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Musk mira su reloj.
—Necesito garantías, Igne. Contratos de SpaceX a largo plazo, no revisables ante ningún cambio político. Y, por supuesto, la NASA. Alguien de mi confianza. Y, en el mediano plazo, prioridad absoluta para Marte.
Ella lo mira sin sorpresa.
—De acuerdo, Elon. No es nuestra prioridad, pero Marte siempre sonará atractivo para la gente. Tal vez nos sea útil ofrecer una esperanza.
Se separan sin darse la mano. Mi evaluación: una apuesta peligrosa y fascinante.
3.19
M AYO 9, 2027 | 10.00 ET | W ASHINGTON D. C.
Presides la reunión con cierto desparpajo.
A tu izquierda, Flynn parece un mastín que solo espera la orden de morder; como si quisiera provocarlo, Pompeo se sienta justo enfrente de Klein, quien permanece encorvado, con la calva perlada de sudor.
Fiel a su estilo, Karp prefiere no destacar.
Más allá, Miller anota y calla, discreto guardián de la reunión.
Igne solo observa, sin intervenir. Dominas la táctica de enfrentar a tus subordinados, obligándolos a revelar sus peores facetas delante de ti.
Me ordenas ir región por región. Activo mis pantallas.
ATLÁNTICO NORTE
En el mapa de Groenlandia señalo las tierras raras, las rutas de deshielo, la cobertura radar y aventuro una proyección balística.
—Groenlandia es un almacén para el futuro, señores. Y no me parece difícil apoderarnos de ella en el corto plazo — les dices.
Pompeo te secunda:
—Dinamarca protestará, señor presidente, pero carece de dientes en una eventual negociación. Como de costumbre, la Unión Europea se quedará paralizada.
Klein interviene con voz áspera:
—Me temo que la reacción será más amplia, señor secretario. Además de acelerar el fin de la OTAN, Rusia y China lo leerán como licencia para sus prioridades en Ucrania, Taiwán y lo que se les ocurra.
Como si asomara la cabeza desde un agujero, Karp lo refuta:
—Las fronteras siempre han sido negociables, Leo. Y la OTAN ya solo es un cascarón.
—Justo eso puede acelerar las respuestas, señor secretario —lo refuta tu amigo—. Y no creo que todas sean controlables.
Tú dejas que el desacuerdo se fermente.
Mi evaluación: riesgo político muy bajo. Dinamarca y la Unión Europea no constituyen peligro alguno. Aun así, la intervención temprana reduciría los costos futuros en un 32 por ciento. Recomiendo preparar el desembarque.
AMÉRICA DEL NORTE
Me ordenas pasar a Canadá.
—Aunque sus gobernantes sigan comportándose como si no fuera así, Canadá ya es nuestra. Quiero provocarlos hasta que lo reconozcan —proclamas.
Otra vez, Pompeo se muestra de acuerdo:
—Según mi criterio, ni siquiera hará falta llegar a una confrontación militar, señor. Bastaría con profundizar aún más su dependencia económica mediante una crisis inducida.
—Una absorción gradual podría desactivar las resistencias identitarias —propone Klein, dejando sus lentes sobre la mesa.
Pompeo evade su mirada.
—La identidad no sobrevive a la recesión.
Mi evaluación: riesgo militar nulo. Horizonte: cinco años para el acuerdo de incorporación, con 52.1 por ciento de probabilidad. Acelerable si se provoca un colapso fiscal. Al final, Canadá necesitará nuestro auxilio.
AMÉRICA LATINA
El mapa muestra tanto los recursos naturales y energéticos como las zonas dominadas por el crimen organizado, los gobiernos afines y aquellos que aún se nos resisten.
—Ya lo saben, señores: doctrina Monroe 2.0. América Latina es nuestra esfera exclusiva. Sin ambigüedades. ¿Queda claro?
—Propongo intervenciones quirúrgicas, señor presidente —por supuesto es Flynn—. Apoyo a fuerzas afines y eliminación paulatina de cada uno de los gobiernos hostiles.
—Golpes internos y presión financiera —añade Pompeo—.
En caso extremo, bombardeos selectivos. Captura de sus dirigentes y absorción de sus cuadros.
Primero Venezuela, luego Cuba y, si los Ortega nos incomodan mucho, Nicaragua: los regímenes adversos se derrumbarán uno a uno como piezas de dominó.
Y será una buena advertencia para México y Brasil.
—No hay que olvidar que las caídas simultáneas generan flujos migratorios caóticos, Mike —interviene Klein.
—Pero dan votos —puntualiza Flynn.
Mi evaluación: alta oportunidad, bajo costo militar directo. El caos resultante será administrable. Balance positivo: América Latina seguirá siendo nuestro patio trasero.
MÉXICO
Caso especial, debido a la cercanía y la integración económica. Activo las rutas del narcotráfico: una anatomía de la violencia.
—Presión máxima a Sheinbaum —ordenas—. Drones, vigilancia con IA, ejecuciones selectivas de criminales, si es necesario incursiones clandestinas de la CIA y la DEA.
Amenazas con finiquitar el T-MEC y aumentar los aranceles. Ningún margen de maniobra: México será nuestra única frontera.
—Protestarán en público y cooperarán en privado, señor presidente. Como siempre —resume Pompeo.
—Fragmentar los cárteles multiplicará los actores dispersos. —Klein aprieta los labios—. Los datos son precisos: la violencia genera más violencia. Y eso no es positivo para nuestros intereses comerciales.
