La rosa de las nieblas
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Prólogo
« Las personas que se sublevan contra un mundo en el que son dominadas lo hacen porque su imaginación les permite concebir posibilidades distintas a este ».
Y es que La rosa de las nieblas destila «sentido de la maravilla» en cada párrafo. Hoy en día no solemos usar este término que se refiere a la sensación de asombro, sorpresa, fascinación… al sumergirnos en un mundo imaginado, muy distinto al nuestro, que nos deja con la boca abierta.
Y, según me iba adentrando en el universo de La rosa de las nieblas , no dejaba de pensar que Lola Robles me había hecho reencontrar ese «sentido de la maravilla» que me impulsaba a leer novelas y relatos de ciencia ficción cuando era joven.
Leer esta novela me ha hecho recordar por qué empecé a leer estos géneros hace tantos años.
Cuando hablamos del sentido de la maravilla de La rosa de las nieblas , no se trata tan solo, ni mucho menos, de haber desarrollado un worldbuilding espectacular.
El planeta Niflhéim con sus ciénagas, sus selvas, sus valles ocultos, su atmósfera de densas nieblas rojizas (que dan título al libro), sus clanes que dominan las tierras...
Todo ello no es más que una ínfima parte de todo el universo que subyace bajo una trama tan entretenida que puede hacer que pase desapercibido todo el resto de temas que impregna la obra.
Temas, por otra parte, de rabiosa actualidad.
¿Se trata entonces de una obra adelantada a su tiempo? ¡Por supuesto que sí!
La aventura, emocionante sin duda, comienza cuando una nave con cuatro tripulantes, Érik, Jane, Sebeok y Yolen, aterriza en el primitivo planeta Niflhéim para cumplir con una misión que no se nos desvela de inmediato: buscan en ese lugar alguna manera de acabar con Ingvar, el emperador que se ha hecho con el poder de la galaxia, que procede de ese planeta y que posee unos poderes misteriosos que lo hacen prácticamente invencible.
Ni qué decir tiene que Ingvar es un déspota cruel y malvado.
En Niflhéim los protagonistas buscan un secreto que les permita acabar con él.
Y lo que encuentran y descubren, casi al mismo tiempo que el lector, es un lugar fascinante donde los clanes se organizan de manera feudal, poseen esclavos, las mujeres se hayan sometidas…
Un lugar que esconde algunos misterios que van apareciendo conforme avanza la novela.
¿Por qué hay tan pocas mujeres? ¿Acaso se esconden?
¿De qué o de quién? ¿Qué son esos pájaros que sobrevuelan los cielos del planeta y que los nativos afirman no haber visto?
¿Qué deseos y objetivos ocultos mueven a cada personaje? ...
Los secretos se van sucediendo y desvelando poco a poco.
La palabra «desvelar» refleja a la perfección lo que ocurre durante la lectura del libro: los velos se van quitando o, mejor aún, retirando, capa tras capa.
Son, a veces, casi transparentes; en otras ocasiones, más densos.
Al igual que las nieblas que rodean el planeta, ocultan al lector la verdadera esencia y profundidad de la rosa de las nieblas, el planeta Niflhéim.
Así, la trama principal que ya ha atrapado al lector, se enriquece más y más y revela esa amplitud de temas que tanto tiene que ver con la frase que destacábamos al principio: poder imaginar otras formas de vivir.
Lola Robles, más que contarnos directamente, nos deja entrever esas otras posibles maneras de poder organizar una sociedad por medio de diálogos en los que los personajes cuentan lo que sienten, lo que les duele o lo que desean.
Me gusta especialmente cuando los cuatro protagonistas han de tomar una decisión y se reúnen, hablan y discuten entre ellos.
Es entonces cuando el lector descubre la esencia de cada personaje y cómo el mundo del que cada uno de ellos procede lo ha modelado de una u otra forma.
A través de esos diálogos y de sus acciones, se desvelan su personalidad, sus dudas y su evolución, porque, por supuesto, un buen personaje cambia a lo largo de un libro.
Y un planeta como Niflhéim cambiará para siempre a los cuatro protagonistas, pero también a los indígenas que se van cruzando en sus caminos.
Los cuatro tripulantes protagonistas provienen de diferentes planetas «evolucionados»; en cada uno existe una cultura distinta y, por lo tanto, son muy diferentes entre sí.
Se supone que todos ellos están mucho más civilizados que los habitantes de Niflhéim, pero el lector comprueba enseguida que poseen los mismos sentimientos, deseos, ambiciones, codicias, dudas y ruindades que los, en apariencia, primitivos niflúngars.
