CAPÍTULO 10 Siglos de entregas y regresos
BLOQUE 1
La primera vez que Sebastián intentó ordenar todos los movimientos comprobados del manuscrito dentro de una sola cronología, la tabla terminó llena de interrupciones.
No eran vacíos absolutos.
En muchos períodos existían documentos, pero no siempre del tipo que necesitaban.
Algunos inventarios describían el volumen años después de una entrega.
Había cartas que confirmaban la llegada de un lote sin enumerar todas sus piezas y relaciones de devolución que identificaban procedencias administrativas sin precisar el lugar físico al que correspondían.
En otros casos, solo sobrevivían copias tardías de documentos anteriores.
La continuidad no desaparecía.
Se volvía desigual.
Mauro observó las fechas.
—Hay décadas enteras sostenidas por dos referencias.
—Y períodos mucho más cortos con una cantidad enorme de papeles —respondió Sebastián.
Irene miraba otra cosa.
No las fechas.
El estado del volumen.
Cada vez que el manuscrito reaparecía después de un intervalo prolongado, algunos rasgos persistían.
Seguía siendo un volumen de pergamino incompleto en el comienzo.
La cubierta de cuero oscurecido continuaba asociada a una antigua impronta.
También reaparecía la costura rehecha.
Pero había modificaciones.
La protección provisional colocada para uno de los traslados ya no figuraba en etapas posteriores. En una revisión se describía desgaste en la parte inferior del lomo. Tiempo después, otra fuente indicaba que aquella zona había sido reforzada.
El manuscrito envejecía.
Y eso fortalecía la continuidad.
Si todas las fuentes hubieran repetido durante décadas una descripción idéntica, habrían tenido razones para sospechar una tradición textual dependiente.
No era lo que ocurría.
Irene colocó dos informes separados por varios años.
—Acá todavía dicen que la costura rehecha se mantiene estable. Después aparece desgaste en la parte inferior del lomo. Más tarde registran un refuerzo. No parece que estén copiando la misma descripción.
Sebastián asintió.
Estaban observando un mismo problema material en momentos diferentes.
La continuidad se hacía más creíble precisamente porque el objeto cambiaba.
Mauro señaló otra entrada.
—¿Y esto?
Era una nueva entrega.
La fórmula decía:
Se entrega para guarda mientras se resuelve su adscripción.
Sebastián la leyó con atención.
—No lo están enviando para clasificarlo solamente.
Irene negó.
—Lo están trasladando porque todavía no saben dónde debería permanecer.
Otra permanencia provisional.
Pero ya habían aprendido a desconfiar de esa palabra cuando se interpretaba como sinónimo de brevedad.
Algunas situaciones descritas como temporales habían durado años.
Sebastián escribió:
TEMPORALIDAD ADMINISTRATIVA ≠ brEVEDAD MATERIAL
Un libro podía ser recibido por ahora y permanecer durante un período considerable.
Eso cambiaba la manera de pensar el recorrido.
No seguían una sucesión rápida de movimientos.
Había largas etapas de quietud interrumpidas por decisiones administrativas.
Irene encontró una cláusula dentro de la misma entrega:
Deberá conservarse con la relación que acompaña su entrada.
Sebastián levantó la vista.
—Otra vez aparece documentación asociada.
Mauro buscó la referencia.
La relación correspondiente no estaba en la misma serie.
Figuraba dentro de una carpeta independiente.
El patrón volvía a repetirse.
Durante el traslado, el volumen podía circular acompañado por los papeles necesarios para justificar su recepción.
Una vez dentro de la institución, libro y documentos podían ser clasificados de forma diferente.
Pidieron la carpeta.
La relación había sobrevivido de manera incompleta, pero conservaba información suficiente.
Describía varios volúmenes remitidos al depósito.
Entre ellos aparecía uno sin título, de pergamino, incompleto al comienzo y con cubierta oscura.
No figuraban todos los rasgos materiales.
No hacía falta.
El número de ingreso enlazaba aquella relación con el asiento que ya conocían.
Mauro leyó el encabezado:
La entrega se realiza sin transmisión de dominio.
Sebastián volvió sobre la frase.
Era explícita.
No requería interpretar intenciones.
La institución receptora aceptaba una función de guarda.
La entrega no convertía esa función en propiedad.
Irene dijo:
—Esto sí separa claramente las dos cosas.
Sebastián asintió.
Presencia, responsabilidad material y dominio podían pertenecer a planos distintos.
La documentación histórica lo expresaba sin necesidad de teorías.
Al final de la relación aparecía otra condición:
Serán restituidos cuando se determine la procedencia o cuando otra casa pueda recibirlos con mayor conveniencia.
Eso abría dos posibilidades administrativas.
Una restitución.
O una nueva remisión.
El volumen podía continuar en cualquiera de esas direcciones según la decisión que se tomara después.
Sebastián miró la cronología.
La ruta no respondía a un itinerario previamente trazado.
Cada movimiento parecía resolver un problema concreto.
A veces la procedencia era incierta.
En otras ocasiones cambiaban las condiciones de guarda o una institución reorganizaba sus fondos.
Nada de aquello exigía una estructura secreta.
Eran decisiones ordinarias acumuladas durante siglos.
Precisamente por eso resultaba plausible que el manuscrito hubiera recorrido tantos lugares sin dejar una historia lineal.