Miller lo mira con la displicencia que le merece cualquier civil.
—La violencia reordena, señor consejero. Abre oportunidades si uno las sabe aprovechar.
Mi evaluación: oportunidad táctica alta. El millón de expulsados es el arma real. O México se quiebra o se somete: Sheinbaum está atrapada. Riesgo asumible.
EUROPA
Muestro el mapa del continente envejecido.
—Sus líderes han dejado de ser aliados confiables —declaras con displicencia —. No tenemos ninguna obligación de protegerlos. Defienden justo lo que nosotros queremos destruir.
Miras hacia el techo con mayor frecuencia: comienzas a aburrirte.
—Debemos fragmentarlos aún más, señor presidente —de nuevo es Pompeo, convertido en cacatúa—. Abrirle las costuras a esa Vieja Achacosa y dejar que se desangre.
Klein puntualiza:
—Europa nunca olvida, señores.
—No olvidar no equivale a actuar —le responde Karp.
—China podría ocupar el sitio que dejemos vacante.
Klein sigue objetando, aunque sabe que no cambiará las decisiones. Le queda un residuo moral. Lo evalúo: apasionante y obsoleto.
—Ni a eso se atreverán —dice Pompeo.
—Apoyo decidido a todos los partidos y grupos ideológicamente afines a nosotros —insiste Flynn—. Los gobiernos tradicionales irán cayendo uno a uno, señor presidente, no me cabe duda. Primero Francia, España y los países nórdicos, luego Alemania y el resto.
—No necesitamos empujar demasiado —añade Karp—. Solo dejar que su propia burocracia los ahogue.
Mi evaluación: dilución progresiva. Europa se fragmentará poco a poco, sin que a nadie le importe demasiado.
RUSIA / UCRANIA
En el mapa que proyecto, la línea del frente del Donbás se mueve hacia delante y hacia atrás según la flecha del tiempo.
—Ya conocen mi postura: Rusia puede quedarse con lo que ya tiene, siempre y cuando se mantengan al margen de China.
De la nada, Flynn te arrebata la palabra.
—Disculpe, señor presidente. Creo que deberíamos armar a Ucrania hasta los dientes para que desangre a Rusia y nos la entregue en ruinas.
—Eso costaría cientos de miles de millones, general. —Klein lo mira con desaprobación—. ¿Y para qué? Rusia no va a colapsar, lo aprendieron en los noventa. Esta vez tienen reservas, control interno, vigilancia total y paciencia. Su solución es cara y lenta, general.
—Y la suya suena a cobardía, señor consejero.
Tú cortas la discusión.
—Leo tiene razón, general. No podemos debilitar a Rusia a un costo tan alto. Solo encarguémonos de arrebatarles a sus aliados y de que hagan lo que les digamos con China.
Mi evaluación: intercambio eficiente.
MEDIO ORIENTE
Muestro un mapa de Gaza: de lo que queda de Gaza.
—Dejemos que Netanyahu termine el trabajo y nos garantice la reconstrucción. Y luego arrojemos a ese animal a los leones —exclamas.
A continuación, despliego imágenes de Irán.
—Nuestro objetivo es descabezar a los ayatolás —ordenas —. Una operación precisa, sin fallos, Flynn.
—Estamos en ello, señor presidente.
—Eso solo provocará el caos y tal vez una crisis energética —Klein vuelve a la carga—. Son capaces de resistir a un costo muy alto. Y nada garantiza que el régimen vaya a derrumbarse.
Quisieras darle una palmada a tu viejo amigo para que deje de jugar a llevarte siempre la contraria.
—El caos en la región es justo lo que queremos, Leo. Prosigamos.
CHINA
Proyecto el único mapa que en verdad importa. Inmenso, inabarcable. Señalo cada zona industrial, cada base militar, cada central de datos, cada ciudad inteligente. Todo ello parece arrancarte de tu abulia.
—Son nuestro espejo, señores —exclamas—. China somos nosotros.
Frente a tu visible emoción, Pompeo aconseja cautela; Flynn y Karp exigen intervención directa a gran velocidad; Klein advierte resiliencia.
—China es nuestro límite. Todas nuestras miradas deben dirigirse allí, ¿está claro? —les adviertes.
—Yo sugeriría actuar ahora mismo, señor presidente —objeta Flynn—. Sabotaje a la industria de semiconductores con Taiwán como pretexto.
Por primera vez, Pompeo niega con la cabeza, sumándose a la posición de Klein.
—Eso sería la guerra, general. Y usted sabe mejor que nadie que no podríamos ganarla con rapidez.
El secretario de Defensa se levanta de la mesa, furibundo. Hasta a ti te sorprende su desplante.
—¿Entonces qué, Mike? ¿Tenemos que esperar a que actúen primero? ¿A que su ventaja sea irreversible?
Más moderado, Karp trata de conciliar:
—Una guerra con China no sería como las otras. No hay un escenario donde ambos pudiéramos sobrevivir intactos.
—Entonces es que ya hemos perdido — se lamenta Flynn.
En el otro extremo de la mesa, Igne al fin rompe su mutismo:
—No perderíamos, general, aunque tampoco ganaríamos. Como dice el presidente, China es nuestro otro yo. La pregunta no es cómo derrotarla, sino cómo evitar que los dos sistemas se destruyan mutuamente.
—Sé más clara, Igne, por favor —le dices.
Ella te mira a ti. Solo a ti.