Capítulo 18. Virus #2
Fodos: [finalmente girando, sonrisa amplia] ¿A estas horas? bien sabes que las cuotas de agua se distribuyen por la mañana.
Mientras entraba lentamente en la despensa de Fodos, ella observaba con su ojo bueno, por si pudiese haber algo que la delatase en aquel lugar.
Oñara: En tiempos extraños, Fodos, las reglas se... flexibilizan. También es tarde para tus ratoncitos…
Fodos observaba cómo Oñara navegaba por su despensa calculando cada movimiento de una manera tan precisa que hacía sospechar sobre su ceguera, aunque él ya sabía...
Fodos: [acercándose] ¿Tiempos extraños? [pausa] ¿Te refieres a? ¿Magnus?
Oñara: [deteniéndose] Pobre hombre. [pausa] Saltar así. Terrible.
Fodos: Terrible. [pausa, rodeándola lentamente] a la par de, como diría … ¿inspirador?
Por un momento se hizo el silencio, solo un goteo de agua constante en las cañerías los acompañaba. Fodos caminaba despacio en varias direcciones, como si tratase de confundir a la anciana.
Oñara: Tienes gustos extraños, Fodos, no entiendo ese tipo de inspiración la verdad...
Fodos: [deteniéndose detrás de ella] Claro que entiendes. [pausa] Ciega no significa sorda, Oñara tú escuchas cosas. Sabes cosas.
Aquello se iba a convertir en un duelo de disparos al vuelo, donde se vería quien acertaba más sin saber dónde apuntar.
Oñara: [girando hacia él] Solo sé lo que me dicen, Fodos, soy ciega. ¿Recuerdas?
Fodos: [sonrisa ampliándose] Por supuesto. Pero los oídos ciegos son... agudos. [pausa] ¿Has oído algo sobre... tiza amarilla?
Oñara agarró más fuerte su bastón, imperceptible, pero Fodos lo notó.
Oñara: [incrédula] ¿tiza?
Fodos: Soles en paredes multiplicándose como... una plaga.
Oñara: [pequeña sonrisa] Soy ciega, Fodos. No veo soles, ni grises, ni nada.
Fodos: [riendo, sonido desagradable] Cierto, cierto. [pausa] Pero otros sí ven. Y hablan. ¿Te han hablado?
Oñara: [encogiéndose de hombros] las recolectoras hablan de muchas cosas, las cuotas, los guardias, sus dolores de espalda. [pausa] raramente escucho.
La actitud de Oñara estaba agotando al rey de la sabana, no terminaba de entender qué pretendía y porque le había citado esta noche, si realmente no tenía nada que contar.
Él sabía perfectamente que la ciega ocultaba algo, pero se le escapaba ver qué propósito le llevaba a ello.
Al fin y al cabo, Oñara conocía de sobra la postura de Fodos del lado de Kabil y del dogma, ella entendía mejor que nadie la encrucijada de Fodos en este momento, él era el dueño y señor del Nivel III y ahora, con tanto revuelo, estaba presionado.
* * *
Fodos se acercó mucho más, tanto que ella pudo oler su detestable aroma a rancio
Fodos: [susurrando] Mentirosa.
Un silencio tenso se creó entre ellos, pero la anciana no retrocedió.
Oñara: [fríamente] ¿Me llamas mentirosa? Vine aquí a saber qué opina el rey de la sabana sobre lo que ocurre, sobre lo que no ocurre y sobre lo que ocurrirá.
Fodos: [suavizando el tono] Te llamé... observadora. Una ciega que ve más que muchos con dos ojos. [pausa] ¿Tú me preguntas a mí si sé que va a suceder? O necesitas saber... [pausa más larga]... ¿qué lado elegirá el gran Fodos cuando orden finalmente colapse?
Extraña o sutilmente Fodos decidió tener un descuido fugaz, algo que parecía filtrar sus propios pensamientos, algo que no debería haber dicho. Oñara inclinó su cabeza mientras estudiaba lo que acababa de escuchar.
Oñara: [lentamente] ¿El Orden va a colapsar?
Fodos: [retrocediendo, brazos abiertos] ¿Yo dije eso? Solo... especulo. [pausa] Magnus saltó al aire, los guardias están nerviosos, los recolectores murmuran mientras alguien… pinta soles.
Oñara: [asintiendo] Entiendo tu preocupación, pero no veo cómo una ciega puede ayudar con...especulaciones.
Fodos: [impacientándose] Deja la actuación ya, Oñara. [pausa] Ambos sabemos que finges.
Oñara se quedó inmóvil, esa afirmación de parte de Fodos era un ataque frontal, algo impropio de él, y la palabra fingir podía tener muchas connotaciones en ella.
Oñara: [finalmente] ¿Finjo?
Fodos: [triunfante] No me refiero a tu ceguera, ya sé que no es completa, lo sabe todo el mundo. [pausa] te he observado desde hace tiempo, sé que sabes más de lo que te gustaría y sé que cuentas menos de lo que oyes...
Oñara observaba a Fodos con detenimiento, la situación afuera tenía que ser muy grave para que Fodos se quitase la careta así, y fuese tan directo. ¿Sería posible que lo que estaban provocando fuese tan fuerte? Quizás había medido mal su ayuda a Jassim y la complicidad con Torbe.
