Capítulo 15
Sofia empezó la reunión dejando un documento abierto en la pantalla compartida.
Ben y Jamie estaban sentados uno al lado del otro frente al portátil de Ben, en Casa Horizonte, porque la coordinadora les había pedido que participaran juntos en aquella fase después de confirmarse sus identidades.
Ninguno de los dos sabía exactamente qué quedaba todavía por explicar.
La tarde anterior, descubrir que Atlas y Cometa nunca habían sido otras personas había parecido eliminar la parte más complicada de la situación.
—Ahora que la revisión técnica ha concluido, podemos presentar el resultado completo y explicar qué ocurrió —dijo Sofia—.
Antes de entrar en los números, quiero reiterar que el error se produjo exclusivamente en la asociación entre los identificadores anónimos.
Vuestros registros, las respuestas a los cuestionarios y los cálculos de compatibilidad eran correctos.
El sistema simplemente conectó dos códigos que no deberían haberse asociado entre sí.
—Entonces el problema no fue el cálculo —dijo Ben, mirando el documento—. Fue quién recibió a quién.
—Exactamente. —Sofia amplió una sección del informe—.
Durante la formación del grupo, la capa responsable de vincular los códigos anónimos asoció a Atlas con Cometa a pesar de que esa conexión no cumplía el límite mínimo previsto por el programa.
La auditoría del día 16 detectó la discrepancia, y la suspensión posterior fue necesaria para confirmar si el error se limitaba al emparejamiento o implicaba algún fallo de seguridad.
No hemos encontrado ninguna filtración de datos ni alteración de los cuestionarios.
Jamie se inclinó un poco hacia la pantalla.
—Bien. Ya sabemos que somos el accidente estadístico del grupo. ¿Cuánto fue?
Sofia hizo una breve pausa antes de mostrar el índice.
37 %
Jamie parpadeó.
—¿Ni siquiera cuarenta?
Ben no rio.
Jamie se dio cuenta y volvió la mirada hacia la pantalla.
El número parecía demasiado pequeño para todo lo que había ocurrido durante las últimas semanas.
Ben sintió la primera reacción antes incluso de poder organizar el pensamiento: treinta y siete no estaba simplemente por debajo del mínimo.
Estaba muy por debajo de los sesenta y cinco exigidos para cualquier conexión regular.
—Necesito aclarar qué representa este índice antes de que saquéis conclusiones a partir de él —continuó Sofia—.
Un treinta y siete por ciento no significa que compartáis únicamente un treinta y siete por ciento de intereses, valores o características.
El índice es una predicción de compatibilidad práctica a largo plazo basada en las respuestas proporcionadas antes de la experiencia.
Algunas categorías tienen un peso considerablemente mayor que otras.
—¿Qué categorías nos hundieron? —preguntó Jamie.
—«Hundieron» no es exactamente...
—Sofia.
Ella respiró hondo.
—Las mayores diferencias aparecen en rutina, necesidad de previsibilidad, planificación, toma de decisiones y tolerancia a los cambios espontáneos.
Apareció otro cuadro en la pantalla.
Ben lo leyó antes de que Sofia necesitara explicarlo.
BEN — planificación alta.
JAMIE — flexibilidad alta.
BEN — preferencia por una rutina previsible.
JAMIE — preferencia por una rutina variable.
BEN — baja comodidad con decisiones espontáneas importantes.
JAMIE — alta comodidad con decisiones espontáneas importantes.
Había otros puntos en la misma dirección: planificación de viajes, organización doméstica, antelación para compromisos y necesidad de estructura al tomar decisiones a largo plazo.
Jamie volvió la cara hacia Ben.
—Esto es casi ofensivamente previsible.
Ben siguió mirando la pantalla.
—No está equivocado.
El humor de Jamie disminuyó un poco.
—No he dicho que lo esté.
Sofia pasó a otra parte del informe.
—También hay áreas de gran proximidad entre vosotros.
El algoritmo asigna menos peso a algunas de ellas en el índice final porque el modelo fue diseñado para estimar fricción práctica en la convivencia, no solo afinidad personal.
Presentáis respuestas muy próximas en honestidad, fidelidad, importancia atribuida a la familia, ética, humor y visión general de pareja.
Jamie leyó la lista.
—Entonces estamos de acuerdo en las cosas pequeñas, como la ética y la fidelidad, y discutimos porque él quiere reservar un hotel con seis meses de antelación.
—No reservo hoteles con seis meses de antelación para cualquier viaje.
Jamie lo miró.
—Te has ofendido por la parte equivocada de la frase.
—Estoy corrigiendo información imprecisa.
Sofia permaneció en silencio hasta que los dos volvieron a prestarle atención.
