DOMINICK #2
Voy a rellenarme la copa, pero ella pone la mano sobre la mía y me detiene.
Nuestras miradas se encuentran y siento la atracción que ejerce sobre mí.
Deja su copa en el portavasos y me quita la botella y la copa vacía de las manos.
La observo dejarlas a un lado antes de girarse hacia mí.
—Tú y yo siempre hemos ido a lo nuestro, Dom.
No mentía ahí dentro. Perder la virginidad contigo ha sido lo mejor y lo peor que me ha pasado.
Lo mejor porque creo que los dos sabemos lo increíble que fue.
Pero lo peor porque llevo buscando esa sensación que me diste con cada hombre con el que he salido.
Y todos se quedan cortos. Sé que nadie puede estar a tu altura ni hacerme sentir como tú.
Así que cuando dices que no puedes fiarte de ti mismo a solas conmigo, no eres el único.
Yo tampoco puedo fiarme de mí misma contigo.
He luchado contra esto, pero estoy cansada.
Quiero volver a sentir eso, Dom. Y solo tú puedes dármelo.
Se inclina, pega su boca a la mía y siento que todo mi cuerpo se tensa.
Mis manos van a sus caderas y la atraigo hacia mi regazo para que se siente a horcajadas sobre mí.
La empujo hacia abajo, presionándola contra mi polla dolorosamente dura. Gime contra mis labios al sentir mi excitación.
—Te necesito dentro de mí, Dom —susurra contra mis labios.
Levanto la mano y pulso el botón para hablar con el conductor.
—A mi casa —ordeno, volviendo a besarla mientras mi mano se desliza bajo su vestido.
Por suerte, el vestido tiene una abertura en el lateral; de lo contrario, no podría abrir las piernas lo suficiente.
Mis dedos apartan sus bragas a un lado y los deslizo entre sus pliegues, encontrándola empapada de deseo.
Introduzco dos dedos dentro de ella y gime.
—¿Estás lista para poner mi polla entre esos labios carnosos como te enseñé, cariño?
Muevo mis dedos dentro de ella más rápido. —Ohhh, sí.
—Voy a enterrarme en tu dulce coño húmedo hasta que sea lo único en lo que puedas pensar cada vez que te sientes.
Le doy otro beso en sus suaves labios.
Mi mano libre baja la cremallera de la parte superior de su vestido, lo justo para que sus pechos queden al descubierto.
Rompo nuestro beso y la atraigo hacia mí, capturando su pezón duro entre mis labios.
Succiono su pezón con una mano masajeándole el pecho mientras la otra se mueve dentro de ella.
Sus gemidos se vuelven más fuertes. Su respiración se hace más pesada y cada músculo se tensa mientras el orgasmo se aproxima.
Podría correrme solo con ver esto, y llevarla por fin al límite es casi demasiado para mí.
Solo unos momentos después de hacerla llegar al orgasmo, siento que el coche se detiene.
Me aparto y miro alrededor: estamos aparcados en el garaje de mi edificio. Oigo cerrarse la puerta del conductor. Eso significa que va a abrir nuestra puerta en cualquier momento.
Retiro rápidamente la mano, le subo la parte de arriba del vestido y tiro de la cremallera hacia arriba. Se desliza de mi regazo justo cuando la puerta se abre.
Le dedico una sonrisa pícara antes de tenderle la mano.
La toma y los dos salimos de la limusina. La guío hasta el ascensor y pulso el botón de mi planta.
En cuanto estamos dentro, la presiono contra la pared y vuelvo a besarla. Mis manos suben para acunarle el rostro mientras ella empieza a desabrocharme la camisa.
Las puertas se abren y me aparto. La guío por el pasillo hasta mi apartamento, saco las llaves del bolsillo, abro la puerta y las tiro sobre la mesa.
—¿Quieres una copa?
Sonríe. —Claro.
Me sigue hasta la cocina, donde saco una botella de vino. Se queda al otro lado de la isla y se va quitando las joyas lentamente. Luego empieza a sacarse las horquillas y el pelo le cae en cascada alrededor de los hombros.
Me muerdo el labio inferior mientras imagino la escena obscena de tirarle del pelo mientras la embisto por detrás.
Sirvo dos copas de Sauvignon Blanc y le tiendo una.
Doy un sorbo a mi vino antes de quitarme la chaqueta y tirarla sobre la isla.
Sus ojos se encuentran con los míos y me observa mientras termino de desabrocharme la camisa.
Me quito la corbata y me saco la camisa. Lo siguiente es el cinturón. Sonríe mientras se lleva las manos a la espalda.
Oigo cómo baja la cremallera y, casi como un truco de magia, el vestido cae al suelo, dejándola solo con unas bragas de encaje húmedas y los tacones.
Niego con la cabeza mientras mis ojos recorren su cuerpo.
Joder...
Es jodidamente perfecta y mi polla se tensa contra los pantalones.
—Hay una cosa en la que he mejorado desde la noche que estuvimos juntos —dice, acercándose a mí.
—¿Qué es? —pregunto.
Me empuja contra el frigorífico y luego se arrodilla sobre las baldosas.
Me mira mientras me desabrocha los pantalones.
Quiero llevar su boca a la mía. Quiero ser yo quien alabe y adore su cuerpo, no al revés.
Pero no soy lo suficientemente fuerte para detenerla.
Por mucho que la desee, quiero que siempre se salga con la suya.
Tira de mis pantalones y caen por mis piernas. Con sus ojos llenos de lujuria fijos en los míos, me baja los bóxers hasta que mi polla dura queda libre. Envuelve la mano alrededor y empieza a masturbarme.
Un suspiro escapa de mis labios mientras echo la cabeza hacia atrás contra el frigorífico. Que me toque es casi demasiado después de todo este tiempo. Y entonces abre la boca, me mete dentro y casi pierdo el control en ese mismo instante.