La Ruta de los Manuscritos (El Secreto de San Millán: Tomo VI) BLOQUE 2
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El primer caso verdaderamente problemático apareció en una institución donde el volumen había permanecido después de una remisión motivada por conservación.

La recepción estaba demostrada.

También la presencia material.

Irene había reconocido el ejemplar por la combinación de la pérdida inicial y la cubierta oscura con su antigua impronta.

La pérdida en una esquina, documentada previamente, volvía a aparecer.

Después de esa entrada llegaba un silencio de casi una década.

No había salida registrada.

Tampoco devolución.

Y no conocían ningún traslado interno.

Sin embargo, el manuscrito dejaba de aparecer.

Mauro revisó las relaciones varias veces.

—Acá la ausencia ya me preocupa.

Sebastián estaba de acuerdo.

La institución producía inventarios relativamente detallados.

Eso daba a la ausencia un peso mayor que en otros fondos.

Irene preguntó:

—¿Tenemos todos los instrumentos del período?

No.

Una reorganización había producido varias relaciones parciales.

Algunas seguían allí.

Otra había terminado, décadas después, junto con documentación administrativa transferida a otro archivo.

Mauro preguntó:

—¿Dónde?

La respuesta volvió a ampliar la geografía documental.

El inventario había terminado separado del fondo librario.

Los libros permanecieron en una institución.

Parte de la documentación administrativa acabó en otra.

No había indicios de una intención destinada a romper la historia de ningún manuscrito.

La separación respondía a una reorganización posterior.

Sebastián comprendió entonces hasta qué punto el recorrido del volumen y el recorrido de sus inventarios podían independizarse.

Una copia podía terminar lejos del libro.

Un inventario podía conservarse a cientos de kilómetros del objeto descrito.

Incluso una relación de entrega podía sobrevivir en una institución que nunca hubiera albergado físicamente el manuscrito.

La geografía de los documentos comenzaba a hacerse mucho más extensa que la ruta material.

Sebastián escribió dos preguntas:

DÓNDE SE CONSERVA AHORA EL DOCUMENTO

DÓNDE ESTABA EL OBJETO CUANDO ESE DOCUMENTO FUE PRODUCIDO

Mauro las leyó.

—Tenemos que mantener siempre separadas esas dos cosas.

Sí.

La localización moderna de un inventario no podía trasladarse retrospectivamente al volumen.

Necesitaban dos mapas.

Uno para la documentación.

Otro para el objeto.

Irene preguntó:

—¿Podemos consultar el inventario transferido?

La institución disponía de una reproducción incompleta.

El documento completo requería una solicitud adicional.

Cuando finalmente obtuvieron las imágenes, Sebastián buscó el período del silencio.

Allí estaba el volumen.

No bajo la descripción que habían esperado.

La entrada decía:

Libro viejo de pergamino. Sin principio ni adscripción. Queda separado con los no incorporados.

Mauro exhaló.

—Seguía ahí.

Sí.

La frase queda separado introducía una cuestión distinta.

No sabían dónde dentro de la institución.

Podía tratarse de otra estantería o de un depósito interno.

La fuente no permitía precisar más.

Irene dijo:

—No necesitamos saberlo para demostrar que seguía dentro de la misma institución.

Sebastián estuvo de acuerdo.

La precisión espacial debía terminar exactamente donde terminaba la documentación.

Una nota añadida después decía:

Revisado. No constan elementos suficientes para fijar procedencia.

Aquello importaba.

Alguien había intentado identificar el volumen.

No lo había conseguido.

La pérdida de identidad no podía explicarse simplemente como descuido.

Hubo un esfuerzo de clasificación.

Falló.

Sebastián pensó en lo fácil que resultaría interpretar aquello, mucho tiempo después, como una ocultación.

Las fuentes mostraban algo más ordinario.

No sabían qué era.

Y lo registraron de esa forma.

Irene buscó referencias a la impronta.

No aparecían.

Mauro preguntó:

—¿Cómo podían no darle importancia a algo tan visible?

—Porque una huella física no te dice de dónde viene un libro si no sabés qué la produjo —respondió Irene—. Para ellos podía ser solo una característica de la encuadernación.

Era lógico.

Ellos conocían el valor de aquella huella porque podían compararla con documentos anteriores.

Quien examinó entonces el volumen solo tenía delante un manuscrito incompleto sin atribución segura.

Sebastián escribió:

LA IDENTIDAD PUEDE SER RECUPERABLE HISTÓRICAMENTE SIN HABER SIDO RECONOCIBLE PARA QUIEN TUVO EL OBJETO DELANTE

Mauro leyó.

—Eso sí es inquietante.

Sebastián sabía por qué.

Si ya había ocurrido una vez, podía repetirse.

El manuscrito podía llegar a épocas mucho más recientes y continuar tratado como una pieza anónima.

Otra anotación decía:

Mantener con los antiguos sin atribución.

Eso explicaba su permanencia.

No había sido descartado.

Tampoco vendido.

Simplemente quedó dentro de una categoría abierta.

Años más tarde alguien volvió a examinarlo.

Entonces reaparecía la pérdida de la esquina.

También aparecía una observación nueva:

Cubierta con huella de antiguo herraje o cierre.

Irene se detuvo.

—Esto es lo más concreto que tenemos sobre la impronta.

Sebastián se acercó.

Hasta entonces solo podían hablar de una presión antigua sobre el cuero.

Ahora un observador había propuesto una interpretación física.

No la describía como símbolo.

Tampoco como inscripción.

La consideraba una posible consecuencia de un elemento antiguo de la encuadernación.

Mauro preguntó:

—¿La damos por buena?

Irene negó.

—Como interpretación de quien examinó el volumen, sí. Como identificación definitiva del origen de la huella, no. El propio asiento duda entre herraje y cierre.

Sebastián escribió:

POSIBLE HUELLA DE ELEMENTO DE ENCUADERNACIÓN DESAPARECIDO

Nada más.

Era suficiente.

La impronta ganaba contexto material.

El manuscrito seguía sin recuperar un nombre.