Capítulo 19. La Purga
La Purga
Apresurado, ya cerca de la plataforma superior, Kabil se adentró en el módulo de Vorak, la puerta abierta, él ya le estaba esperando.
Kabil accedió al despacho de Vorak y este, estaba impasible de espaldas.
Kabil: Buenos días Comandante
Vorak: [con seriedad] Siéntate… por favor, Kabil. Y procede con tu reporting.
Kabil, se sentó en la única silla que quedaba en el despacho, Vorak parecía improvisar, pero realmente, había preparado esta reunión durante horas.
Kabil, lo notó, pero él no había tenido tiempo de barajar todas las situaciones posibles en aquella ocasión, habían sido semanas difíciles, así que, simplemente procedió.
Kabil: [leyendo] Productividad Nivel II: reducida 34 % en dos semanas. Productividad Nivel III: reducida 41 %. [pausa] Incidentes de insubordinación: diecisiete. Demandas de aumento de raciones: constantes. Trabajo detenido completamente en tres ocasiones.
Vorak miraba por la ventana hacia la brecha, dando la espalda a Kabil
Vorak: [con indiferencia] ¿Causa?
Kabil: [ajustando gafas] Multifactorial.
Los últimos eventos simultáneos están alterando la colonia, demasiadas variables sin justificación en poco tiempo.
Esa música endiablada y esos soles amarillos…
la muerte de Magnus. La gente deja de trabajar y habla, chismorrea, inventa…
[silencio]…. Piensa Vorak, piensa demasiado.
Vorak: [girándose] ¿Y los soles? Los símbolos amarillos. ¿Se siguen pintando?
Kabil: [asintiendo] Sí. Aparecen nuevos cada noche. No he podido identificar al fantasma, que encima tiene el arrojo de firmar con ϕA. Mis cámaras tienen puntos ciegos. [pausa] Quien lo hace conoce el sistema.
Vorak: [endureciéndose] Jassim.
Kabil: [asintiendo] Probablemente. Desde el Pozo. Usando ayudantes. Y los soles... los soles tienen efecto psicológico. Especialmente en habitantes mayores que recuerdan sol real. [pausa] Les dan esperanza…
Vorak: [golpeando escritorio] ¡La esperanza es peligrosa! ¡La esperanza sin base crea caos!
Kabil: [calmadamente] Concuerdo. Por eso recomiendo una acción decisiva.
Vorak: [mirándolo] ¿Qué propones?
Kabil: [abriendo carpeta final] Operación de Saneamiento. Purga completa. Nivel por nivel. Eliminar símbolos amarillos. Arrestar portadores de memoria que difunden narrativa subversiva. Restaurar disciplina mediante fuerza necesaria.
Vorak: [procesando] ¿Arrestar portadores de memoria? ¿Te refieres a.…?
Kabil: [asintiendo] Ancianos. Habitantes del Año 0. Los que recuerdan un mundo anterior. Sin ellos, los soles son solo... símbolos vacíos sin significado alguno, los jóvenes no sabrán qué representan.
Vorak: [bajando el tono] Propones eliminar a los primeros habitantes, ¿por recordar?
Kabil no planteó esta solución de manera espontánea, nada de lo que hacía era al azar, y Vorak lo sabía.
Él esperaba de algún modo esta situación desde hacía tiempo atrás…
y este era el momento idóneo. Una vez eliminada la masa de los primeros habitantes, se quedaría con la base perfecta para su proyecto Arca, solo jóvenes y desmemoriados, que lo que aportaban era fuerza, trabajo y la semilla para propagar su gen perfecto.
Era el primer paso para conseguir su Homo Optimus.
Kabil: [sin vacilar] Propongo neutralizar un vector de infección ideológica. Color, música, memorias solo tienen poder si alguien puede explicar qué significan. Sin explicadores... son solo anomalías. Curiosidades. No revoluciones.
Vorak caminaba hacia el mapa, señalando un círculo rojo
Vorak: ¿Y el Pozo?
Kabil: Solución permanente. [pausa malévola] Quemarlo.
Vorak: [girándose bruscamente] ¿Fuego?
Kabil: El Pozo es la fuente. Jassim es obvio que está suministrando información valiosa al fantasma amarillo y esa música tiene que provenir de allí, no sé cómo, pero he rastreado la colonia entera y no veo ningún aparato de música, tiene que venir de abajo, del Pozo.
Usaremos… bombas incendiarias, lanzadas por la brecha.
Lo haremos rápido, será un símbolo, acabaremos con el mal que destruyó a Magnus.
Vorak: [silencio largo] Estás proponiendo... un genocidio.
Kabil: [corrigiendo] Estoy proponiendo una… amputación del miembro gangrenado. [pausa] Para salvar el resto.
Vorak: [volviendo a ventana] Durante treinta años mantuve el orden sin masacre.
