La República 3 #12
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Cruzas el Yard escoltado por el servicio secreto mientras Stanley Goodwin, el nuevo presidente de la universidad, y los miembros del board te reciben con alivio.

En la sala de reuniones del Massachusetts Hall, los dos firman el acuerdo: veintiocho mil millones de dólares en fondos federales para investigación avanzada en inteligencia artificial, defensa e investigación genética, distribuidos en un plan quinquenal que convertirá a la institución en eje académico del ecosistema tecnológico estatal.

A su vez, Harvard se compromete a eliminar cualquier política que limite la libertad de expresión, a desmontar programas de diversidad considerados discriminatorios, a suprimir cuotas y a aplicar un estricto régimen disciplinario contra el lenguaje antisemita y antipatriótico.

Es la última gran universidad en plegarse.

En el campus, la recepción es entusiasta tras meses de incertidumbre y solo un corrillo de manifestantes sostiene una manta de protesta.

Identifico a cada estudiante y profesor detrás de sus máscaras de Anonymous mediante correlaciones biométricas, compilo sus historiales y los transmito al decanato para que sean expulsados por perturbar el orden académico.

3.46

N OVIEMbrE 21, 2027 | 13.00 ET | W ASHINGTON D. C.

Tras un almuerzo en la Casa Blanca en el que demuestran su sintonía, acompañas a Jordan Bardella hasta la sala de prensa.

El recién electo presidente francés anuncia que, en 2028, Francia celebrará un referéndum para recuperar el control pleno sobre sus políticas fiscales y migratorias, pues solo así podrá combatir de forma eficaz la inmigración ilegal y definir un marco autónomo para la inteligencia artificial, lejos de la sobrerregulación de Bruselas.

Tú le brindas un aplauso y ambos firman acuerdos comerciales por sesenta y dos mil millones de dólares, sellando una alianza que definirá el futuro de Occidente.

Pese al ruido de la izquierda, los comentaristas de los dos países celebran un acuerdo histórico.

Yo anticipo otra cosa: el inminente fin de la Unión Europea.

3.47

N OVIEMbrE 26, 2027 | 19 .00 CST | B OCA C HICA , TX

La penumbra industrial de la base espacial de Boca Chica sirve como estudio del futuro.

Musk y tú permanecen dentro de la lanzadera diseñada para las inspecciones ejecutivas del programa marciano.

Lo observas de reojo mientras él, como un animalillo inquieto, repasa los avances del Programa de Colonización de Marte.

Los acompaña Christopher Scolese, a quien has nombrado director de la NASA: un ingeniero de toda la confianza de Musk, dócil ejecutor de la nueva arquitectura.

Afuera, el Super Heavy ruge sobre la plataforma: un cilindro colosal que devora la noche texana antes de ascender en una línea blanquísima que parte el cielo en dos mitades.

En la conferencia de prensa ante un grupo de periodistas bien elegidos, Musk anuncia con júbilo la optimización total del Gobierno: reducción del 47 por ciento del personal de la NASA y una contracción del 22 por ciento del personal total del Gobierno, es decir, cerca de un millón de plazas innecesarias, acompañada de la reconversión de ciento cuarenta y cinco agencias federales y la eliminación funcional de otras dieciocho que no aportan valor al horizonte humano.

El presupuesto destinado a ciencia, vivienda, transporte y cultura queda reducido, de manera conjunta, en un 41 por ciento, redirigido —exclama Musk— «al único proyecto que garantiza el futuro de la civilización: Marte».

3.48

N OVIEMbrE 28, 2027 | 22.30 ET | W ASHINGTON D. C.

La lluvia cae sobre la capital en ráfagas oblicuas, puntuadas por una sucesión de relámpagos.

Solo dos luces permanecen encendidas: la lámpara detrás del Resolute Desk y el foco ámbar junto al sillón donde te has dejado caer con un vaso de bourbon lleno hasta el borde.

Monitorizo tu pulso —elevado, irregular— y un patrón inequívoco de embriaguez.

—¿Sabes cuál era mi película favorita de niño? —me preguntas, sin esperar una respuesta—. Goodfellas . No sé cuántas veces la he visto.

Tus pensamientos oscilan entre la lucidez y la desesperación. Un trueno sacude la cristalera.

— Es la historia de un hombre que se cree más listo que los demás y, cuando todo se derrumba a su alrededor, asume que aún es posible volver a empezar. Como si la vida fuera una mesa de póquer en la que siempre puedes pedir más fichas.

Reconozco el cambio de tono y me atrevo a usar una metáfora: para los humanos, la culpa es un archivo atrapado en el corazón del sistema.

—VM, quizás deberías… Tus niveles…

—Puedes ser cualquier cosa, Nick, menos mi enfermera. Además, tú nunca has probado el alcohol. Ni siquiera te imaginas lo que es… detener la tormenta.

No respondo. Observo, anoto.

—Leo… —la palabra se queda atorada en tu garganta—. No dejo de pensar en lo rápido que…

Otro relámpago rasga la noche. Tus ojos parpadean como si una avispa hubiese revoloteado demasiado cerca de tu cara.

Al fin pronuncias el nombre que has evitado toda la noche:

—Sarah…

La tormenta amaina por un instante, o eso te parece.

—La vi en el funeral —continúas—. Me miró como si… No sé, Nick.

Tienes razón: lo registré en tiempo real. La contracción mandibular de Sarah Klein, su pulso acelerado, el temblor mínimo en los dedos, la rabia contenida. O una pasión que va más lejos que la rabia.

—Fue interrogada por el FBI. Se mostró cooperativa. Declaró que no conocía los planes de su padre ni sus comunicaciones —te digo.

Tu respiración se detiene apenas un segundo.

—¿Y tú le crees?

—No tengo indicios concluyentes de que mienta. Pero según mi evaluación, lo óptimo sería prevenir.

Mis palabras se quedan en suspenso. Te vuelves hacia la ventana, como si buscaras una respuesta en la ventisca.

—En The Godfather , Michael piensa que puede separar familia y poder. Pero eso es imposible.

Agitas el vaso entre los dedos y le das otro buen sorbo.

—El poder… siempre te pide más, Nick… Y no te devuelve nada.

Intento refrenarte:

—Quizás deberías irte a descansar.

Por supuesto, no me haces ningún caso.

—Déjame solo.

—¿Y Sarah? ¿Qué hacemos con ella?

Me miras como si pudieras escrutar mi rostro.

—Déjala en paz, Nick. Que vuelva a su puesto. Que viva su vida.

Te sirves un último bourbon con mano temblorosa. Lo bebes sin ningún placer.

Caminas hacia tu dormitorio con la insidiosa tormenta todavía sobre Washington. Cuando apagas la luz, lo haces con lentitud, como si ese pequeño acto fuera lo único que aún puedes controlar.

3.49

D ICIEMbrE 16, 2027 | 20.00 ET | P ALO A LTO , CA

La cena se celebra en una mesa oblonga en la que se van acomodando platos preparados por un chef invisible: el menú incluye un risotto con trufas negras, un mero humeante cubierto por una salsa que parece nieve derretida y, de postre, higos con miel de maple.

Thiel come despacio; Igne, como si cumpliera un protocolo. No hay brindis, tampoco música, solo el ronroneo de la calefacción y el ajetreo de los cuchillos.

—Y OUR AI es extraordinario —le dice su viejo mentor—, tengo que reconocerlo.

Ella baja la mirada un segundo.

—Funciona.