La Ruta de las Cenizas (El Código del Camino de Santiago 6) CAPÍTULO 21 — Noche de Vigilancia
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CAPÍTULO 21 — Noche de Vigilancia

BLOQUE 1

Con la fiesta de la Traslación acercándose apenas a cuatro días de distancia, y sin ninguna fecha exacta confirmada para el ataque planeado contra el museo catedralicio, el equipo organizó un sistema de guardias rotativas que se extendería, con considerable exigencia física y emocional,

durante cada una de las noches restantes hasta la propia celebración.

---Vamos a necesitar turnos de ocho horas, con al menos dos personas de confianza presentes en todo momento junto al equipo de seguridad oficial ---explicó Otero, coordinando el propio calendario de vigilancia con el resto del equipo---.

No podemos permitirnos ningún punto ciego, especialmente considerando que Veiga podría intentar actuar antes de la fecha simbólica, precisamente para evitar la seguridad reforzada que anticipamos para ese día específico.

Gabriel, asumiendo el primer turno junto a Lucía, sintió el peso considerable de aquella responsabilidad mientras observaba, desde un punto de vigilancia discreto dentro del propio museo, la vitrina donde descansaban los restos de Teodomiro,

ahora protegida con un cristal blindado adicional instalado apenas días atrás.

BLOQUE 2

---¿Nunca te cansás de esto? ---preguntó Lucía, durante una pausa silenciosa de aquella primera noche de vigilancia, con la voz baja para no perturbar la quietud del propio espacio museístico.

Gabriel, considerando la pregunta con una honestidad que solo el cansancio acumulado de tantos meses podía provocar, ofreció una respuesta que reflejaba plenamente su propio estado emocional en aquel momento.

---A veces sí ---admitió---. Pero después pienso en Teodomiro, escribiendo su propio testamento hace mil cien años, confiando en que algún día alguien cuidadoso terminaría de contar esta historia bien.

Y pienso que abandonar ahora, justo cuando alguien intenta destruir precisamente lo que él protegió con tanto cuidado, sería traicionar exactamente esa confianza.

Lucía, escuchando aquella reflexión con una comprensión considerable, ofreció su propia perspectiva sobre el mismo dilema compartido.

---Yo pienso en Fernando Reboiras, y en Xosé Amoedo ---dijo---.

Y en todos los que, a lo largo de esta larga saga, pagaron un precio considerable para que esta verdad llegara hasta nosotros.

No podemos permitir que todo eso termine reducido a cenizas, literalmente, por el dolor mal canalizado de un solo hombre.

BLOQUE 3

Las noches siguientes transcurrieron con una tensión similar, cada turno de vigilancia acompañado por la misma expectativa incierta, sin ningún indicio concreto de movimiento sospechoso que permitiera anticipar con precisión el momento exacto en que Veiga finalmente decidiría actuar.

Adrien, asumiendo el turno de la tercera noche junto a Daniel, encontró en aquella espera prolongada un espacio inesperado para la reflexión compartida sobre todo el camino recorrido desde Bobbio.

---Cinco tomos enteros, y todavía seguimos aquí, cuidando lo que encontramos ---comentó, observando la propia vitrina iluminada tenuemente en la penumbra nocturna del museo---.

A veces me pregunto si alguna vez vamos a poder simplemente descansar, sin la amenaza constante de que alguien más intente arrebatarnos o destruirnos lo que tanto esfuerzo costó recuperar.

Daniel, considerando aquella reflexión con la misma fatiga compartida, ofreció una perspectiva que capturaba, con considerable honestidad, el aprendizaje acumulado de toda aquella larga saga familiar.

---Quizás ese descanso nunca llegue del todo ---dijo---. Pero cada vez que logramos proteger lo que encontramos, sin perder a nadie más en el proceso, siento que nos acercamos, aunque sea un poco, a merecerlo.

Gabriel, relevando a ambos para el turno siguiente apenas amanecía el cuarto día de aquella vigilancia extendida, sintió que la propia fecha de la Traslación, ya inminente, representaría, de una manera u otra,

el momento decisivo que finalmente pondría a prueba todo lo que habían preparado durante aquellas noches interminables de espera tensa.