Kabil: [fríamente] Durante treinta años no nos enfrentamos a una amenaza existencial al sistema.
Pero ahora... el orden se desmorona. No dramáticamente, sino erosionándose, día a día.
La cuota no es cumplida en ningún nivel.
En tres meses, el sistema colapsará. No porque la gente se rebele violentamente sino porque dejen de obedecer. [pausa] Y eso es peor.
Kabil: [continuando] una rebelión violenta la puedes aplastar. Pero la desobediencia pasiva... es como agua erosionando la piedra. No puedes detenerla con fuerza. Excepto...si eliminas la fuente.
Vorak, el capitán Nelson Vorak, que se había definido a sí mismo como el salvador de la humanidad, ahora se encontraba entre la espada y la pared, dejaba que el libre albedrío se hiciese con el control o tomaba las riendas de nuevo.
Y como aquella vez… ese día que cerró el portón de búnker, tomó una decisión.
Vorak: [suspiró] ¿Cuándo?
Kabil: [con entusiasmo] Pronto. Antes de que la erosión sea irreversible. Una semana, quizás menos.
Vorak: [asintiendo lentamente] Prepara la Guardia. Movilización total. [pausa] Pero yo decido cuándo.
Kabil: [mirada cómplice] Entendido mi Lord.
Alguien llegó aproximándose a toda velocidad hasta el hall de la entrada a los aposentos de Vorak, era directamente del capitán de la Guardia Gris.
Vorak escuchó el reporte.
Rebelión en Nivel III
Insurrección
Unidades ajenas al orden diario
Espero confirmación de órdenes
En silencio, aguantando las manos entrelazadas para evitar el análisis gestual, y porque realmente lo que le nacía hacer es golpear a quien le ha traído ese mensaje.
La rabia le recorría las venas, sentía que la gente era desagradecida, que no apreciaban nada de lo que él había hecho por ellos, él les salvó de la extinción masiva que asoló el planeta, y ahora… se lo pagaban así.
Vorak: [después de que capitán terminó] ¿Cuántos?
Capitán: [mirada baja] Trescientos, quizás más. Se están organizando.
Vorak: [encolerizado] Treinta años. Treinta años de orden perfecto y seis semanas...seis semanas de símbolos amarillos y música maldita... y esto. [pausa] Caos.
El Capitán, que llevaba dos semanas de trabajo y desgaste terribles y que había tenido que asumir el mando de la Guardia Gris de improviso, ahora esperaba las órdenes que nunca hubiera querido escuchar y mucho menos cumplir.
Vorak: [levantándose] Moviliza a la Guardia al completo. Trescientos cincuenta. [pausa] Operación Saneamiento comienza mañana al amanecer.
Capitán: [asintiendo] Sí, Comandante. [pausa] ¿Objetivos?
La mirada de Vorak cambió, abandonado o traicionado según él, por aquel al que trató como su hijo, acorralado por la muerte de Magnus, y con la colonia enloqueciendo, se dejó llevar por la ira.
Vorak: Todo. Borramos cada maldito sol amarillo. Arrestamos cada portador de memoria. Restauramos el orden. Y quemamos el Pozo. [pausa] Con todos dentro.
Capitán: [tragando] Entendido.
Kabil asintió mirando a Vorak con complicidad.
Vorak: [antes de que capitán saliera] Y que los Guardias entiendan. [pausa] Esto no es un castigo. Esto es saneamiento. La colonia está infectada por El Virus amarillo, un virus de caos. Y como todo virus... debe ser erradicado.
Pabellón de Acero — Balcón de la Guardia — 07:00 horas
Trescientos cincuenta Guardias formaban en filas perfectas.
La mejor selección de los hijos de la Montaña, con sus uniformes grises impecables y portando bastones de acero en sus manos que sabían utilizar como extensión de sí mismos.
Sus rostros mantenían expresiones neutras, pero en sus ojos se atisbaba algo más, quizás, miedo.
Vorak estaba en la plataforma elevada, con su uniforme negro y su implacable actitud. Su voz se amplificaba de manera natural por la acústica natural del Balcón.
Vorak: [a modo discurso] Durante treinta años hemos mantenido el orden en esta montaña.
Hemos construido una civilización desde las cenizas.
Hemos preservado a la humanidad cuando el mundo exterior murió.
[pausa] Y lo hemos hecho a través de disciplina.
A través de estructura. A través del Dogma del Acero.
Los Guardias permanecieron inmóviles.
Vorak: [continuando] Pero en los últimos días, un virus ha infectado nuestra colonia.
Un virus de caos. De color que no pertenece aquí.
De música que nubla mentes. De memorias que debilitan la resolución.
[pausa] Algunos de ustedes lo han visto.
Soles amarillos pintados en paredes que son una burla a todo lo que construimos.
Murmullo bajo entre Guardias.
