos sin decir palabra.

Sam ajustó el enfoque y recorrió con la mirada el extremo este de la isla.

No tardó en ver lo que había preocupado a Aiden.

A la derecha, en la punta más alejada de la isla, un edificio de apartamentos bullía de gente.

Los detalles eran borrosos, pero una cosa estaba clara: iban armados.

Varios vehículos rodeaban el edificio. Aguzando el oído, Sam apenas distinguía gritos distantes que traía el viento.

Pero el caos no terminaba ahí. Junto al edificio, un complejo residencial era presa de la violencia.

Fogonazos iluminaban la escena, acompañados del tableteo seco de los disparos.

La gente corría por espacios abiertos con movimientos frenéticos, desesperados.

Había cuerpos esparcidos por el suelo, inmóviles.

Una risa retorcida y cruel flotaba en el aire, en brutal contraste con el horror que se desplegaba ante sus ojos.

—Dios santo —murmuró Sam, y bajó los prismáticos—. Los están masacrando.

Unos pasos pesados anunciaron la llegada de Dimitri.

—¿Qué demonios está pasando? —preguntó Dimitri mientras se acercaba.

—El Garrison está siendo atacado —dijo Sam, pálido—. Es grave.

—¿Cómo que está siendo atacado? ¿Ahora mismo?

Sam se pasó los dedos por el pelo.

—Es como estar viendo una zona de guerra. Es... muy grave.

—¿Vienen hacia nosotros? —preguntó Dimitri.

Un silencio pesado se instaló mientras Sam seguía observando la pesadilla que se desarrollaba abajo. Su mente iba a mil, calculando distancias y posibilidades.

—Veo un montón de hostiles al este, alrededor del Garrison y el complejo cercano —dijo Sam al fin—. Hay... Dios, cuerpos por todas partes.

Giró la mirada hacia el oeste, entornando los ojos por el resplandor.

—Algo arde en la zona comercial. Ahora es pequeño, pero con lo juntos que están esos edificios...

—¿Pero vienen hacia nosotros o no? —interrumpió Dimitri.

—Míralo tú mismo —respondió Sam. Bajó los prismáticos y se los pasó a Dimitri, que empezó a escudriñar los alrededores.

—¿Unos cincuenta? ¿Quizá más?

—Creo que están llegando más —dijo Aiden—. Llevo un rato observando. El grupo crece.

—Estos no son simples saqueadores —dijo Dimitri de repente—. Fíjate en cómo se mueven. Están organizados.

—Es poco probable, pero... ¿Podría ser la Guardia Nacional? —sugirió Aiden.

—Imposible. Acabo de ver una ejecución. La Guardia no hace eso —replicó Dimitri.

—Espera —dijo Dimitri mientras ajustaba los prismáticos—. Se mueven manzana por manzana. Van limpiando edificios a medida que avanzan.

—Cuesta imaginar que no vayan a intentar llegar aquí —reflexionó Sam—. Pero aunque no vengan a por nosotros, quedaríamos atrapados, sin forma de contactar con nadie del exterior.

Dimitri siguió escudriñando con los prismáticos.

—Van armados hasta los dientes. He visto al menos un lanzagranadas, un par de ametralladoras del calibre .50 y lo que parecían tubos de mortero.

—No tendríamos ninguna oportunidad contra semejante arsenal —dijo Aiden, con el rostro ensombrecido—. Nos harían pedazos.

Los tres intercambiaron miradas inquietas. Sam repasó mentalmente los peores escenarios posibles, cada uno más sombrío que el anterior.

—No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando a que entren —dijo Sam—. Sería un suicidio.

Los otros asintieron con gesto sombrío.

—Tenemos que empezar a prepararnos —continuó Sam, con la voz endurecida por la determinación—. Todos tienen que estar listos. Hay que reforzar las defensas de inmediato.

Dimitri bajó los prismáticos y miró a Sam a los ojos.

—Lo entiendo, Sam, pero... ¿Cuánta gente de nuestro barrio está preparada para... esto? —Señaló hacia la ventana.

—Lo sé, tío —respondió Sam con evidente frustración—. Pero si vamos a morir, ¿por qué no hacerlo luchando?

—No quiero morir —admitió Dimitri en voz baja—. No hoy, al menos.

—Entonces —concluyó Sam—, no tenemos mucho tiempo para montar un ejército.

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MEMORÁNDUM PARA TODOS LOS OFICIALES AL MANDO DE INSTALACIONES MILITARES DE EE. UU. EN TODO EL MUNDO

DEPARTAMENTO DE DEFENSA — ESTADO MAYOR CONJUNTO — UBICACIÓN NO DIVULGADA

MEMORÁNDUM PARA TODOS LOS OFICIALES AL MANDO DE INSTALACIONES MILITARES DE EE. UU. EN TODO EL MUNDO

CLASIFICACIÓN: ALTO SECRETO / INMEDIATO — EXCLUSIVO PARA EL DESTINATARIO

ASUNTO: SE REQUIERE ACCIÓN INMEDIATA — SEÑALES TONALES NO IDENTIFICADAS Y PROTOCOLOS DE EVALUACIÓN DE AMENAZAS POTENCIALES

FECHA: 9 de diciembre

Señores Comandantes:

Este memorándum aborda una situación de potencial gravedad para la seguridad nacional.

En las últimas veinticuatro horas, múltiples instalaciones militares estadounidenses han detectado señales tonales anómalas no identificadas, transmitidas en diversas frecuencias de radio a nivel nacional.

Se han identificado como transmisiones estructuradas que contienen coordenadas codificadas, así como una fecha y hora específicas: 10 de diciembre, 14:00 h, hora del Este (ajústese a la zona horaria local).

Esta situación no es un simulacro. Se desconoce la naturaleza e intención de estas señales, pero su aparición coordinada en nuestras fronteras nacionales e instalaciones militares estratégicas exige una acción inmediata y decisiva.

El Presidente, en consulta con el Estado Mayor Conjunto, ha ordenado elevar el estado de alerta e implementar protocolos específicos de evaluación de amenazas en todos los mandos.

PROCEDIMIENTO PARA TODAS LAS INSTALACIONES

1. POSTURA DE SEGURIDAD REFORZADA: Elevar el estado de seguridad de la instalación a THREATCON DELTA.

Reforzar la seguridad perimetral, incrementar las patrullas e implementar protocolos de acceso controlado.

Revisar y reforzar todos los puntos de entrada, incluidos los accesos peatonales, vehiculares y de la cadena de suministro.

2. VIGILANCIA REFORZADA: Desplegar personal de seguridad adicional para vigilar la infraestructura crítica, los puntos de acceso y otras zonas de alto riesgo.

3. ANÁLISIS INMEDIATO DE VIRUS Y MALWARE EN TODO EL SISTEMA: Realizar análisis exhaustivos de todas las redes, servidores, estaciones de trabajo y sistemas críticos para detectar virus, malware y software no autorizado.

Priorizar los sistemas que controlan la infraestructura crítica, las comunicaciones y la seguridad.

Intensificar la supervisión del tráfico de red para detectar anomalías, intentos de acceso no autorizado y flujos de datos inusuales.

Configurar los sistemas de detección y prevención de intrusiones a máxima sensibilidad.

4. ANÁLISIS DEL COMPORTAMIENTO DE LOS SISTEMAS: Supervisar los sistemas críticos para detectar cualquier desviación de los parámetros operativos normales.

Prestar especial atención a la degradación del rendimiento, los reinicios inesperados y los procesos de software inusuales.

Informar de cualquier anomalía de inmediato al Mando Cibernético (CYBERCOM).