CAPÍTULO 9 — El Sermón de la Ceniza Pura
BLOQUE 1
Mientras la búsqueda física en la comarca de Sanabria avanzaba con la lentitud propia de un territorio extenso y disperso, Lucien, manteniendo su identidad digital ya establecida, logró acceso a lo que parecía ser una grabación de audio considerablemente más extensa que cualquier mensaje anterior:
un sermón completo, de casi cuarenta minutos, que el propio Veiga había compartido con sus seguidores más cercanos como una especie de manifiesto fundacional del movimiento.
---Necesitan escuchar esto completo ---dijo Lucien, compartiendo el archivo con el resto del equipo---. Revela considerablemente más sobre su propia lógica interna de lo que cualquier fragmento aislado había mostrado hasta ahora.
Reunidos en la propia oficina de la Hermandad, el equipo escuchó juntos la grabación completa, con la voz de Veiga, considerablemente más serena y controlada de lo que cualquiera hubiera anticipado dada la violencia de sus propias acciones,
desarrollando una argumentación elaborada sobre la naturaleza de la "pureza" que consideraba necesario restaurar.
"Hermanos, durante siglos, hombres sabios y piadosos protegieron a la Iglesia de verdades que, aunque técnicamente reales, habrían destruido la fe de millones si se hubieran conocido sin la preparación adecuada. Ahora, académicos arrogantes, escondidos tras el prestigio de sus universidades,
decidieron que ellos saben mejor que aquellos hombres santos cuándo y cómo debe conocerse la verdad. No los detendremos con argumentos, porque ya demostraron que no les importa razonar con nosotros. Los detendremos con fuego,
el mismo elemento que la propia tradición usó siempre para purificar lo que las palabras no lograban corregir."
BLOQUE 2
Padre Esteban, escuchando aquella argumentación con una gravedad considerable, ofreció una lectura teológica que ayudaba a situar la propia distorsión del pensamiento de Veiga dentro de un marco reconocible.
---Está apropiándose, de manera profundamente distorsionada, de la misma lógica que ya identificamos en Bastos y en los Fieles Guardianes ---observó---.
La idea de que ciertos "hombres sabios" tienen derecho a decidir, en nombre de todos los demás, qué verdad merece conocerse y cuál debe ocultarse.
Solo que Veiga invierte el método: en lugar de silenciar mediante el secreto, busca silenciar mediante la destrucción física de cualquier evidencia.
Gabriel, procesando aquella conexión con una inquietud considerable, sintió que la propia saga, después de cinco tomos enfrentando distintas variantes de la misma lógica de control institucional sobre la verdad,
se encontraba ahora frente a una manifestación todavía más radical y más peligrosa de exactamente el mismo impulso.
---Es casi como si cada tomo nos enseñara la misma lección, cada vez con consecuencias más extremas ---dijo---.
El impulso de controlar quién conoce la verdad, y cuándo, nunca termina bien, sin importar si se disfraza de protección institucional, de obsesión familiar, o ahora, de purificación religiosa violenta.
BLOQUE 3
Lucía, revisando el resto de la grabación en busca de cualquier detalle operativo específico, encontró hacia el final un fragmento que generó una alarma considerable entre todo el equipo.
---Escuchen esto ---dijo, avanzando hasta el minuto final de la grabación---.
"Pronto, hermanos, vamos a demostrar que ningún lugar está fuera de nuestro alcance, ni siquiera el propio corazón de la mentira que ellos mismos construyeron con tanto orgullo. Preparen sus corazones para el fuego más grande que hayamos encendido jamás."
El silencio que siguió a aquella escucha tuvo, para todos los presentes, el peso de una confirmación inquietante: Veiga no solo planeaba otro ataque más, sino algo considerablemente más ambicioso y más simbólico que cualquiera de los anteriores, probablemente dirigido, tal como ya sospechaban,
contra el propio corazón de Compostela.
Gabriel, sintiendo la urgencia creciente de aquella amenaza, se dirigió a Otero con una determinación renovada.
---Necesitamos acelerar la búsqueda en Sanabria, y necesitamos reforzar, de inmediato, la seguridad del propio Museo Catedralicio con todos los recursos disponibles ---dijo---. Si de verdad planea algo de la magnitud que sugiere este sermón, no podemos permitirnos ningún margen de error.