Érik, Jane, Sebeok y Yolen cuentan con una tecnología muy superior, pero ¿son realmente superiores al resto de habitantes del planeta?
Entre todas las culturas que vamos descubriendo a lo largo de las páginas de esta historia, ¿quién es realmente superior a quién?
¿Acaso hay alguien realmente superior? La última verdad es que, de una u otra raza, todos somos humanos.
Muy diferentes entre sí y, al mismo tiempo, muy semejantes, aunque unos vayan armados con pistolas de rayos y otros con espadas, lanzas o piedras.
Las preguntas que se hace el lector, en ocasiones, son las mismas que se hacen los protagonistas en sus conversaciones.
Otras veces, son las acciones de los protagonistas las que nos invitan a reflexionar sobre conceptos que ahora están de plena actualidad.
¿En qué consiste la libertad? ¿Vale la pena asesinar para conseguirla?
¿Un fin superior justifica cualquier tipo de actos?
¿Realmente hemos evolucionado tanto como seres humanos?
¿Podemos amar a más de una persona? ¿Se puede permanecer imparcial ante todo tipo de injusticias y crueldades? ...
En la expedición que Robles nos presenta ningún personaje es un astronauta perfecto.
Cada uno de ellos lidia con sus propias pulsiones como buenamente puede, ya provenga de una sociedad « hippy » y pacifista, «intelectual», un mundo capitalista o un entorno mercenario.
Y cuando se encuentran en un mundo primitivo, en lucha, y con una sociedad feudal en la que unos clanes, dirigidos por sus señores, los kerris, están enfrentados los unos con los otros; en la que existen amos y esclavos, en la que unos esclavos fugitivos luchan por la liberación...
la tentación de intervenir es enorme. Por mucho que las normas lo prohíban.
Por su parte, los habitantes de Niflhéim cargan con su propia historia: han sido expulsados de su planeta natal y castigados con el exilio.
Han tenido que adaptarse a las características propias de este nuevo lugar y añoran regresar al idílico planeta de origen del que hablan todas sus leyendas.
Cada clan y cada señor se presentan muy diferentes, pero todos ellos comparten un misterio que finalmente descubrirán los protagonistas y que tiene que ver con las mujeres.
(Y que, por muchas ganas que tenga, por supuesto, no desvelaré).
Así, las distintas formas de organizarse, de pensar y, también, de amarse, aparecen ante los ojos de los personajes y del lector, que los descubre al mismo tiempo que ellos.
Y muchas veces esos personajes también se sorprenden de sus propios comportamientos, que no son los que se esperaban.
Y es que Niflhéim les hace descubrir en su interior lo que ni siquiera ellos sabían que existía.
Por supuesto, la función de una novela es también entretener.
Y en La rosa de las nieblas la trama atrapa al lector desde el primer momento: las aventuras, los peligros, los diferentes personajes que los protagonistas se van encontrando, se suceden unos tras otros, mientras el lector no puede dejar de pasar páginas para saber qué va a ocurrir a continuación.
La historia se descubre a veces como si se tratara de un folletín (amores imposibles o secretos, pasiones ocultas…), pero también incluye una trama política (enfrentamiento entre los diferentes kerris, el levantamiento de los esclavos, el escondrijo de las mujeres…).
Y, como ocurre en las buenas obras de ciencia ficción, como decimos, la obra también nos hace pensar sobre estas cuestiones, digamos, filosóficas.
Esa dualidad entre entretenimiento y reflexión Robles la ha equilibrado a la perfección.
En esta edición se incluye al final un glosario que recoge tanto términos como personajes.
Cuando leí la novela por primera vez, el glosario se encontraba al principio.
Creo que es mucho más adecuado así, como lo tienes ahora entre tus manos.
Es mejor sumergirse poco a poco en el conocimiento cada vez más profundo de este universo sin necesidad de «un diccionario previo».
Deja que cada personaje asome a su propia velocidad entre las páginas, el follaje, las arenas o los valles de Niflhéim.
Deja que cada nombre se abra paso y se desvele entre las nieblas rojizas y densas del planeta.
No se necesita un mapa para entenderlo, es mucho mejor descubrirlo en cada palabra, cada página, cada diálogo…
Deja que el sentido de la maravilla te atrape poco a poco.
La rosa de las nieblas se convertirá, así, en una lectura que te sorprenderá, te entretendrá, te hará reflexionar y que, sencillamente, te maravillará.
La imaginación de Lola Robles te descubrirá, poco a poco, otras formas de pensar, de vivir, de amar… ¿Y qué hay mejor que eso?
Susana Vallejo, diciembre de 2025