7 #2
—Así que no tendrá sexo conmigo porque quiere marcarme —dijo con voz apagada.
—¿Qué? ¡Oh, Dios mío! ¿En serio? ¿Cree que eres su compañera?
—¡No! Ese es el problema. Definitivamente no me quiere como compañera. Así que no hay nada que hacer. Lo cual está bien, en realidad, porque es demasiado mi tipo, si sabes a qué me refiero.
Ashley hizo una pausa.
—No, la verdad es que no. ¿Qué quieres decir?
—¿Has visto al tío? Parece que podría ser un matón de la mafia o un sicario o algo así. Cubierto de tatuajes, trabaja de obrero.
Ashley guardó silencio.
—¿Acabas de decir trabaja de obrero?
—No quiero sonar esnob. No tengo nada en contra del trabajo manual, obviamente.
Todavía trabajo en un bar para llegar a fin de mes y todos los tíos con los que he salido han tenido trabajos modestos.
Es solo que... había decidido que era hora de mejorar.
Quiero salir con un tío normal y profesional esta vez.
No con un jefe oscuro y peligroso de una pandilla de lobos que va en moto.
Ashley soltó una carcajada.
—No sé, eso me suena muy atractivo. Pero no sé si lo llamaría obrero. Quiero decir, creía que Ben dijo que reforma y vende casas, ¿no?
—Sí, trabaja para CJ Steele Construction, la empresa que reforma casas en el barrio de Old North End, ¿las que me tienen loca? Pero sabes a qué me refiero. No es médico ni abogado.
—No estás diciendo más que tonterías. ¿Desde cuándo quieres un médico o un abogado?
—¡De eso se trata! —gimió ella. Normalmente Ashley la entendía mejor—. No es lo que quiero, pero es lo que debería querer. He acabado con los chicos malos y Cody es definitivamente un chico malo.
—Hmph —resopló Ashley—. Bueno, no te creo, pero parece que necesitas tiempo y espacio para decidir qué quieres hacer ahora, y acabas de salir de una relación, así que no te precipites.
Si Cody no quiere acostarse contigo, probablemente sea algo bueno.
Sabes que eres demasiado leal con la gente a la que te apegas.
—Cállate.
—No te estoy criticando. Es lo que te hace una amiga increíble y una hermana perfecta. Es lo que te hará la mejor novia para el hombre que no se aproveche de ti.
—Si es que existe —dijo con amargura.
—Existe —murmuró Ashley, y Melissa percibió la profundidad de su amor por Ben. Una punzada de culpa por haber llamado durante su luna de miel la hizo olvidar sus propios dramas.
—Oye, vuelve con tu marido. Tu lobo alfa. ¿Todavía te muerde?
Ashley se rio.
—No, una vez que me marcó tuvo más control.
—Bueno es saberlo. No es que me vayan a marcar ni nada. Diviértete. Hazle una mamada increíble hoy, ¿vale?
Ashley se rio.
—Él te agradecerá la sugerencia. Hablamos pronto. Te quiero.
—Yo también te quiero —dijo suavemente y colgó.
Cody llegó a casa esa tarde y encontró a Melissa sentada en el sofá con el Chromebook apoyado en las piernas, adorablemente estudiosa. Había terminado sus tareas del día a toda prisa, porque no quería dejarla sola demasiado tiempo.
O tal vez era porque el aroma de ella aún persistía en su ropa, y la visión de Melissa, gloriosa y desnuda, intentando arrastrarlo a la ducha esa mañana se repetía en su mente hasta que apenas podía pensar.
Ella no levantó la vista de inmediato, pero se le colorearon las mejillas, y él supo que estaba recordando lo que le había hecho esa mañana. Sonrió con suficiencia.
—Hola, nena. ¿Ningún atuendo especial para recibirme hoy?
Ella frunció los labios en lo que debía ser un intento de parecer recatada, pero en realidad la hacía parecer aún más gatita sexy.
—Eso me metió en problemas, si mal no recuerdo.
Él se acercó con paso tranquilo, con el miembro ya endureciéndose ante el recuerdo.
—Y me parece recordar que disfrutaste de tu castigo. Bastante.
A ella le temblaron los labios, pero siguió fingiendo que lo ignoraba, tecleando en el ordenador.
El teléfono desechable que le había comprado sonó.
—Desvié las llamadas de mi antiguo teléfono a este número —explicó mientras lo cogía—. Soy Melissa.
La sangre se le fue del rostro.
—No sé dónde está —dijo con voz ronca.
Él corrió a su lado y pegó la oreja junto a la de ella.
—Dile que Junior Rabago lo está buscando y quiero que me devuelva mi dinero. Tiene hasta el viernes para conseguirlo.
—¿Cuánto dinero le debe?
—Catorce mil, más intereses. Necesito que se pague en su totalidad o tú y tu chico morirán. No creas que no puedo encontrarte.
Colgó.
Melissa respiró hondo, temblorosa.
—Bueno... al menos ahora sé cómo contactar con él, si usamos el dinero de Ben para pagarle.
—Vamos a pagarle. Cuanto antes, mejor. Necesitamos quitarnos a este tipo de encima y sacarlo de tu vida.
—¿Crees que eso también se lo quitará de encima a Jeremy?
Él frunció el ceño, odiando que mencionara al imbécil.
—Solo si forma parte de la entrega —opinó.
A ella le temblaba la mano mientras miraba el teléfono.
—Hablé con Ashley hoy y Ben dijo que puede transferir el dinero directamente a tu cuenta, si le das el número de ruta y de cuenta.
