BLOQUE 2
A la mañana siguiente, Irene explicó su posición a Mauro.
No quería que Sebastián la resumiera por ella.
Mauro escuchó hasta el final.
—¿Querés que ocultemos resultados?
—No. Quiero separar los resultados históricos de la información que puede generar riesgo.
—¿Y quién define ese riesgo?
—No nosotros solos.
Mauro caminó hasta la mesa donde habían vuelto a desplegar parte de la documentación.
—Después de todo lo que costó demostrar cada tramo, no me gusta la idea de terminar diciendo que una parte no puede mostrarse.
—Comprobar no significa publicar sin criterio.
—¿Y si otro investigador quiere verificar nuestra conclusión?
—Podrá hacerlo mediante los mecanismos adecuados de acceso.
Mauro no respondió.
Sabía que Irene tenía razón en algo básico.
Ningún investigador accedía ilimitadamente a cualquier fondo por el simple hecho de querer comprobar una hipótesis.
Existían restricciones por conservación y procesos de catalogación.
También fondos privados o piezas temporalmente fuera de consulta.
El conocimiento histórico siempre había convivido con condiciones de acceso.
Sebastián tomó una hoja.
—Podemos fijar una regla.
Mauro lo miró.
—Toda información necesaria para sostener una afirmación histórica debe quedar documentada y ser verificable.
Irene asintió.
Sebastián continuó:
—Pero si una referencia contemporánea puede conducir directamente a un objeto vulnerable, no se difunde hasta que la institución responsable conozca la situación y pueda protegerlo.
Mauro pensó.
—¿Y Leandro?
—No tiene autoridad sobre el manuscrito por su historia familiar.
Irene añadió:
—Salvo que necesitemos algún documento concreto de su archivo para verificar una pieza. En ese caso se consulta bajo las nuevas condiciones.
Mauro resopló.
—Siempre volvemos a él.
—Porque conserva documentos. Eso no le da el control de la investigación.
Sebastián escribió:
VERIFICABILIDAD NO EQUIVALE A DIFUSIÓN IRRESTRICTA
Mauro leyó.
—Lo acepto si agregamos otra condición.
—¿Cuál?
—Que nadie utilice la palabra protección para esconder un documento que contradiga nuestras conclusiones.
—Completamente de acuerdo —respondió Irene.
Sebastián añadió:
—Y toda restricción deberá tener una razón documentada y ser revisable.
Eso evitaba transformar una cautela temporal en secreto permanente.
La tensión disminuyó.
Por primera vez desde el conflicto con Leandro habían logrado un criterio común.
Mauro abrió entonces un mensaje recibido esa mañana.
—Tenemos una respuesta.
Procedía de una institución consultada sobre la reorganización posterior al examen técnico del siglo XX.
Habían preguntado por devoluciones, cambios de serie y materiales cuyas referencias habían dejado de corresponder con los inventarios anteriores.
La respuesta decía:
Parte de la documentación relativa a las devoluciones fue incorporada posteriormente a una serie de transferencias y reasignaciones. Se conservan copias de trabajo de algunos registros, aunque los originales fueron remitidos junto con los expedientes de procedencia.
Sebastián se acercó.
—¿Dónde están esas copias?
La serie era consultable.
No mencionaba el Códice.
Tampoco demostraba ningún movimiento material.
Pero por primera vez desde la ruptura con Leandro aparecía una vía completamente independiente para continuar después de la restitución documentada en el siglo XX.
Irene sintió alivio.
Necesitaban saber que podían avanzar sin depender de un archivo familiar.
Pidieron las referencias.
Había varias cajas con correspondencia, relaciones de devolución y listados provisionales.
También copias de inventarios.
Las fechas comenzaban poco antes del examen técnico y continuaban algunos años después.
Era exactamente el intervalo que buscaban.
Mauro sonrió.
—Acá nadie nos está indicando qué hoja tiene que parecernos importante.
Irene entendió.
Volvían a una serie completa.
Con sus documentos inútiles.
Con contradicciones.
Con piezas que quizás no llevaran a ninguna parte.
Eso era una ventaja.
Sebastián revisó las fechas.
—Puede ayudarnos a cerrar la ruptura del siglo XX.
No necesitaban decidir nada más.
La siguiente etapa volvería a ser documental.
Pero desde entonces Irene ya no pensaba únicamente en qué podían encontrar.
También pensaba en qué harían si aquello que aparecía empezaba a conducirlos demasiado cerca de un objeto real.