CAPÍTULO 20 — Emboscada en las Cenizas
BLOQUE 1
Mientras el equipo se concentraba en preparar la defensa del museo catedralicio para la fecha todavía incierta del ataque principal, un reporte urgente llegó desde una pequeña ermita cerca de Ponferrada, otro punto menor de la red que ni siquiera Xurxo había mencionado como objetivo conocido:
un grupo de tres individuos, sorprendidos por una patrulla rutinaria en el momento exacto en que intentaban iniciar un incendio, sin ninguna coordinación previa con el núcleo reducido que Lucien monitoreaba activamente.
---Esto confirma lo que temíamos ---dijo Gabriel, recibiendo la noticia con una mezcla de alarma y cierta validación de sus propias preocupaciones anteriores---.
Seguidores dispersos, actuando por su propia cuenta, sin necesidad de instrucción directa de Veiga.
La propia estructura descentralizada que Ferrol nos advirtió que enfrentaríamos.
El enfrentamiento, considerablemente más violento que la captura ordenada de Samos, involucró una breve persecución a pie cuando uno de los tres individuos intentó huir hacia un área boscosa cercana, resultando en una caída que le provocó una fractura considerable,
aunque sin poner en riesgo su vida.
BLOQUE 2
Otero, coordinando la respuesta desde Santiago apenas se confirmó el incidente, expresó una frustración considerable ante la imposibilidad de anticipar cada ataque individual dentro de una red tan dispersa.
---No podemos vigilar cada sitio mencionado en cualquiera de sus publicaciones, doctor Llorente ---dijo, con una sinceridad que reflejaba la magnitud real del desafío---.
Con recursos limitados, y con una amenaza tan descentralizada, cada nuevo incidente como este representa, básicamente, buena suerte más que estrategia efectiva de nuestra parte.
Gabriel, procesando aquella limitación con una frustración compartida, sintió que la propia naturaleza de la amenaza exigía, cada vez con más claridad, una solución que fuera más allá de la simple respuesta policial reactiva.
---Necesitamos encontrar la manera de que este mensaje llegue directamente a cualquiera que esté considerando seguir el ejemplo de Veiga, antes de que decida actuar ---dijo---.
No podemos protegerlo todo con vigilancia física.
Necesitamos, de alguna manera, desactivar la propia narrativa que los empuja hacia esto.
BLOQUE 3
Padre Esteban, escuchando aquella reflexión con la misma preocupación pastoral que había demostrado a lo largo de todo el tomo, ofreció una propuesta concreta que ya llevaba días considerando.
---Quizás sea momento de que yo mismo, con el respaldo del propio arzobispado, ofrezca una comunicación pública directa ---dijo---.
No para condenar únicamente la violencia, sino para reconocer genuinamente el dolor que estas revelaciones causaron en muchos creyentes sinceros, y para ofrecer un espacio real de diálogo pastoral, en lugar de dejar que ese dolor siga siendo canalizado exclusivamente por voces como la de Veiga.
Gabriel, considerando aquella propuesta con una apertura considerable dado todo lo aprendido a lo largo de aquel tomo particular, sintió que representaba, quizás, la única estrategia capaz de abordar la propia raíz del problema, más allá de cualquier detención individual que pudieran lograr.
---Hagámoslo ---dijo, finalmente---. Pero con cuidado, sin que parezca una respuesta débil frente a la violencia, ni tampoco una provocación adicional que Veiga pueda usar para reforzar su propio discurso victimista.
Lucía, procesando la magnitud de aquella nueva estrategia comunicacional, ofreció una última reflexión antes de que el equipo se dispersara hacia sus respectivas tareas urgentes.
---Estamos peleando, literalmente, en dos frentes a la vez ---dijo---. Uno físico, contra el fuego real. Y otro, considerablemente más difícil de ganar, contra la propia narrativa que sigue encendiendo ese fuego, una y otra vez, en cualquier corazón dispuesto a escucharla.