5 #19
—Con los años, encontramos una especie de equilibrio.
Aunque los dos llevábamos una vida miserable, ambos sabíamos con qué y con quién contábamos.
Claro que yo era consciente de que, de vez en cuando, aún se veía con Alex y que los dos sentían una especie de extraña atracción.
Pero creía que podríamos continuar como siempre.
Hasta que un día Anders me dijo que Alex quería contar lo que les había sucedido.
Que quería sacar los trapos sucios del armario, creo que fue lo que dijo.
Él parecía indiferente cuando lo comentó, pero para mí fue como una descarga eléctrica.
Eso lo cambiaría todo. Nada seguiría igual si Alex desvelaba los viejos secretos después de tantos años.
¿Y de qué iba a servir? ¿Y qué iba a decir la gente?
Además, aunque Anders intentaba darme a entender que no le afectaba lo más mínimo, yo lo conocía bien y creo que a él le gustaba la idea tan poco como a mí. Yo conozco, o conocía, a mi hijo.
—Así que fuiste a visitarla.
—Sí. Fui a su casa aquel viernes por la tarde para ver si podía hacerla entrar en razón. Hacerle comprender que no podía tomar ella sola una decisión que nos afectaba a todos.
—Pero ella no lo comprendió.
Vera sonrió con amargura.
—No, no lo comprendió.
La mujer iba ya por el segundo café cuando Patrik aún no iba por la mitad del primero, pero esta vez apartó la taza, cruzó las manos y las apoyó sobre la mesa.
—Le supliqué que no lo hiciera. Le expliqué hasta qué punto le complicaría la vida a Anders que contara lo ocurrido, pero ella me miró a los ojos y aseguró que yo solo pensaba en mí misma, no en Anders.
Que para él sería un alivio que todo se supiera por fin.
Que él nunca había pedido nuestro silencio y, además, me dijo que yo, Nelly, Karl-Erik y Birgit no habíamos pensado en ellos dos cuando decidimos mantenerlo en secreto, sino que solo nos interesaba mantener nuestra imagen inmaculada. ¡Puedes imaginar mayor desfachatez!
La cólera que encendió la mirada de Vera por un instante se extinguió con la misma rapidez con que había surgido y dio paso a una expresión indiferente, casi cadavérica. Continuó con voz monótona:
—Algo se me quebró por dentro ante una afirmación tan insólita.
Que yo no había hecho todo aquello por el bien de Anders.
Casi pude oír el «clic» que me hizo el corazón y empecé a actuar sin pensar.
Llevaba en el bolso mis somníferos y, cuando Alex fue a la cocina, deshice un par de pastillas en su bebida.
Me había ofrecido una copa de vino a mi llegada y, cuando volvió de la cocina, fingí que aceptaba lo que acababa de decirme y le pregunté si no podíamos apurar nuestras copas como amigas antes de que me marchara.
Alex pareció alegrarse de ello y bebió conmigo.
Tras unos minutos, se durmió en el sofá.
En realidad, no había planeado el siguiente paso, lo de los somníferos fue una inspiración repentina, pero se me ocurrió hacer que pareciera un suicidio.
No tenía pastillas suficientes como para administrarle una dosis mortal, lo único que pensé fue cortarle las venas.
Sabía que la gente lo hacía en la bañera, así que se me antojó una idea buena y fácil de llevar a cabo.
Su voz sonaba monótona, como si estuviera contando una historia normal y corriente, no un asesinato.
—Le quité toda la ropa. Creía que iba a poder con ella, tengo mucha fuerza en los brazos después de tantos años trabajando, pero comprobé que era imposible.
Tuve que arrastrarla hasta el cuarto de baño y meterla como pude en la bañera.
Luego le corté las venas de las dos muñecas con una cuchilla que había en el armario del baño.
Después de haberle limpiado la casa una vez a la semana durante años, sabía dónde encontrar lo que necesitaba.
Fregué la copa en la que había bebido, apagué la luz y cerré la puerta con la llave, que luego dejé en el lugar de siempre.
Patrik estaba conmocionado, pero se obligó a hablar con calma.
—Comprenderás que tienes que venir conmigo. No creo que sea necesario llamar a la comisaría para pedir refuerzos, ¿verdad?
—No, no es necesario. ¿Puedo recoger unas cosas que quiero llevarme?
Patrik asintió.
—Sí, claro.
La mujer se levantó. En el umbral de la puerta, se volvió hacia él.
—¿Cómo iba yo a saber que estaba embarazada? Claro que no bebió alcohol, la verdad es que no caí en ese detalle, pero no tenía ni idea de que fuera por eso. Tal vez no fuera muy dada a la bebida, o pensaba conducir después. ¿Cómo iba yo a saberlo? Era imposible, ¿verdad?
Su voz tenía ahora un timbre suplicante y Patrik no pudo por menos que asentir sin pronunciar palabra.
Llegado el momento, le contaría que el niño no era de Anders, pero por ahora no quería arruinar el equilibrio logrado con su confesión.
Vera tendría que contarles su historia a más personas, antes de que ellos pudieran cerrar definitivamente el caso del asesinato de Alexandra Wijkner.
Pero había algo que lo inquietaba. Su intuición le decía que Vera no se lo había contado todo aún.
Cuando se sentó en el coche, cogió la copia de la carta de despedida que había dejado Anders como su último mensaje destinado al mundo. Muy despacio, Patrik fue leyendo lo que Anders había escrito y, una vez más, sintió el dolor que emanaban aquellas palabras plasmadas en un trozo de papel.