CAPÍTULO 14 — Defensa de Samos
BLOQUE 1
Los cinco días previos al domingo transcurrieron entre preparativos intensos, con Otero coordinando un dispositivo de vigilancia discreta que combinaba agentes de paisano distribuidos estratégicamente por todo el complejo monástico, cámaras adicionales instaladas con la máxima discreción posible,
y un plan de contingencia diseñado específicamente para permitir la detención de cualquier atacante sin que este llegara a comprender, en el momento de su captura, cuánto sabían realmente sobre la organización más amplia detrás del ataque.
---La estrategia es simple en su concepto, aunque compleja en su ejecución ---explicó Otero, presentando el plan final al equipo reunido---.
Dejamos que se acerquen lo suficiente como para confirmar sus intenciones sin ambigüedad, pero los interceptamos antes de que logren iniciar ningún fuego real.
Con suerte, van a asumir que simplemente tuvieron mala suerte con una patrulla rutinaria, sin sospechar que los estábamos esperando específicamente.
El abad de Samos, informado con la discreción necesaria sobre la amenaza específica que enfrentaba su propia comunidad, colaboró plenamente con el operativo, aunque sin ocultar la preocupación evidente que aquella situación le generaba.
---Cuarenta años en esta comunidad, y nunca imaginé que tendríamos que protegernos de un ataque deliberado motivado por fe distorsionada ---confesó, durante una reunión final antes del propio domingo---.
Pero haremos lo que sea necesario para proteger este lugar, que tanto ha sobrevivido a lo largo de los siglos.
BLOQUE 2
El propio domingo, con el amanecer todavía a más de una hora de distancia, el equipo de vigilancia detectó movimiento sospechoso en el perímetro exterior del monasterio: dos figuras, avanzando con cautela evidente entre la vegetación circundante,
cargando lo que parecían ser recipientes de combustible improvisados.
---Movimiento confirmado, dos individuos, acercándose desde el lado norte ---informó uno de los agentes por radio, con la voz apenas audible por encima de un susurro---. Portan lo que parece equipo de ignición.
Gabriel, Lucía y Adrien, observando el operativo desde un puesto de coordinación cercano al que Otero les había permitido acceso limitado, sintieron la misma tensión contenida que había acompañado cada momento decisivo de aquella larga saga.
---Que no se acerquen demasiado antes de intervenir ---murmuró Gabriel, más para sí mismo que para cualquiera capaz de escucharlo---. Necesitamos la confirmación completa de sus intenciones, pero no podemos arriesgarnos a que lleguen a iniciar cualquier fuego real.
BLOQUE 3
La intervención, ejecutada con precisión considerable por el equipo de Otero, ocurrió apenas los dos individuos llegaron a diez metros del propio muro perimetral del monasterio, todavía sin haber iniciado ningún intento de ignición: cuatro agentes,
surgiendo simultáneamente desde distintos puntos de cobertura previamente establecidos, redujeron a ambos sospechosos sin que ninguno lograra oponer resistencia significativa ni escapar hacia la oscuridad circundante.
---Dos detenidos, sin incidentes ---confirmó Otero por radio, con un alivio considerable en la voz---. Recipientes de combustible confiscados, sin que llegaran a usarse.
Gabriel, sintiendo un alivio profundo ante la primera victoria clara y sin consecuencias dolorosas que la investigación había logrado en mucho tiempo, no pudo evitar cierta satisfacción compartida con el resto del equipo.
---Lo logramos ---dijo, con una sonrisa cansada pero genuina---. Samos sigue en pie.
Adrien, sin embargo, ofreció una nota de cautela que templaba considerablemente aquel momento de celebración.
---Samos sigue en pie ---coincidió---. Pero todavía tenemos que descubrir si estos dos detenidos van a alertar, de alguna manera, al resto del grupo sobre su propia captura, y todavía nos queda el verdadero objetivo final, considerablemente más peligroso, esperando dentro de apenas nueve días.
Gabriel, procesando aquella advertencia con la misma determinación renovada que había sostenido a lo largo de toda aquella investigación, asintió lentamente, consciente de que aquella victoria, por merecida y necesaria que resultara,
representaba apenas un paso más dentro de una carrera considerablemente más larga y más peligrosa todavía por delante.