CAPÍTULO 33 — El Camino Renace
BLOQUE 1
Gabriel volvió a la propia plaza del Obradoiro un mes después de la captura de Veiga, en una tarde tranquila de finales de verano, encontrando el bullicio habitual de peregrinos completando su propio Camino,
abrazándose frente a la fachada catedralicia con la misma emoción genuina que generaciones enteras habían sentido antes que ellos, completamente ajenos a la propia tormenta que había atravesado aquel mismo lugar apenas semanas atrás.
Lucía se unió poco después, sentándose junto a él en el mismo banco donde habían compartido, meses atrás, la breve calma que precedió al inicio de todo aquel tomo particular.
---¿Cómo se siente, volver acá después de todo esto? ---preguntó, con la misma curiosidad genuina que la había definido desde el primer día en Bobbio.
---Distinto ---admitió Gabriel, considerando la pregunta con honestidad---. No exactamente en paz, pero sí con la sensación de haber aprendido algo que ninguna de las investigaciones anteriores había logrado enseñarme con tanta claridad.
BLOQUE 2
Adrien y Daniel se unieron poco después, completando el pequeño grupo reunido, sin ninguna urgencia particular, simplemente para compartir una tarde tranquila antes de que cada uno retomara sus propias responsabilidades habituales.
---El comité aprobó, finalmente, el presupuesto completo para el viaje a Italia ---informó Adrien, revisando su propio teléfono con evidente satisfacción---. Bobbio, Bolonia, Roma. Vamos a poder completar, por fin, la investigación de los siete puntos que llevamos años posponiendo.
Daniel, escuchando aquella actualización con el mismo entusiasmo tranquilo que había definido buena parte del propio equipo a lo largo de toda la saga, ofreció una reflexión que capturaba el sentimiento compartido de todos los presentes.
---Después de este tomo particular, casi agradezco la perspectiva de investigar algo sin la urgencia constante de un enemigo activo persiguiéndonos ---comentó, con una media sonrisa cansada pero genuina.
BLOQUE 3
El teléfono de Gabriel vibró en aquel momento, con un mensaje de Otero que interrumpió, una vez más, aquella breve tranquilidad compartida.
"Doctor Llorente, disculpe la molestia en su tiempo libre. Recibimos un reporte curioso esta mañana: un hombre mayor, sin identificación clara, apareció caminando solo por el Camino Francés,
insistiendo en que lleva consigo un manuscrito que "revela el verdadero final" de todo lo que ustedes vienen investigando. Los agentes locales lo consideraron, en un principio, simplemente otro peregrino excéntrico. Pero mencionó su nombre específicamente, varias veces,
insistiendo en que solo hablará con usted."
Gabriel, sintiendo que la misma tensión familiar de cada inicio anterior de la saga volvía a instalarse, aunque esta vez acompañada de una curiosidad que ya no lograba contener del todo, compartió el mensaje con el resto del grupo.
---¿Otra vez? ---preguntó Lucía, con una mezcla de resignación y la misma curiosidad compartida que definía a todo el equipo.
---Otra vez ---confirmó Gabriel, ya poniéndose de pie con una determinación renovada---. Parece que el Camino, una vez más, decidió que todavía no habíamos terminado de caminarlo.
Adrien, levantándose también junto al resto del grupo, ofreció la última reflexión de aquella tarde, mientras la propia luz del atardecer empezaba a dorar la fachada barroca de la catedral a sus espaldas.
---Entonces vamos a averiguar quién es este hombre, y qué final cree conocer, antes de que alguien más decida que prefiere que ese final nunca llegue a contarse.
El Camino, una vez más, apenas empezaba a mostrar el siguiente paso de su recorrido, todavía inacabado después de tantos años, tantas pérdidas, y tanta verdad recuperada con esfuerzo compartido.