BLOQUE 3
La nueva descripción no aparecía en la misma página.
Había un número de ficha anotado al margen.
Mauro siguió la referencia hasta otro conjunto.
Tres fichas tenían numeración cercana.
Dos quedaron descartadas enseguida.
La tercera decía:
Manuscrito pergamino. Incompleto. Encuadernación de cuero posterior.
Irene frunció el ceño.
—Perdimos información.
Era cierto.
La descripción definitiva había eliminado varios rasgos que para ellos resultaban esenciales.
No figuraban la señal hundida ni las reparaciones de la costura.
Tampoco el deterioro inferior.
Y la procedencia emilianense había desaparecido del asiento.
Desde el punto de vista de una búsqueda posterior, el manuscrito se había vuelto casi invisible.
Pero el cambio no demostraba ninguna intención de ocultarlo.
La ficha cumplía otro propósito.
Era más breve y describía el objeto según la categoría utilizada por aquel instrumento.
Mauro preguntó si el número seguía vigente.
No podían saberlo.
La misma ficha aparecía después en otro inventario dentro de una estructura reorganizada.
Había nuevas renumeraciones.
Sebastián reconoció el patrón.
Tal vez ya no estuvieran siguiendo movimientos físicos.
Podían estar siguiendo únicamente cambios de nombre y de referencia dentro de una misma institución.
Irene expresó lo mismo:
—Hasta ahora reconstruíamos una ruta material. Desde acá puede empezar una ruta catalográfica.
Sebastián buscó las fechas.
Entre la revisión material y el inventario posterior habían pasado pocos años.
No había ninguna salida compatible en ese período.
Tampoco aparecían transferencias, bajas o préstamos relacionados con el volumen.
Eso no demostraba permanencia por sí solo.
Pero unido a las renumeraciones cambiaba el escenario.
Sebastián escribió:
PRESENCIA EN REVISIÓN: DEMOSTRADA
Después:
SALIDA POSTERIOR: NO DOCUMENTADA
Y:
CAMBIO DE REFERENCIA: DEMOSTRADO
Finalmente:
PERMANENCIA MATERIAL EN LA MISMA INSTITUCIÓN: HIPÓTESIS MÁS CONSISTENTE — TODAVÍA POR CONFIRMAR
Mauro preguntó:
—¿Qué necesitamos?
—Una observación material posterior.
Irene respondió:
—O una imagen.
La palabra quedó sobre la mesa.
Hasta entonces habían encontrado referencias dispersas a documentación fotográfica.
El padre de Leandro también había intentado seguirla.
Las oficinas técnicas habían utilizado fotografías durante determinadas campañas.
Pero antes no tenían suficientes datos para saber dónde buscar.
Ahora sí.
Tenían un intervalo temporal.
Una fase concreta de revisión.
Un grupo administrativo.
Y una referencia de ficha.
Sebastián volvió al cuaderno del catalogador.
En varias entradas aparecía una pequeña letra junto a las descripciones:
F
Mauro preguntó:
—¿Fotografía?
Sebastián negó.
—No lo supongamos.
Buscaron una leyenda.
No estaba al comienzo del cuaderno.
Irene la encontró en una hoja intermedia:
F: material fotografiado durante revisión.
Nadie habló.
Sebastián regresó inmediatamente a la entrada correspondiente al volumen.
Junto al número de ficha estaba la misma letra.
F.
Mauro apoyó las manos sobre la mesa.
—Lo fotografiaron.
Eso sí podían afirmarlo.
Durante la revisión material en La Rioja, el volumen había sido incluido entre los materiales fotografiados.
No sabían cómo era la toma.
Podía tratarse de una fotografía individual, de una mesa de trabajo o de varios objetos reunidos.
Pero existía una posibilidad real de que la imagen hubiera sobrevivido.
Irene comprobó otras entradas.
Había muchas marcadas con la misma letra.
Eso alejaba cualquier interpretación extraordinaria.
No habían fotografiado aquel volumen porque alguien hubiera reconocido algo especial.
Era una práctica normal de documentación durante la revisión.
La referencia general remitía a:
Archivo gráfico de trabajos de revisión y ordenación.
Mauro recordó la respuesta encontrada durante la investigación del padre de Leandro:
Se conserva documentación fotográfica de trabajos generales, sin inventario individualizado completo de las tomas.
Las piezas empezaban a encajar.
El padre de Leandro había llegado hasta la existencia del archivo gráfico.
No había logrado identificar la imagen concreta.
Quizá porque las fotografías se organizaban por campañas o fechas y no por manuscrito.
La serie incluía imágenes de salas y mesas de trabajo, encuadernaciones y materiales durante procesos de inventario.
Parte estaba digitalizada.
Otra parte seguía sin estarlo.
No estaban buscando una fotografía identificada como perteneciente al Códice.
Buscaban una imagen corriente de una campaña ordinaria en la que el volumen había estado presente.
Eso la hacía mucho más plausible.
Sebastián comparó las fechas del cuaderno con los lotes fotográficos.
Había varios grupos posibles.
Uno coincidía exactamente con las semanas de revisión del manuscrito.
Irene señaló la referencia.
—Pidamos el conjunto entero.
Mauro añadió:
—También las hojas de contacto.
—Todo.
Una imagen descartada podía contener un detalle que una copia seleccionada no mostrara.
Una toma general de una mesa podía ser más útil que una fotografía formal de una encuadernación.
Sebastián envió la solicitud.
Después volvió al cuaderno.
Hasta ese momento habían creído que la pérdida de la catalogación era solamente un obstáculo.
Ahora comprendía que había dejado rastros suficientes para reconstruirla.
Una referencia llevaba a otra porque cada etapa había conservado algo que la siguiente eliminaba.
Finalmente, aquella cadena administrativa terminaba en una marca fotográfica.
Irene miró la letra F.
—Si encontramos la imagen, no alcanza con reconocer el volumen.
—No.
—Hay que demostrar dónde fue tomada.
Sebastián asintió.
Incluso una fotografía indiscutible del manuscrito no demostraría por sí sola su localización.
Necesitarían contexto.
La campaña concreta.
La fecha.
El espacio de trabajo.
Los materiales que aparecieran alrededor.
Cualquier elemento capaz de vincular la toma con una institución determinada.
Al final de la tarde llegó la confirmación.
El conjunto estaba disponible.
Más de un centenar de imágenes entre negativos digitalizados, copias antiguas y hojas de contacto.
Ninguna descripción individualizaba manuscritos.
Sebastián giró la pantalla hacia Irene y Mauro.
Durante siglos habían seguido el volumen a través de palabras escritas por quienes lo habían recibido o examinado.
Ahora tenían la posibilidad de encontrar algo diferente.
Una imagen ordinaria tomada durante una campaña de trabajo.
Por alguien que probablemente nunca supo qué manuscrito tenía delante.