CAPÍTULO 8 — Anselmo Veiga
BLOQUE 1
Con la identidad de Veiga ya confirmada más allá de cualquier duda razonable, Otero coordinó con la propia policía la localización de cualquier familiar directo que pudiera aportar información adicional sobre su paradero actual, encontrando finalmente a su hermana, una mujer llamada Carla Veiga,
dispuesta a colaborar aunque con evidente dolor por la propia situación de su hermano.
---No hablo con él desde hace casi tres años ---les dijo, recibiéndolos en su propia casa en Ourense con una mezcla de resignación y preocupación genuina---.
La última vez que lo vi, ya no era el mismo hermano con el que crecí.
Hablaba constantemente de "corrupciones" y "purificaciones", de una manera que me asustaba, aunque nunca imaginé que llegaría a esto.
Gabriel, escuchando aquel testimonio con la misma comprensión que había intentado mantener a lo largo de toda aquella investigación, formuló con delicadeza la pregunta que representaba el objetivo principal de la visita.
---¿Sabe si mantiene contacto con alguien más, algún lugar donde podría estar viviendo actualmente?
BLOQUE 2
Carla, dudando un momento antes de responder, ofreció finalmente un dato que resultó considerablemente valioso.
---Hace un año, recibí una llamada suya, la última que tuve ---dijo---.
Estaba en una cabina telefónica, cosa que ya me pareció rara en sí misma.
Mencionó algo sobre quedarse "con hermanos que finalmente entienden la verdad", cerca de un pueblo del que nunca había oído hablar antes, algo relacionado con Sanabria, creo.
No le di demasiada importancia en aquel momento, esperando que fuera solo una fase pasajera.
Adrien, familiarizado con la geografía de la región, reconoció de inmediato la referencia.
---La comarca de Sanabria, en Zamora ---dijo---. Zona montañosa, considerablemente aislada, con varios pueblos pequeños dispersos. Perfecto para alguien que busca mantenerse alejado de cualquier vigilancia convencional.
Carla, procesando el peso completo de lo que estaba a punto de admitir sobre su propio hermano, ofreció una última reflexión antes de que el equipo se despidiera.
---¿Va a hacerle daño a alguien? ---preguntó, con la voz quebrada---. Porque a pesar de todo, sigue siendo mi hermano. No quiero que le pase nada malo, aunque tampoco quiero que él le haga daño a nadie más.
BLOQUE 3
Gabriel, sintiendo el peso de aquella pregunta imposible de responder con certeza completa, ofreció la respuesta más honesta que pudo reunir.
---Vamos a hacer todo lo posible para detenerlo sin que nadie resulte herido, incluido él mismo ---dijo---. Pero necesitamos encontrarlo antes de que actúe de nuevo.
De vuelta en el coche, ya alejándose de Ourense hacia Santiago, Otero coordinó de inmediato con la Guardia Civil de Zamora, solicitando un rastreo discreto de la propia comarca de Sanabria en busca de cualquier grupo o comunidad que coincidiera con la descripción vaga que Carla había ofrecido.
---Va a llevar tiempo, dada la extensión de la zona y la propia dispersión de la población ---advirtió Otero---. Pero al menos ahora tenemos una región concreta donde concentrar la búsqueda, en lugar de perseguir un fantasma sin ninguna ubicación aproximada.
Lucía, procesando toda la información acumulada durante aquel día, ofreció una reflexión que capturaba, con considerable precisión, la complejidad emocional de perseguir a alguien como Veiga.
---Es la primera vez, en toda esta saga, que siento verdadera lástima por alguien a quien estamos persiguiendo ---dijo---.
Roig, Kessler, incluso Bastos, actuaban con un cálculo frío que resultaba relativamente fácil de condenar sin ambigüedad.
Pero Veiga parece, más que nada, un hombre profundamente roto, que encontró en la destrucción una forma distorsionada de sentido, después de perder todo lo demás que alguna vez le dio propósito a su vida.
Gabriel, compartiendo aquella misma complejidad emocional, sintió que la propia naturaleza de aquel enemigo, humano y trágico en igual medida que peligroso, iba a exigirles, antes de que todo terminara,
una comprensión considerablemente más profunda que cualquier simple victoria táctica sobre sus propias acciones destructivas.