23 Abigail
ABIGAIL
Cuando la gente viene a pedir mi opinión legal, la mayoría de las veces lo que en verdad quieren es que les dé la razón.
«¿No cree que es un claro caso de intoxicación alimentaria?» preguntan.
O «Debería quedar cubierto si uso este formulario de cesión de derechos, ¿verdad?».
Si me dieran un dólar por cada vez que alguien pregunta: «¿Puede revisar este documento y asegurarse de que este testamento está bien? Lo encontré en Internet y lo adapté yo mismo».
Quieren que les diga que sus planes son correctos, que su opinión es sólida y que tienen derecho a hacer lo que les plazca. Si no estoy de acuerdo con ellos, entonces es cuando sacan las pistolas y enseñan los colmillos.
«Pero yo sé que fue una intoxicación alimentaria».
«Pero ese formulario dice que no pueden demandar por ninguna de esas cosas».
O, «Pero la página web prometía que era un testamento válido para Texas».
Desgraciadamente, no nací para ser una sumisa, ni en mi carrera como abogada he aprendido que ese sea un plan brillante.
Cuando digo a la gente lo que quiere oír en lugar de lo que necesita oír, aparecen sin falta en mi puerta unas semanas, unos meses o unos años después, molestos porque no les preparé para el intento fallido de obtener una indemnización por intoxicación alimentaria, protegerles de una demanda o asegurarme de que el testamento de su madre les protegía de perder la casa a manos de su hermana.
No, la razón por la que me pagan tanto dinero es para decirle a la gente cosas que en realidad no quieren oír. Y no es un trabajo muy divertido para mí.
En cuanto Amanda viene a mí, sé lo que quiere que le diga. Sólo que no me atrevo a decírselo.
El polvo del autobús escolar que se marcha todavía se está asentando a nuestro alrededor en el suelo cuando ella dice: —Estoy preocupada.
—¿Sobre qué?
—Anoche llamó Victoria. Quería que publicara una foto que Eddy acababa de hacer: una foto de Derek besándome.
—Espera, ¿cómo sabría ella lo que hizo Eddy? ¿Tiene cámaras en tu tienda?
—¿Lo ves? —Menea la cabeza mientras subimos por el camino de entrada hacia la casa—. No soy la única paranoica.
—¿No hay cámaras, entonces?
Ella suspira. —Aparentemente ella envió a Derek aquí. Me tendió una trampa sin decirme que me estaba tendiendo una trampa.
—Como una cita a ciegas de la que no sabías nada.
—Pero más espeluznante, ¿verdad? —Sube los escalones del porche y se detiene en el último—. Porque era alguien que ella aprobaba, destinado a reemplazar a Eddy. Y entonces él estaba, no sé, informándole de cómo iban las cosas.
—No es que realmente ella lo necesitara… publicas fotos de todo.
No necesito ver sus fosas nasales encendidas para saber que estoy diciendo las cosas equivocadas.
En cuanto entramos en casa, me acorrala. —Es una gran violación de la confianza. Quiero decir, está seleccionando a dedo a la gente con la que salgo. Es tan malo como… tan malo como cuando quería decirme exactamente todo lo que tenía que hacer y qué publicar.
—Excepto que en verdad no te dijo qué publicar o con quién salir. Y supongo que a Derek realmente le gustas.
—Anoche me llamó para decirme que publicara una foto de Derek besándome. Fue entonces cuando me di cuenta. Y me amenazó con lo de la tienda de galletas. Dijo que si no podía hacer mi trabajo era motivo de despido.
—Sin embargo, lo es. Quiero decir que tiene sentido. Si yo fuera médica y tomara otro empleo más como camarera y faltara o llegara tarde a los turnos, me despedirían.
—Bueno, eso es cierto si empezaras a hacer un trabajo horrible o llegas tarde sin motivo.
—Claro, ¿pero viendo que vas a montar un negocio? —Me encojo de hombros—. Si yo fuera tu jefa, querría comprobarlo y asegurarme de que no vas a desviarte del objetivo de tu trabajo.
Se deja caer en una silla. —Por una vez, ¿puedes estar de mi lado?
Me siento a su lado. —Estoy de tu parte, al 110 %. Si cancelan tu contrato, no importa por qué lo hagan, incluso si es totalmente culpa tuya, estoy de tu parte. Discutiré, amenazaré y negociaré lo mejor que pueda.
—No lo parece —Se mira las manos.
—Estar de tu lado también significa decirte lo que no quieres oír incluso si es verdad —Me inclino hacia ella, apoyando las palmas de las manos contra la mesa de madera—. Amanda, ¿qué es lo que quieres que te diga ahora mismo?
Cuando levanta la vista, le brillan los ojos. —Quiero dejar mi trabajo. Detesto que siempre estén en el medio.
—¿Así que quieres prender fuego todo, eh?
Ella parpadea y se sienta más recta. —No. Estoy diciendo que…
—Te has esforzado mucho —le digo— por crear algo nuevo.
Crear algo nuevo es difícil. Quizás sea lo más difícil a lo que te puedas enfrentar.
