EPÍLOGO
Encontraron al anciano dos días después, descansando en un albergue de peregrinos cerca de Sarria, apenas a poco más de cien kilómetros de Santiago, según confirmó Otero tras coordinar con la propia Guardia Civil local que había mantenido, con discreción considerable,
cierta vigilancia sobre su paradero desde el primer reporte recibido.
Gabriel, viajando de inmediato junto a Adrien y Lucía apenas se confirmó la ubicación exacta, encontró a un hombre considerablemente mayor de lo que había anticipado, quizás pasados los ochenta años, con el rostro curtido de quien había pasado décadas enteras al aire libre,
y una mirada que combinaba fatiga física evidente con una determinación considerable que desmentía por completo la propia fragilidad de su edad.
---Doctor Llorente ---dijo, apenas los vio entrar al pequeño comedor del albergue, con una voz sorprendentemente firme---. Llevo caminando desde Le Puy, siguiendo la misma ruta que ustedes documentaron hace años, esperando el momento en que finalmente pudiera encontrarlos.
Gabriel, sentándose frente a él con una mezcla de cautela profesional y una curiosidad considerable, formuló la pregunta que representaba, para todo el equipo, la principal incertidumbre inmediata.
---¿Quién es usted exactamente, y qué es lo que necesita contarnos?
El anciano, considerando la pregunta con una calma que reflejaba, evidentemente, años enteros de preparación para aquel mismo momento, sacó de su propia mochila desgastada un pequeño volumen encuadernado en cuero oscuro,
considerablemente más antiguo de lo que cualquier objeto personal moderno debería parecer.
---Mi nombre es Baltasar Ordóñez ---dijo---.
Y durante los últimos cincuenta años, guardé algo que mi propio padre me confió antes de morir, algo que él mismo había protegido durante toda su vida, sin saber jamás si algún día encontraría a alguien dispuesto a completar lo que él nunca pudo terminar de descifrar.
Adrien, examinando el volumen con la misma fascinación profesional que había definido cada hallazgo anterior de la saga, sintió que el propio material y la propia encuadernación sugerían una antigüedad considerable,
aunque completamente distinta a cualquier otro documento que hubieran examinado hasta entonces.
---¿Qué contiene exactamente? ---preguntó, con la voz apenas contenida por la expectación.
Baltasar, abriendo finalmente el volumen con manos que temblaban ligeramente, no supieron si por la propia edad o por la emoción evidente del momento, señaló la primera página, donde una única línea, escrita en un latín considerablemente arcaico,
encabezaba lo que parecía ser un texto mucho más extenso.
---Dice que aquí, finalmente, se revela "el verdadero destino final del Camino, más allá de cualquier tumba, cualquier archivo, o cualquier llave que hasta ahora hayan encontrado" ---tradujo, con la voz cargada de una solemnidad considerable---.
Mi padre siempre creyó que esto era, literalmente, la última pieza.
El final completo de todo lo que generaciones enteras de custodios protegieron, disperso, durante mil seiscientos años.
Gabriel, Adrien y Lucía intercambiaron una mirada cargada de la misma mezcla de asombro y una inquietud considerable ante la magnitud de aquella afirmación, mientras Baltasar, cerrando finalmente el volumen con el mismo cuidado reverencial con el que lo había abierto,
ofreció una última advertencia que quedó flotando sobre la mesa del pequeño comedor del albergue.
---Pero deben saber algo más ---dijo, con la voz repentinamente tensa---. No soy el único que sabe que yo tengo esto. Y me temo, doctor Llorente, que no todos los que lo buscan comparten las mismas intenciones que yo.