La Riqueza del Amor Epílogo
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Epílogo

¡¡MAYDAY!! ¡¡MAYDAY!! ¡¡TENEMOS UN PROBLEMA ÉPICO!!

Hace unas semanas que he divisado un unicornio negro de crines color azabache y enormes alas.

El malnacido no deja de revolotearme como si fuera una mosca cojonera o, mejor dicho…

un puñetero animal mitológico capaz de cambiar de forma y convertirse en un hombre con aspecto de dios de las tinieblas de más de metro ochenta, espalda ancha, brazos musculados, pecho esculpido, mandíbula angular, ojos profundos como un pozo y…

¡Buf! Espera, que cojo aire…

Y los labios más carnosos y besables que ha creado el jodido universo.

Y sí… solo pienso una y otra vez en cabalgarlo sin importar su forma.

«¡Ey! Para el carro, jinete, y vuelve de tu Monte Olimpo particular».

«Gracias, mente, porque, aunque últimamente estás siendo una capulla, de tanto en tanto tienes algo de cordura».

Vuelvo a coger aire con fuerza e intento apartar la vista de Florencio, si lo sigo mirando o peor aún, si me sigue mirando él así, hoy no solo vamos a celebrar la libertad de Wil, sino que asistiremos al entierro de mi «culito».

Si Lola descubre lo que ocurrió en Barcelona…

sufre un ictus al momento, cortocircuita, parada, apagón, caput .

«¡¡DEJA DE MIRARLO!!». Me grita mi cabezota charlatana y chillona.

«¡¡Es él que no para!!». Le replico excusándome e intentando apartar mis ojos de los de Florencio.

He llegado a un punto algo deprimente, me paso el día entero discutiendo conmigo mismo, es como si tuviera un ángel y un demonio particulares y no dejaran de lanzarse pullas y recriminarse actitudes.

He convertido mi mente y mi vida en mi mejor obra, una que interpreto todo el día. Sin duda, mi mejor papel.

Bueno… vale… de tanto en tanto fallo un poquito.

«¿Un poquito?». Y ahí está esa maldita voz demoniaca.

¡¡SÍÍÍÍ…!! A veces fallo de manera descomunal. Y no me refiero a algo a nivel «he pisado una mierda», ¡¡NOOO…!! Me refiero más bien a algo del tipo: «sin ropa, sudor y fluidos».

Solo de pensar en ello me dan todos los calores.

Manuel y Florencio siguen hablando y no dejan de mirarme, he de hacer algo para distraer mi mente…

«¡Piensa, Taky! ¡Piensa, joder!».

La risilla de Lola me atrae y de repente una idea muy lúcida llega.

«Un clavo saca a otro clavo. Si no puedes saltar sobre uno… hazlo sobre otro».

Y lo hago.

Salto sobre Wil, el novio #megasuperflipanteybuenorro de mi querida «culito».

Y… hago el gilipollas.

Pero, como es algo habitual en mí, nadie me lo tiene en cuenta. Ni siquiera el pobre Wil se escandaliza. A saber qué le ha contado Lola. Sea lo que sea, me vale.

Ahora sí le ha tocado la lotería a mi Lolita, este hombre es como un delicioso queso Brie, duro por fuera —y qué dureza— y tierno por dentro. Solo necesito que corresponda al abrazo con el que le he asaltado para saber que es un gran tipo y con un blandito corazón. No esperaba menos de mi amiga.

«Claro, por eso escogió primero a Florencio».

«¡¡CÁLLATE!! Cabezota pesada».

Me bajo de Wil y… «¡¡MIERDA!!», solo un segundo después lo siento ahí, justo detrás de mí, irradiando toda esa energía sofocante cargada de promesas lujuriosas que…

«¡Bajo ningún concepto vas a cumplir». Habla mi parte más cuerda y suspiro aliviado.

«Cuando pruebas el néctar de los dioses… estás vendido. Y tú, Eustaquio Fernández Gómez… te pegaste una jartá de néctar».

¡Buf! Voy a acabar más majareta de lo que ya estoy y todo, completamente todo, es culpa de él: Florencio Mantecón.

No, no se podía quedar en Villavacas del Monte siendo un paleto pueblerino con nombre tan ridículo como el mío.

Nooo… Él tenía que subirse a ese puñetero taxi aquella madrugada.

Creo que de la calefacción de ese coche salía una especie de droga extraña que provoca mutaciones inexplicables.

Porque después de ese viaje ya nunca nada ha vuelto a ser igual, ni yo…

ni mucho menos Florens. Ha cambiado, se ha convertido en otro hombre, uno que resulta tremendamente perturbador…

e irresistible. Algo que es muuuy preocupante, porque él siempre ha sido mi archienemigo y así debe de seguir siendo.

«O quizá ya no…».

¡¡MIERDA!!

Lo que está claro es que mientras Lola ha estado desaparecida, todo estaba controlado, o, mejor dicho, contenido, pero ahora… ¿ahora qué?