BLOQUE 2
Los depósitos cumplían funciones diferentes.
Uno recibía de manera temporal los materiales cuya clasificación seguía abierta.
El otro estaba vinculado con fondos cuya adscripción ya se consideraba suficientemente establecida.
Sebastián volvió a la situación documental del manuscrito durante la campaña.
La procedencia emilianense había sido aceptada con suficiente fuerza para retirarlo del inventario general. Sin embargo, la identificación histórica exacta seguía sin poder verificarse mediante el texto conservado.
Eso dejaba dos escenarios posibles.
El volumen podía haber vuelto al depósito temporal porque todavía faltaba resolver su incorporación.
O podía haberse integrado en el fondo emilianense aun permaneciendo anónimo.
Mauro hizo la pregunta correcta:
—¿Dónde aparece después?
No dónde debería haber ido.
Dónde había dejado rastro.
El depósito temporal conservaba relaciones periódicas con descripciones materiales sencillas.
El otro organizaba sus instrumentos principalmente por fondos y ofrecía menos detalle físico.
Irene propuso comenzar por el temporal.
Pocos días después de la fotografía apareció una entrada:
Pergamino incompleto, cuero oscuro, revisado.
La fecha era compatible.
Al final de la línea figuraba:
Pendiente de incorporación según antecedente.
La coincidencia era fuerte.
No suficiente.
Faltaban medidas y procedencia.
Sebastián registró:
POSIBLE PRESENCIA POSTERIOR A LA CAMPAÑA EN DEPÓSITO TEMPORAL
La semana siguiente aquella entrada ya no aparecía.
Eso no significaba desaparición.
Buscaron movimientos de salida.
Una hoja general decía:
Materiales cuya procedencia ha sido suficientemente establecida pasan a los fondos correspondientes.
No individualizaba piezas.
Era compatible con un traslado desde el depósito temporal hacia el segundo fondo.
Todavía era una inferencia.
Una carta interna de reorganización ayudó:
Los volúmenes de procedencia emilianense revisados durante la campaña han sido reintegrados a las dependencias asignadas al fondo, salvo las piezas que permanecen pendientes de determinación.
Mauro volvió a leer.
—Podría estar entre los reintegrados.
—O entre las excepciones —respondió Sebastián.
Irene regresó al cuaderno de revisión.
La última anotación del Códice decía:
Procedencia: emilianense según antecedentes.
Y después:
Identificación antigua: no verificable con el texto conservado.
Sebastián vio con claridad la diferencia.
—La procedencia y la identidad no están tratadas como la misma cuestión.
Podían desconocer qué manuscrito concreto tenían delante y, sin embargo, considerar bastante sólida su pertenencia a un fondo emilianense.
Irene asintió.
—Entonces podía ser incorporado sin recuperar su antiguo nombre.
Aquello explicaba el mecanismo.
El Códice podía regresar a un fondo de Yuso como manuscrito anónimo.
No como el Códice de San Millán.
La prueba individual apareció en una hoja de control de fichas.
Cada pieza trasladada a un fondo particular debía generar o actualizar una ficha catalográfica.
Mauro encontró el número provisional del volumen.
Al lado figuraba:
Incorporado.
La columna siguiente tenía como encabezamiento:
Fondo.
La clave consignada allí no decía Yuso literalmente.
Sebastián buscó la equivalencia.
Correspondía a un conjunto documental de procedencia emilianense custodiado en dependencias del monasterio inferior.
Escribió:
TRAS LA REVISIÓN, EL VOLUMEN FUE INCORPORADO A UN FONDO EMILIANENSE CUSTODIADO EN EL CONJUNTO INFERIOR
Mauro lo miró.
—Eso ya es Yuso.
Sebastián no lo contradijo.
Aun así, necesitaba cerrar una posible fisura.
Comprobó que el número provisional fuera único durante aquella campaña.
Lo era.
No existía constancia de reutilización.
La fecha de incorporación coincidía con la secuencia de revisión.
Faltaba únicamente verificar que la ficha posterior correspondiera al mismo volumen.
Antes de hacerlo, Sebastián quiso cerrar también la correspondencia espacial.
Si el fondo asociado a aquella clave ocupaba precisamente el cuerpo arquitectónico visible en la fotografía, tendrían dos líneas independientes conduciendo al mismo destino.
Volvieron a los planos.
El fondo emilianense identificado por la clave utilizaba, en aquellos años, dependencias del mismo cuerpo que se veía al fondo desde la sala de revisión.
Irene recorrió con el dedo la distribución.
La mesa donde había sido fotografiado el Códice estaba a pocos metros del depósito al que la documentación indicaba que fue incorporado después.
—Ahora tenemos dos caminos —dijo.
Sebastián asintió.
La documentación administrativa indicaba el fondo.
La reconstrucción espacial colocaba ese fondo en el edificio.
Las dos líneas convergían.
Todavía quedaba confirmar la ficha.