Fodos: [acercándose de nuevo] Información por información. Yo guardo en secreto tu status... ya sabes tu “ceguera” selectiva. Te permito seguir yendo de aquí para allá, manejando tus susurros y tus chismes, te dejo terminar tus días de una forma digna. [pausa] y tú me dices... quién pinta soles.
Totalmente con la careta quitada, el cerdo había atacado fuerte, era una amenaza, y no era un hombre cualquiera, Oñara para él era importante, amenazarla así era un órdago a la grande.
Oñara: [después de pausa larga] No sé quién pinta soles.
Fodos: [frustrado] ¡Mentira!
Oñara: [firme] Verdad. Pero…sé algo más valioso.
Fodos: [interesado] ¿Qué?
Oñara: [sonriendo sin humor] Sé que no importa quién pinta, importa que los recolectores crean en soles. Que los extractores ven esperanza en el fantasma amarillo y que incluso algunos Guardias... dudan.
Fodos: [procesando] ¿Y?
Oñara: Y cuando el Orden colapse...no importará qué lado elegiste tú o yo. [pausa] Importará qué lado eligieron mil extractores con picos.
Fodos: ¿Me... amenazas?
Oñara: [negando con cabeza] Informo. [pausa] Como tú me informaste a mí de un posible cambio de status. Información por información.
Aquella mujer no había sobrevivido medio ciega durante 30 años en la montaña en el Nivel II y recogiendo agua, por casualidad, tenía muchos recursos y sabía utilizarlos en cada momento, manejaba el miedo y los deseos de los demás con una facilidad pasmosa.
A Fodos no le quedó más remedio que reevaluar a la mujer que tenía enfrente.
Fodos: [lentamente] Eres más venenosa de lo que pensaba.
Oñara: [sonriendo] Y tú eres más cobarde. [pausa] estabas buscando saber de qué lado estaba yo, pero realmente buscabas saber... de qué lado deberías estar tú.
Fodos: [defensivo] ¡Yo estoy del lado del orden!
Oñara: [riendo suavemente] Estás del lado de Fodos, como siempre. [pausa] Y ahora tienes miedo porque no sabes qué lado de Fodos sobrevivirá.
Oñara: [suavizándose] Tranquilo. [pausa] No vine a amenazar. Vine a advertir.
Fodos: [suspicaz] ¿Advertir?
Oñara: [asintiendo] Una tormenta se viene. [pausa] Magnus fue solo primera gota. Y cuando la tormenta llegue ...hombres como tú, Fodos, que jugaron en ambos lados… suelen ser los primeros en caer.
Fodos: [tembloroso] ¿Qué sabes?
Oñara: [girando para salir] Sé que las recolectoras recuerdan quién les negó comida. Recuerdan quién las tocó sin permiso y quién envió niños al Pozo por robar migajas.
Fodos: [amenazante] Ten cuidado, vieja loca, ¡no sabes con quién estás hablando…! ¡Tú no me puedes amenazar a mí!
Oñara: [retirándose] Reza porque los soles amarillos recuerden la misericordia. [pausa] Porque las recolectoras y los extractores no lo harán.
Oñara se levantó con autoridad, miró por última vez a Fodos, ella sabía que sería su último baile, se giró sin despedirse y cruzó la puerta de la Despensa con más prisa que pausa. Ahora más que nunca, tenía que extremar las precauciones, las cartas estaban boca arriba.
Fodos se quedó solo en despensa, procesando lo que acababa de plantearle aquella conversación. Esa vieja no era ciega pero tampoco era estúpida y no se enfrentaría así a él si no supiese algo. Sintió que podría estar en el bando equivocado, pero ya, ya no había marcha atrás.
Alea iacta est
Fodos escribió una nota con la vieja pluma de su padre, y llamó a uno de sus ratoncitos.
Fodos: [con extrema seriedad] Escúchame bien, entrega este mensaje al guardia 359, es un guardia joven, por lo que estará haciendo la guardia cerca del Balcón. Necesito que cumpla esta misiva en el momento que indica.
El niño se marchó raudo y desapareció entre las sombras, mientras que una sonrisa maquiavélica se desarrollaba en el rostro del rey de la sabana.
Módulo de detención — Nivel I — 04:00 AM
La celda medía tres metros por dos, con paredes grises, solo una litera metálica y una letrina en un rincón. Sin ventanas, solo una lámpara en techo proyectando luz fría. Amara se sentó en una litera tapándose solo con una sábana áspera, cuando la puerta se abrió.
La Dra. Serval entró, con su rigor mortis, su bata blanca impecable, su moño perfecto y esas gafas reflejando luz artificial.
Serval: [acento francés sutil] Reproductora 007.
Amara: [sin levantar vista] Doctora.
Serval cerró la puerta y el clic del cerrojo resonó como un disparo en el vacío.
La doctora Serval no estaba aquí por casualidad, y es que Kabil nunca dejaba ningún cabo suelto, si Kael había estado con Amara, era interesante hacer seguimiento de aquella relación, al fin y al cabo, y aunque estuviese degradado, era alguien para tener en cuenta para Vorak.