La promesa de su corazón (Dulces corazones de Sweet Creek nº 2) CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

“—¿Qué hago con esto?

Allison estaba frente al escritorio de Nadine al día siguiente, con el fajo de notas que había tomado la semana anterior en las manos.

Nadine levantó la vista hacia ella mientras intentaba ordenar sus pensamientos.

—¿Se supone que tengo que convertir esto en un artículo coherente para esta tarde? —Allison levantó la mano como rindiéndose—. Pensé que lo ibas a escribir tú. No conozco esta empresa como tú.

—Por eso te pedí que lo escribieras —Nadine le sonrió a Allison cuando sonó el intercomunicador—. Tendrás una perspectiva distinta de todo esto.

—Tienes una llamada en la línea uno —dijo la voz de Julie por el intercomunicador.

—Lo harás muy bien, Allison —dijo Nadine, indicándole con un gesto que se fuera—. Ahora ponte a trabajar. Lo revisaré cuando termines.

Pulsó el botón y descolgó el teléfono, dando por terminada la conversación con su nueva reportera.

Allison volvió a mirar las notas y se marchó.

—Hola —dijo Nadine, sonriendo ante la expresión de Allison mientras se iba.

Se encajó el auricular entre el hombro y la oreja y guardó los papeles del escritorio en una carpeta.

—¿Señorita Laidlaw?

—Sí.

—Soy la mujer que quiere quedar con usted en el partido de voleibol del viernes —la voz era áspera y grave, voz de fumadora.

Nadine hojeó su calendario de escritorio, desconcertada. No había nada apuntado.

—¿Partido de voleibol? —No recordaba haber quedado con nadie.

—Le envié la carta. Sobre Skyline.

Nadine apretó el auricular con fuerza; el corazón le dio un vuelco cuando todo volvió a su memoria. ¿Cómo había podido olvidarlo?

—¿Le viene bien a las cinco? —continuó la voz áspera.

Nadine pensó de inmediato en Clint. ¿Qué pensaría él? ¿Debería hacerlo?

Dejó a un lado sus dudas. No iba a hacer nada con la información. Era solo una reunión, una forma de zanjar el asunto de una vez por todas, como él la había animado a hacer.

—Sí —le aseguró Nadine, y acercó un bolígrafo y un bloc—. Estaré allí cubriendo un partido de voleibol. ¿Cómo la reconoceré?

—Como le dije, llevaré una sudadera verde y pantalones grises. Sé qué aspecto tiene. Quédese en el gimnasio principal y yo la encontraré.

—De acuerdo. A las cinco en punto, gimnasio principal. Entendido.

—¿Nadie más lo sabrá ni estará allí?

Nadine vaciló. ¿Le estarían tendiendo una trampa? La mujer sonaba a chiflada, pero no se atrevía a ofenderla. Había esperado demasiado para averiguar qué sabía aquella informante.

—Nadie más lo sabrá. ¿Puedo preguntarle su nombre?

—Chantelle.

—De acuerdo, Chantelle. Nos vemos entonces.

Sin despedirse, la misteriosa mujer colgó.

Nadine dejó el teléfono en la base, soltó el aire y se recostó. Había demasiado misterio en torno a aquella mujer, y por un momento estuvo tentada de dejarlo correr. Le había prometido a Clint que se alejaría de Skyline.

Esto es para mí, comprendió. Esto es por mi madre.

Aunque le había pasado el artículo del accidente a Allison, sabía que tenía que seguir investigando aquello.

Clint esperó mientras Julie lo pasaba con la oficina de Nadine. Sintió un momento de aprensión y deseó estar de vuelta en Sweet Creek en lugar de atrapado en un hotel de Cranbrook. Pero cuando un anunciante importante llama para hablar de una cuenta, uno va.

Sin embargo, ahora estaba tan nervioso como un adolescente y tuvo que recordarse que era el jefe de Nadine, además de...

No estaba seguro de qué, exactamente. Solo sabía que no pensaba dejar que Nadine se le escapara de las manos otra vez.

—Hola —la voz vacilante de Nadine lo hizo sonreír.

—Hola, soy tu jefe. Me preguntaba si tienes alguna reunión importante del consejo escolar que cubrir el viernes por la noche.

—De eso se encarga Wally —sonaba reservada.

—¿Ningún partido de voleibol?

—Allison se ocupa de ellos.

Sonaba distante, y eso le molestaba. ¿Se arrepentía de los momentos que habían pasado juntos? ¿Estaría pensando en Trace otra vez?

Clint apoyó la frente en el cristal frío de la ventana de su habitación de hotel.

Deseaba estar de vuelta en su oficina, justo al lado de la de Nadine.

Quería abrazarla y recordar que ella había acudido a sus brazos por voluntad propia.

No sabía por dónde empezar con aquella chica que lo traía de cabeza desde hacía tantos años.

—¿Entonces puedes dedicarme algo de tiempo?

—¿El viernes por la noche? ¿Este viernes? Pensaba que no volvías hasta el sábado.

Vuelvo antes porque te he echado de menos.

Ni loco le diría eso.

—Había pensado en recogerte sobre las seis en tu apartamento.

Ella guardó silencio un momento y luego dijo, casi sin aliento:

—¿Podemos quedar más tarde?

Parecía que le estaba dando largas, y Clint no sabía si era su imaginación desbocada o si ella lo estaba evitando.

Tenía que dejarlo estar. Recordar los buenos momentos, los momentos de intimidad, todo lo que compartían. Seguramente estaba ocupada.

—De acuerdo. ¿Qué tal a las seis y media? Te llamo otra vez para confirmar. —Dios mío, pensó, parece que estuvieras haciendo una reserva de hotel.

Y se despidió, sintiéndose de todo menos romántico.

Ojalá pudiera volver a Sweet Creek ahora mismo, antes de que Nadine cambiara de opinión sobre él.

Justo cuando intentaba averiguar cómo escaquearse de sus reuniones antes de tiempo, sonó el móvil.

Miró la pantalla. Su abogado.

—Hola, ¿cómo va todo? —preguntó, esperando y rezando para que Matthew no llamara para hablar de Skyline.

—No está mal. He estado ocupado. Mi padre me tiene de aquí para allá.

Me pidió que hablara contigo otra vez sobre Nadine y Skyline.

Ha estado levantando ampollas y nos han estado llamando.

Como tu abogado, pensé que debía informarte de que el bufete no quiere estar en el punto de mira de Skyline.

Tenemos demasiadas cosas en marcha ahora mismo y no podemos arriesgarnos.

—Creo que las cosas están bajo control. Hubo un accidente la semana pasada con un empleado de Skyline, pero Nadine le pasó el artículo a la chica nueva, así que creo que será más equilibrado.

—¿Va a dejarlos en paz?

Clint se quedó junto a la ventana de la habitación del hotel, contemplando las luces de la ciudad que titilaban abajo, deseando estar en casa.

—Dijo que sí, y confío en ella.

—Espero que así sea por su bien, el tuyo y el del periódico —dijo Matthew con tono amenazante—. Skyline tiene el gatillo muy sensible.

—Déjate de metáforas bélicas. Lo pillo.

—Como te digo, eso espero.

Clint se despidió y se quedó con el teléfono en la mano, sintiendo unas ganas repentinas de llamar a Nadine otra vez. De asegurarse de que estaba haciendo lo que le había pedido.

¿Eso me haría parecer desesperado?

Dejó el teléfono a un lado y volvió al escritorio.

Pero mientras abría el portátil, no pudo evitar preguntarse por qué Nadine se había mostrado tan evasiva con lo del viernes por la noche.