Vorak: [subiendo el tono] ¡Esos símbolos no son arte! ¡No son esperanza! ¡Son INFECCIÓN!, la misma que destruyó el antiguo mundo y que ahora se ha colado en nuestra colonia, [pausa] como toda infección... debe ser erradicada.
Kabil se acercó a Vorak sosteniendo una lista.
Vorak: [leyendo en voz alta] Habitantes nacidos antes del Año 0: 1.247. Habitantes nacidos después del Año 0: 1.642. [pausa] Los primeros están infectados, por sus recuerdos, sus memorias, por aquello que convirtió el mundo antiguo en cenizas.
Kabil: [continuando] Por eso nuestra operación tiene dos objetivos: Uno, eliminar todo rastro amarillo de todos los niveles. Dos, neutralizar a todos los que puedan explicar su significado. [pausa] Los portadores de memoria, Los transmisores del virus.
Vorak: [a los guardias] Hoy ejecutamos una Operación de Saneamiento. Nivel por nivel. Comenzando en Nivel II y descendiendo hasta Nivel III. [pausa] Usen la fuerza necesaria para mantener orden.
Vorak: [levantando bastón] ¡Guardia Gris! ¡Movilización total! ¡Nivel II primero! ¡Eliminen el amarillo! ¡Restauren el gris! ¡POR EL ORDEN!
Trescientos cincuenta Guardias: [al unísono] ¡POR EL ORDEN!
Y descendieron extendiendo el terror de acero hacia los niveles inferiores, hacia cualquier lugar donde hubiese florecido el color, para matarlo.
Invernaderos — 08:15 horas
Los Guardias llegaron al Nivel II como tormenta de arena de la que nadie pudo resguardarse, entraron a los invernaderos, al Internado, a las cuevas…y comenzaron.
En los invernaderos, un Recolector de sesenta años estaba regando hongos cuando vio a los Guardias entrar con pinturas en trapos, se dirigían al sol amarillo pintado detrás de la cámara de Kabil.
Milo: [interponiéndose] ¡No! ¡Eso es... eso es hermoso! ¡No pueden destruirlo!
Guardia: [empujándolo] Apártate, viejo.
Milo: [resistiendo] ¡Recuerdo el sol! ¡Recuerdo su calor! ¡Este símbolo es recordatorio de que alguna vez...!
El Guardia golpeó al anciano en las costillas dejándolo doblado en el suelo, inmóvil. Y borraron el Sol hasta que el amarillo desapareció. Al mismo tiempo, la avalancha gris llegó a la zona de las fuentes de agua.
Oñara estaba llenando jarras, cuando empezó a escuchar a las gentes gritar y a los guardias avanzar con decisión.
La anciana entendió que era el momento del caos, aquello en lo que estuvo trabajando durante los últimos meses enloqueció por fin a Vorak, y sonrió profundamente mientras lanzó por los aires su cántaro de agua.
El mago y su magia hacían efecto desde la oscuridad, pero aún era pronto, esto solo era el comienzo, el viejo loco se quitó de en medio él solo, al fin y al cabo, era el más humano de todos.
Aún quedaba otra parte de su misión: tenía que soltar al Halcón cautivo. Se enteró de dónde guardaban a la muchacha por la que perdió la cabeza, algunos Custodios descontentos que hablaban demasiado, no se percataron de que una anciana ciega estaba cerca.
Pero tenía que apresurarse, la purga que se había iniciado era solo el principio, Vorak planeaba quemar el Pozo, tenía que sacarlo de allí. Justo acababa de pasarle esta información al único guardia que tenía acceso al montacargas y que estimaba lo suficiente a Kael como para jugarse la vida.
Ella está tan inmersa en su mundo interior que no se percata de todo lo que está aconteciendo a su alrededor. Entonces, una multitud huyendo, se abalanza sobre Oñara, que trata de orientarse, pero con tanto ruido le cuesta buscar refugio.
Escuchó botas, muchas botas, corriendo, gritando y aplastando espíritus.
Oñara: [desorientada] Demasiado ruido... no puedo... no puedo orientarme...
Se movió hacia las fuentes, buscando seguridad, buscando algo familiar.
Pero el caos la rodeaba, los gritos, los golpes, la gente siendo arrestada.
Y un Guardia joven, de apenas diecinueve años, en su primera operación importante, corrió sin ver, o quizás demasiado concentrado en su objetivo.
Caminó alterado, ahogado en adrenalina pura y masticando miedo, hasta que vio una figura moviéndose cerca de la fuente, y en un ejercicio de descuido programado, levantó su bastón, y golpeó.
El frío metal golpeó contra su cráneo y Oñara cayó, hacia atrás, se desvaneció en la fuente, la misma fuente que le había dado asiento y agua durante tantos años. Su cabeza golpeó el borde de piedra dejando salir su sangre roja que se mezcló con el agua tiñendo la fuente.