La promesa de un McLean (Rebeliones en Escocia 2) Epílogo
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Epílogo

B raden ayudaba a Callum en las cuadras arreglando unos postes cuando apareció James. Los dos se volvieron hacia este cuando lo vieron.

—¿Os echo una mano? Por fin mi querida esposa me ha dejado libre.

Callum miró a su cuñado con una sonrisa cínica.

—Según lo has dicho, da la impresión de que Fiona te ha tenido encerrado en la habitación sin poder escaparte mientras... Ya me entiendes.

Braden se echó a reír a carcajadas por el comentario.

—No ha tenido nada que ver con eso. Se refiere a ciertas reformas que quiere ir haciendo en el castillo, dado que tú pareces decidido a quedarte en Menzies —señaló a Braden con el dedo y su mirada entornada.

—Sí, eso. ¿Piensas quedarte para siempre? Que conste que me parecería genial que lo hicieses. —Callum le palmeó el hombro y asintió convencido de que era lo más apropiado después del tiempo que llevaba a allí.

Braden resopló. Apoyó su antebrazo en el poste de madera y dejó la mirada suspendida en el vacío. Pensaba en cierta muchacha de cabello cobrizo que parecía tenerlo embrujado.

—No estoy seguro.

—¿Por qué? —James se cruzó de brazos y observó con detenimiento a su amigo.

—Quiero quedarme porque estoy a gusto, pero por momentos me asalta mi espíritu aventurero. Ese que tú tan bien conoces y que me lleva por ahí en busca de emociones.

—Pues si son lo que buscas deja que te diga que aquí no te faltarán con mi hermana. Te lo aseguro. —Callum asintió convencido de que, si era cierto lo que venía sospechando de Keira, a Braden no le iban a faltar aventuras.

—¿De qué demonios estás hablando? —le preguntó James picado por la curiosidad que le habían despertado aquellas palabras.

—Pues de quién va a ser... De Keira. Estoy seguro de que le gustas —señaló a Braden con naturalidad mientras este parpadeaba perplejo por aquel comentario—. Se pasa todo el día preguntándome si te vas a marchar o a quedar. E incluso he escuchado alguna que otra conversación con Fiona sobre ti.

—Me estás dejando sin palabras, amigo —le aseguró Braden.

—Pues imagina cómo me quedé yo cuando la escuché. Keira se mostraba insegura sobre lo que harías. Y Fiona le aseguraba que se os veía bien juntos. Charlando, riendo, danzando... Ya sabes.

Braden apretó los labios con fuerza y se llevó el puño a la boca con gesto pensativo. ¿En serio Keira se sentía atraída por él? Cierto que pasaban juntos bastante tiempo, como había señalado Fiona, y que parecían congeniar, pero él creía que se trataba de pura amistad. Nada más.

—Eso es verdad. Yo también me he dado cuenta de todo eso. Bueno, ¿y tú? ¿Qué tienes que decir? —le preguntó James viendo la expresión de su mejor amigo.

—La verdad... No lo sé.

—Pues si decides quedarte procura saberlo, amigo —Callum asintió con total seguridad.

—Creo que es mejor que sigamos arreglando esto. Ya tendré tiempo de...

—No, no. Fiona me ha preguntado si ha de acondicionarte una habitación en el piso superior. Ya sabes que sobran y que tú has decidido dormir en cualquier parte. De manera que... Tienes que darme una respuesta.

Braden resopló mientras se debatía entre su espíritu aventurero y la atracción que Keira había despertado en él. Paseó la mirada por los rostros de ellos dos antes de decidirse.

James permanecía sentado sobre el saliente de la ventana contemplando la noche a través del cristal. Parecía estar pensando en algo que le preocupaba, porque tenía el ceño fruncido, como pudo ver Fiona al fijarse en él.

—¿Qué te inquieta? —le preguntó al llegar a su lado; deslizó un brazo por debajo del suyo y lo miró con ternura.

—Oh, nada en particular.

—Pues la expresión de tu rostro cuando he entrado parecía decir lo contrario.

—Pensaba en las vueltas que da la vida. Nunca pude imaginar que acabaría casado y viviendo en otro castillo que no fuese Duart.

—Por lo que vi cuando estuvimos allí, tu hermana tampoco tiene pensado quedarse.

—Casarse con el duque de Argyll la obliga a vivir en el castillo de Inveraray, ya sabes. Yo estoy muy a gusto aquí en Menzies —le aseguró rodeándola por la cintura para atraerla más hacia él y así poder besarla.

—Me alegro de que lo estés. De paso podrías decirme si Braden te ha dicho algo al respecto de lo que te pedí.

James echó la cabeza hacia atrás para apoyarla en la pared. Cerró los ojos y comenzó a reírse.

—Dime la verdad —la contempló con los ojos entrecerrados tratando de saber qué pasaba por la mente de su esposa—, ¿por qué tienes tanto interés en saberlo? ¿Hay algo que no me has contado?

Fiona sintió la bofetada de calor en el rostro al escuchar semejante pregunta. Entrecerró los ojos mirando a James y los nervios la atenazaron.

—¿Yo? ¿Por qué me lo preguntas?

—Porque me parece percibir un interés especial en que se quede y creo saber por qué. O por quién —ironizó él entornando su mirada con toda intención—. ¿Vas a negarlo?

—¿Qué negaría?

—Que hay algo que no me has contado en relación con mi amigo y tu hermana...

Fiona sonrió con picardía y puso los ojos en blanco.

—¿Y si lo hubiese?

—Pues creo que deberías contármelo para saber a qué atenerme cuando Braden hable de Keira.

—Un momento. ¿Habla de ella?

—¿Lo ves?

—¿Qué tengo que ver?

—Tu interés en Braden es por tu hermana. Solo he tenido que ver la cara que has puesto cuando te he contado que él habla de ella.

—Vale, admito que me gustaría que ambos lo intentasen. Presiento que los dos se sienten atraídos, pero...

—¿Pretendes que acaben juntos?

—¿Qué problema hay? De igual modo que me gustaría que Callum se decidiese con Meribeth.

—¡Por san Andrés! ¿Pretendes hacer de casamentera con tus dos hermanos?

—¿Qué hay de malo, cuando se ve que entre ellos existe algo que los empuja a estar juntos? Una chispa...

—Ten cuidado con la chispa, no vaya a prenderse y a quemarlos.

Pero eso deberá esperar, porque en este momento es otra chispa la que estás empezando a prender, querida.

—James descendió de la ventana y comenzó a llevar a Fiona hacia la cama mientras las caricias y los besos se volvían más impetuosos.

—Estoy de acuerdo —asintió ella rodeándolo por el cuello para profundizar el beso.

—Dejemos para mañana a los demás y centrémonos en nosotros.

—Prometido, McLean —le susurró, dejándolo sin palabras—. Yo también puedo hacer promesas y esta noche te prometo que no la olvidarás.

Las carcajadas de ambos se mezclaron mientras rodaban por la mullida cama dejando paso a los suspiros y gemidos inequívocos de la pasión.