BLOQUE 3
Leandro llamó cuando ya estaban terminando.
Sebastián miró el nombre en la pantalla antes de atender.
—¿Sí?
La voz llegó tranquila.
—Supongo que Burgos les está resultando útil.
Sebastián levantó la mirada.
Irene y Mauro entendieron quién era.
—¿Por qué lo suponés?
Hubo una pausa.
—Porque Almarza no habría insistido tanto en una ciudad si sus papeles no le hubieran dado alguna razón.
Era una explicación razonable.
Sebastián no necesitaba atribuirle nada más.
—No estamos siguiendo una ciudad.
—Nunca dije que lo hicieran.
—Entonces, ¿qué querés saber?
Leandro tardó un momento.
—Si encontraron continuidad.
La palabra era precisa.
Mauro dejó de escribir.
Sebastián preguntó:
—¿Continuidad de qué?
—Del volumen.
El tono de la conversación cambió apenas.
Sebastián se apartó de la mesa.
—¿Por qué esperás que exista?
—Porque Almarza siguió trabajando incluso después de encontrar los límites de sus pruebas.
—Eso demuestra que seguía investigando. No que conociera la continuidad.
—No dije que la conociera.
Sebastián dejó pasar unos segundos.
—¿Tenés documentación relacionada con los movimientos hacia el norte?
—Tengo algunas referencias.
—Te pregunté por documentación.
—Parte de esas referencias están sostenidas por documentos.
Aquello era diferente.
Sebastián no quiso inferir más.
—Si tenés material que pueda ayudarnos, necesitamos verlo con su contexto.
—Eso es más complicado.
—¿Por qué?
—Porque un archivo familiar no siempre conserva series completas. Hay notas de trabajo y copias hechas en momentos diferentes. Si les envío una pieza aislada, puede decir menos de lo que parece.
La respuesta no era absurda.
Después de todo lo que habían aprendido sobre dependencias documentales, Sebastián incluso podía entender la cautela.
—Entonces mandá también las referencias necesarias para saber de dónde sale cada pieza.
Leandro respiró antes de responder.
—Puedo preparar algo.
—Sin seleccionar únicamente aquello que sostenga una conclusión previa.
—Sebastián, cualquier consulta supone selección.
—No hablo de elegir una caja. Hablo de quitar lo que contradice una interpretación.
Leandro guardó silencio.
—En eso estamos de acuerdo.
La respuesta sorprendió a Mauro.
Sebastián continuó:
—Mandá solo lo que estés dispuesto a someter a contraste.
—Lo haré.
La llamada terminó sin más.
Sebastián regresó a la mesa.
Mauro preguntó:
—¿Qué tiene?
—No sabemos todavía.
—Pero conoce referencias del norte.
—Dice que sí.
Irene observó el teléfono.
—Y utilizó “continuidad”.
Sebastián asintió.
—Eso puede venir de sus papeles o de una interpretación suya. Hasta que veamos las fuentes, no sabemos cuál de las dos cosas.
Mauro parecía poco convencido.
—Fue demasiado específico.
Irene volvió al mapa.
—Justamente por eso no tenemos que usarlo.
Sebastián la miró.
—¿Los documentos?
—La expectativa.
Comprendió.
Si Leandro esperaba que la ruta siguiera hacia el norte y ellos empezaban a leer cada referencia buscando confirmar ese recorrido, la hipótesis podía convertirse en filtro.
Sebastián cubrió con una hoja las referencias todavía no verificadas.
Dejó visibles únicamente los tramos que podían sostener.
La etapa riojana.
Santo Domingo.
Burgos como nodo documental.
Los dos depósitos septentrionales enlazados materialmente.
Nada más.
—Esto es lo que sabemos —dijo.
Mauro señaló el borde.
—¿Y después?
—Después tenemos que demostrarlo.
Irene asintió.
Antes de reconstruir un viaje completo debían aceptar que aquel viaje todavía no existía como una sola historia demostrada.
Existían fragmentos materiales y permanencias.
Había cambios de descripción y reparaciones que ayudaban a reconocer el objeto.
También sobrevivían copias que habían recorrido caminos distintos.
Leandro podía poseer documentación útil.
Tal vez incluso hubiera reconstruido una parte de la secuencia.
Eso no significaba que fueran a aceptar una conclusión heredada antes de revisar las fuentes.
Mauro preguntó:
—Entonces mañana seguimos desde el último punto seguro.
—Sí.
—No desde lo que espera Velasco.
—No.
Irene cerró la carpeta.
—¿Y cuál es el último punto seguro?
Sebastián señaló el segundo depósito septentrional.
Allí tenían el volumen.
Pergamino.
Incompleto desde el comienzo.
Cubierta oscurecida con una antigua impronta.
Costura recompuesta.
Había sido recibido y examinado.
A partir de ahí, cada nuevo movimiento debía volver a demostrarse.
Sebastián dejó el mapa sobre la mesa.
Por primera vez disponían de información suficiente para empezar a reconstruir un recorrido de siglos.
Y también entendían por qué todavía no podían dibujarlo completo.
Cada línea tendría que pertenecer al manuscrito.
No a la necesidad humana de encontrar un camino continuo allí donde la historia solo había dejado pruebas parciales.