La reina templaria y el custodio de Carracedo Capítulo 40 El Retorno a Casa de Bianca
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Capítulo 40 El Retorno a Casa de Bianca

Salimos de Los Carrales con el cuerpo encendido, no solo por el caldo y el vino, sino por la adrenalina. El destino nos había lanzado un cable a través de una pantalla de televisión y no pensábamos soltarlo. Caminamos rápido hacia el piso de la tía Bianca.

—¿Crees que ya sabrá enterado sobre el evento en el monasterio Carracedo? —le pregunté a Luis mientras doblábamos la esquina de la calle Duque de la Victoria.

—No lo sé, Lucía —respondió él, ajustándose la bufanda—. Pero conociéndola seguro que algo sabrá. Ahora lo descubriremos.

Bianca nos abrió la puerta con una expresión de sorpresa. Al fondo del salón, su gata Mimi ya estaba escaneando hasta el último movimiento de cada uno de nosotros.

—¿Otra vez aquí? ¿Os habéis olvidado algo? —preguntó Bianca, dejándonos pasar.

—Tía, lo hemos visto en la tele —dije sin aliento—. Van a celebrar un evento en el Monasterio de Carracedo. Una especie de festival medieval. Necesitamos ropa de la época, de la de verdad. Sé que tienes vestidos de tus actuaciones con el coro...

Bianca se quedó en mitad del pasillo, con una extraña sonrisa dibujada en su cara. Miró a su gata, como tratando de encontrar un ancla de realidad, y luego volvió a mirarme a mí con una intensidad que me hizo callar.

—Precisamente esta mañana he recibido una carta del centro cultural del Bierzo. Quieren que nuestro coro acuda el mes que viene, en mayo, para probar la acústica con las Cantigas.

Se dirigió a su habitación y volvió con una percha protegida por una funda de tela. Al abrirla, un vestido de lino color escarlata con detalles de pedrería y un aroma sutil a lavanda apareció ante mis ojos.

—Este vestido es una réplica exacta del siglo XII, Lucía. Es el que uso para los solos de soprano. Si vas a ir al evento, con este irás como una reina.

—¡Es precioso, tía! Me lo pondré debajo de la capa que me va a prestar Luis.

—Entonces necesitarás algo para abrocharla —añadió Bianca con cierto aire misterioso. Se giró y esquivó la mesa del comedor para llegar a un bargueño de madera antiguo. De un cajón pequeño extrajo con delicadeza un objeto brillante.

Era una pieza de plata maciza, ennegrecida por los años pero con un brillo lunar que parecía emitir su propia luz. Era un broche circular, un anillo de plata gruesa con una aguja larga y móvil.

Era una pieza de plata maciza, ennegrecida por los años pero con un brillo lunar que parecía emitir su propia luz. Era una fíbula circular de anillo abierto de plata gruesa con una aguja larga y móvil.

Pero lo que me cortó la respiración fue el grabado del centro: entrelazándose sobre sí mismo, estaba el nudo de ocho infinito de puntas redondeadas. El mismo símbolo de mi espalda, del pergamino y del mapa del abuelo.

—No me lo puedo creer —susurré, rozando el relieve con la yema del dedo.

—Es precioso —intervino Luis, tomándolo en sus manos y girándolo—. Mira el reverso.

En la parte de atrás rodeando el marco y casi borrada por el roce de generaciones, había una inscripción en latín que comenzaba así:

Ubi est thesaurus tuus, ibi est et cor tuum

—Es una frase templaria. Significa algo así como que donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón —tradujo Luis en un susurro—. Es una alegoría conocida de que el verdadero tesoro permanece oculto bajo lo que más amamos o que el verdadero tesoro yace en nuestros corazones.

—Así es. Y proviene de la biblia. —añadió mi tía.

Por un momento, estos dos eruditos juntos y a mi lado me hicieron sentir una mezcla de orgullo y protección—.

Evangelio de Mateo (Capítulo 6, Versículo 21), en el Nuevo Testamento de la Biblia.

Forma parte del famoso Sermón del Monte, un discurso donde Jesús ofrece sus enseñanzas éticas y espirituales más importantes.

No pude mediar palabra, escuchaba pero no podía quitar el ojo de la joya. Nunca había visto un objeto más hermoso, simétrico y brillante al mismo tiempo. Contenía la totalidad concentrada en algo poco más pequeño que el tamaño de una medalla.

Luis me puso el broche en la mano. Estaba frío, pero al contacto con mi piel, sentí una punzada en la marca de mi espalda, como una descarga eléctrica que me recorrió la columna.

Vi que el texto de la inscripción seguía con más palabras terminando de rodear el circulo:

valde dilexit Carrazetum

Cerré la mano por un impulso como para querer recibir toda su energía y lo apreté contra mi pecho.

—Tía, ¿de dónde lo has sacado? —pregunté mientras abría de nuevo la mano para asegurarse de que era real.

— Lo encontré entre las pertenencias de mi padre, tu abuelo.

La guardé junto con muchas otras cosas y no le dí mayor importancia, hasta ahora—tras una pequeña pausa, Bianca retomó — cuando ví el dibujo con la torre y este simbolo en la reproducción del pergamino de León se me heló la sangre, sabía que además de verlo en tu marca de nacimiento lo había visto en otro lugar.

Esta noche dándole vueltas al fin recordé donde había visto este símbolo. En este antiguo broche.

— Mira Bianca, este es un diario que me entregó el abuelo cuando era pequeña.

—Mi tía al ver la letra de su padre en él no pudo evitar sentir un profundo sentimiento.

En este mapa, el punto donde ubica al monasterio aparece dibujado el mismo nudo.

No hay duda de que estamos completamente ligados a este lugar y a este símbolo.

—Quédatelo tú. No me queda la menor duda de que debes llevarlo contigo y llevarlo puesto, Lucía. Este broche es parte de nuestra historia y como estás moviéndote y averiguando cosas, lo mejor es que lo conserves tú.

Me coloqué el broche en la solapa de mi chaqueta, justo encima del corazón. Era ligero, pero sentía al tiempo un peso indescriptible.

Los dos se me quedaron mirando con un toque de admiración que percibí al momento.

—Mirad —interrumpió mi tía con determinación—, puedo intentar colaros con nosotros el día del ensayo en el monasterio, como coordinadora del coro decir que sois parte de la organización y así aprovecháis a echar un vistazo por la zona.

Luis se irguió de repente, captando la estrategia al vuelo. —Es perfecto. En mayo apenas habrá turistas. Si vamos con vosotros, pasaremos desapercibidos. Podemos hacernos pasar por el equipo técnico. Mientras el coro ensaya, nosotros tendremos vía libre. Es una idea brillante, Bianca.

Mi tía asintió con una sonrisa cómplice. —El autobús sale el primer fin de semana de mayo desde Valladolid. Os daré unas carpetas del coro para que parezca que lleváis las partituras; allí podréis ocultar el diario y vuestras notas.

Salimos del piso sintiendo que el aire ya no era el mismo. Luis y yo caminamos hacia el barrio de San Nicolás con una luz nueva. Tenía un mes por delante para prepararme, para conocer más sobre el caballero y sobre ese broche que ahora latía sobre mi pecho.

—Un mes, reinita —susurró Luis antes de despedirse—. Aprovecha para descansar, ¡porque se avecinan curvas!