—Se lo envío ahora.
Se alejó de ella, incapaz ya de permanecer tan cerca sin tumbarla de espaldas y hacer con ella lo que quisiera.
Ella volvió a concentrarse en el Chromebook y frunció el ceño.
—¡Oh, no! —exclamó, golpeándose la frente. Arrojó el Chromebook al sofá y se puso de pie de un salto—. ¡Oh, mierda, joder, mierda, joder, mierda!
Empezó a dar vueltas por el salón, agitando los puños en todas direcciones.
—¿Qué? ¿Qué pasa?
Ella se giró hacia él.
—Olvidé el cumpleaños de mi pequeña.
Él la miró fijamente. ¿Por qué demonios se estaba alterando tanto?
—¿Tu qué?
—Mi pequeña. Estoy en el programa de Big Brothers Big Sisters.
Anoche tenía que quedar con mi pequeña para celebrar su cumpleaños.
Con todo lo que está pasando, se me olvidó por completo.
Seguro que intentó llamar a mi teléfono, pero claro, no lo tengo, y a estas alturas estará sin batería. Me siento como una idiota.
Él la miró, sorprendido de lo mucho que parecía importarle.
Acababa de recibir una llamada de un tipo que había amenazado con matarla y no se había alterado, ¿y ahora estaba así?
¿Por haber faltado a una cita con una niña de un programa benéfico?
¿La mujer a la que había catalogado de superficial, por no decir egoísta, estaba realmente tan disgustada por una niña desfavorecida?
El simple hecho de que participara en el programa lo dejó de piedra.
—Pues dile que se lo compensarás.
Para su alarma, los grandes ojos azules de ella se llenaron de lágrimas.
—No lo entiendes. Es una niña totalmente desfavorecida. Su madre es una stripper yonqui que apenas consigue mantener un techo. Seguramente nunca ha tenido un cumpleaños decente en su vida. Le había comprado un regalo genial y yo...
Se detuvo, con la barbilla temblándole.
—Nena.
La necesidad de consolarla le hizo querer aullar. No se le daba bien calmar a las mujeres, le faltaba mucha práctica, pero desde luego tenía que intentarlo. La atrajo hacia su costado y le acarició la parte baja de la espalda con movimientos circulares.
—Preciosa, no llores. Iremos allí ahora mismo y se lo explicaremos. Bueno, no podemos explicarle lo de la gente que quiere matarte, pero le diremos que tuviste una emergencia.
—Pero su regalo —gimió—. Está en mi casa.
—Le compraremos un regalo de camino y puedes decirle que tienes algo más para ella después. Tendrá dos cumpleaños. ¿A qué niña no le encantaría eso?
Melissa sorbió por la nariz.
—¿No te importa llevarme allí ahora?
Le tomó la barbilla y le alzó el rostro manchado de lágrimas. Ver la humedad que aún le recorría las mejillas le resultaba inaceptable. Quería destruir todo lo que alguna vez la hubiera hecho llorar. Le desconcertaba el poder que sus lágrimas ejercían sobre él.
—Siempre y cuando dejes de llorar —murmuró.
Ella soltó algo entre un sollozo y una risa, y lo empujó mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.
Fueron hasta Dairy Queen y compraron una tarta de helado de Oreo, decorada con el nombre de su pequeña —Margot— porque Melissa dijo que seguramente no recibía muchas cosas con su nombre.
Con la tarta en el regazo y una tarjeta regalo de Target en el bolso, Melissa iba sentada rígidamente a su lado, con los hombros erguidos y tensos.
—¿Cuánto tiempo llevas siendo su hermana mayor?
Quería saber más sobre ese lado de Melissa. Ese lado inesperado y generoso.
—No mucho —se mordió el labio inferior—. Seis meses. Es un proyecto de Brown Realty. Al principio no quería hacerlo.
—¿Por qué no?
Esperaba que dijera lo pesado que era o que enumerara los problemas del programa, pero ella miraba por la ventana, mordiéndose aún el labio.
—Me encariño demasiado —dijo finalmente, con un suspiro—. No sé tener relaciones superficiales. Me entrego por completo y nunca sé cuándo parar.
Tuvo la sensación de que también podría estar hablando de su exnovio.
Ella soltó otro suspiro.
—No puedo creer que olvidara su cita de cumpleaños. Soy un desastre.
Arqueó las cejas. Esa era su frase. ¿Melissa se veía de esa manera? Si era así, había estado mirándose en el espejo equivocado.
—¿Cómo eres un desastre?
—Siempre lo he sido —dijo suavemente.
Odiaba la apatía en su voz, en su mirada vacía hacia la ventana.
—Sigo intentando mejorar, pero nunca consigo hacerlo bien.
—Creí haber dicho que nada de llorar —dijo, esperando aligerar el ambiente.
No funcionó. Ella ni siquiera pareció oírlo.
—Oye... Estoy seguro de que eres una hermana mayor increíble. Margot va a estar encantada.
—Ashley no lo habría olvidado.
Ashley. ¿Era su gemela?
—Melissa, estás siendo demasiado dura contigo misma.
—Ashley era la gemela buena. La de las notas perfectas y las puntuaciones altas en los exámenes. La que hacía todo bien.
Torció el labio. Sabía lo que era no estar a la altura de sus hermanos. Y bastante, de hecho.
—Entonces, ¿tú qué eras?
Ella soltó una risa áspera.
—Yo era la que se saltaba las clases en el instituto. La que probaba drogas en el aparcamiento de abajo con los macarras. La que salía con imbéciles como Jeremy.