La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2) La promesa
1%
La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2)

La Promesa en Cayo Levantado (El Banco de la Medianoche nº 2)

Por Marcos Duran

© inepub.com

La promesa

Después de haber tomado té y conversado durante horas, el Poeta y Luna se embarcaron en un viaje de varios días hacia el corazón del Caribe.

Luna siempre había soñado con esa región, aunque nunca había tocado sus aguas.

—Poeta, ¿por qué tardaste tanto tiempo? Creí que te ibas a tomar solo unos días y al final duraste catorce años.

—Luna, a decir verdad, yo pensaba que mi viaje había sido corto. Creía que me había tomado unos catorce días. Me tomó por sorpresa cuando el Banco me explicó que habían sido catorce años. Realmente creo que, donde estaba, el tiempo tenía una medida diferente que todavía no comprendo.

—¿Y realmente encontraste lo que buscabas?

—Solo te puedo decir que me entiendo mucho mejor.

—¿Y qué es lo que entiendes mejor ahora?

—Entiendo que me alejé, hasta cierto punto, de la poesía. Con eso no solo perdí mi voz, sino también mi sentido de la observación y la habilidad de sorprenderme.

—Pero, Poeta, a mí me gustan tus poemas.

—Ahí está el detalle. Escribirte poesía se volvió una obsesión que me desconectó de mí mismo. Solo te escribía a ti cuando debo escribirle al universo.

—Creo que tú me das la seguridad de expresar lo que sea sin miedo. Y eso me permite decirte con tranquilidad que te veo como esa amiga que siempre quise tener.

—¿Pero tienes a tu Banco?

—Él me conoce desde niño y es como mi padre, mi consejero fiel.

—Tú, en cambio, tienes ese aire de mujer que se mete sin golpear la puerta. Me gusta tu forma de reírte y esa costumbre tuya de no irte del todo, sin que eso implique deseo romántico. Siento que enriqueces mi vida sin complicarla.

—¿Sabes qué, Poeta? Me gusta la idea. Pero, en vez de que seamos amigos, quiero que nos tratemos como hermanos; que nos protejamos el uno al otro y que no tengamos secretos entre nosotros.

—Me encanta esa idea.

Ese día, el Poeta y Luna sellaron un pacto de hermanos y prometieron cuidar la entrañable relación que acababan de iniciar.

Ambos se tomaron de la mano.

Miraron las aguas turquesas en el horizonte.

Y las tocaron como símbolo de una promesa.