La inmensa mayoría de las nuevas empresas fracasan en los primeros meses y casi todas las que llegan a los seis meses han desaparecido al año. ¿Por qué crees que pasa eso?
—Lo que estoy diciendo…
—Quieres que te diga que dejes tu trabajo, porque tienes una nueva empresa.
Pero Amanda, no voy a decirte eso. En la vida, las cosas que valen la pena hacer son difíciles.
Y no te dan una medalla por ser drástica o arrojarte desde un trampolín.
Es fácil hacer explotar algo. Es difícil reconstruir.
Si renuncias a Lololime, y terminas con Derek en malos términos, ¿dónde nos deja eso?
Acabo de firmar un contrato con él para la mayor parte de nuestro ganado de engorde.
—¿Nuestro qué?
—Son los nuevos terneros que necesitan comer para crecer lo suficiente como para hacer algo con ellos.
—¿Qué tiene que ver eso…?
—Amanda Saddler me dijo que quieres ser como yo.
Dijo que estás tratando de canalizar tu Abigail interior.
Bueno, si quieres mi consejo, si eso es realmente lo que quieres hacer, entonces necesitas armarte de valor y hacer cosas que odias incluso cuando odias hacerlas.
Tienes que hacer el trabajo duro para crear algo nuevo, incluso cuando no quieres hacerlo.
Y no puedes rendirte porque las cosas sean difíciles, porque serán realmente difíciles, muchas veces.
Amanda y yo hablamos otra media hora antes de que yo tenga que meterme de lleno en una querella que tengo que presentar al final del día.
Me siento bastante bien con el consejo que le doy.
Es lo mismo que le habría dicho a uno de mis hijos.
Es un gran plan para que deje de hacer algo que odia, para que se libere, pero hay que caminar antes de correr.
Tiene que lograr que su nuevo trabajo despegue antes de cortar la red de contención.
Si eso significa muchas horas y algunos intercambios irritantes con jefas autoritarias, bueno, eso es lo que haces cuando tienes hijos.
Mantienes esa red de contención a toda costa.
Especialmente considerando la incertidumbre en la que nos encontramos respecto del rancho, ella no puede dejar su trabajo en este momento.
Gracias a un golpe de suerte en mi investigación y a un antiguo escrito que trataba un tema similar, termino mi querella en un tiempo récord.
Debería ponerme a responder a los interrogatorios que tengo que entregar la próxima semana, pero los pintores están poniendo a todo volumen un mixtape horrible o algo así, y es un día espléndido y hace demasiado tiempo que no salgo a correr.
Así que me ato los cordones y salgo a la calle.
Ahora que me he propuesto correr siempre que puedo, puedo correr fácilmente ocho o nueve kilómetros.
Ya no hay razón por la que patéticamente mi velocidad disminuya a paso de tortuga enfrente de la casa de Steve.
De hecho, tal vez me dirija hacia el cañón.
Cuando llego al borde del camino de entrada, quiero girar a la izquierda y dirigirme a lo de Amanda, pero mis pies giran a la derecha. Como si tuvieran mente propia.
Lo cual es estúpido. No hay nada para mí hacia ese lado.
Sí, Steve estuvo increíble con los niños.
Sí, es médico y hace que cosas que me asustan y me abruman no parezcan gran cosa.
Sí, verle montar a caballo es parecido a lo que imagino que se sentiría viendo pintar a Van Gogh.
Y sí, todavía sueño con él sin camiseta, segando su jardín.
Cuando estoy dormida y, debería darme vergüenza, incluso cuando no estoy durmiendo.
Nadie de nuestra edad debería seguir estando tan bueno.
Y he pasado demasiado tiempo pensando en lo que dijo Donna.
Creo que esperaba que eso me hiciera a mí cambiar de opinión.
Creo que quería que llegara a la conclusión de que, por supuesto, Steve necesita un hijo.
Por supuesto que alguien que se preocupa por él debería estar dispuesto a proporcionarle lo que necesita.
Pero sólo me hizo estar más segura de que, si tuviera un hijo propio, sería extremadamente protector y lo cuidaría todo el tiempo.
Admiro ese sentimiento y, en otra vida, habría sido fantástico.
Pero ya tengo cuatro hijos a los que vigilo y por los que rezo exactamente así, día y noche.
No puedo arriesgarme a que no se sientan amados, adorados, queridos y protegidos por ningún hombre con el que pueda volver a casarme algún día.
No puedo dejar su felicidad y bienestar al azar, ni cambiarlo por el amor y la alegría que pueda sentir un futuro hijo.
Va en contra de cada fibra maternal de mi cuerpo.
A diferencia de Amanda, no tengo una red de contención, no en esto.
Si sigo pasando tiempo con Steve, pasaré de que me guste a que…
no puedo decirlo, ni siquiera a mí misma.
Ya estoy demasiado cerca. Pienso en él más de lo que debería.
Lamento el tiempo que no pasamos juntos.
Mis dedos ansían mandarle mensajes o llamarle todo el día.
Por las noches, cuando debería estar durmiendo, pienso en él.
A veces, incluso cuando estoy durmiendo.
Hasta he pensado en cómo sería nuestro hijo o hija.