—El sistema no afirma que una relación entre vosotros sea imposible —continuó—. Afirma únicamente que, basándose en las respuestas proporcionadas, existen diferencias prácticas que estadísticamente aumentarían la probabilidad de fricción en una relación a largo plazo.
Ben volvió al número.
Treinta y siete.
Jamie se dio cuenta.
—¿Y las personas más compatibles que mencionaste antes? —preguntó, devolviendo a Sofia a la conversación—. ¿Existen de verdad o era una manera educada de evitar que entráramos en pánico?
—Hay perfiles con índices considerablemente superiores disponibles en la base de datos de este grupo. —Sofia cambió de nuevo la pantalla—. Para Ben, el perfil de mayor compatibilidad disponible está aproximadamente en un noventa y cuatro por ciento. Para Jamie, en un noventa y dos.
Ben apartó por fin los ojos del 37 %.
—¿Esas eran nuestras parejas originales?
—No. —La respuesta de Sofia fue inmediata—.
Es importante no interpretarlo de esa manera.
No existe una «pareja destinada» que haya sido sustituida por el error.
Son simplemente los perfiles disponibles en este grupo que, a día de hoy, presentan los mayores índices previstos para cada uno de vosotros.
Jamie se recostó en la silla.
—Noventa y dos. Casi competente.
Ben le lanzó una mirada.
—Estás bromeando porque no te ha gustado la información.
—Sí. Gracias por reconocer mi mecanismo de defensa ahora que tienes acceso a las dos versiones de mí.
Sofia continuó con la misma neutralidad.
—Como vuestra conexión se formó de manera incorrecta, todavía podemos ofreceros presentaciones con esos perfiles, si lo deseáis. No hay ninguna obligación de aceptar y esto no interfiere con vuestra decisión de permanecer conectados hasta que termine el programa.
Jamie ni siquiera necesitó mirar a Ben antes de responder.
—No quiero.
Ben tardó apenas un segundo más.
—Yo tampoco.
Sofia registró las negativas.
—Entendido. No se iniciará ningún contacto nuevo.
La reunión continuó únicamente el tiempo suficiente para que aclarara los últimos detalles técnicos. Cuando terminó la llamada, la pantalla del portátil volvió a mostrar la hoja de cálculo que Ben había dejado abierta antes de la reunión.
Jamie permaneció sentado a su lado.
—Treinta y siete —dijo después de unos segundos.
—Lo he oído.
—Solo estoy comprobando que el número no haya mejorado desde que Sofia colgó.
Ben cerró el portátil.
—Jamie.
—Está bien. —Dejó el humor a un lado—. Sé que estás pensando.
—Es mucha diferencia.
—Sí.
Ben lo miró, quizá esperando algún intento de restarle importancia.
Jamie no lo hizo.
—Y noventa y cuatro es mucha compatibilidad —añadió Ben.
—También.
—¿No te parece extraño rechazar a alguien que, en teoría, encajaría mucho mejor contigo?
—No conozco al noventa y dos por ciento. —Jamie se encogió de hombros—. Te conozco a ti.
Ben asimiló la respuesta sin comentar nada.
Jamie se levantó.
—Y antes de que conviertas esto en una conclusión romántica más grande de lo que es: no estoy diciendo que el número no importe. Solo que no voy a cambiar a una persona que quiero conocer por un informe sobre alguien a quien no conozco.
Ben asintió.
La frase tenía sentido.
Eso no impidió que el número siguiera acompañándolo después de que Jamie volviera al trabajo.
◆◆◆
Al día siguiente, Ben detectó tres diferencias antes de las diez de la mañana.
Jamie había llegado con café y sin haber comprobado la previsión meteorológica, a pesar de que una parte del montaje exterior dependía de un periodo sin lluvia.
Había cambiado el orden en el que pretendía revisar dos instalaciones porque uno de los espacios estaba vacío en aquel momento y, según él, «ya que está libre, lo hacemos ahora».
Cuando Mara preguntó por una reunión para la semana siguiente, Jamie respondió que probablemente podría asistir antes incluso de abrir el calendario.
Nada de aquello era nuevo.
Ben ya había visto versiones de esas cosas durante semanas.
Aquella mañana, sin embargo, cada una parecía venir acompañada por una línea invisible del informe.
Flexibilidad alta.
Rutina variable.
Alta comodidad con decisiones espontáneas.
No lo criticó.
Tampoco se alejó.
Simplemente empezó a fijarse.
Jamie lo notó a la tercera mirada.
—Si sigues poniendo esa cara cada vez que cambio algo, voy a empezar a cobrar por la evaluación.
—¿Qué cara?
—La que dice que estás rellenando una tabla mental.
Ben apartó los ojos hacia el calendario que tenía delante.
—No estoy rellenando ninguna tabla.
—Ha sido una negación extrañamente específica.
—Solo estoy trabajando.
Jamie no insistió en aquel momento.
Más tarde, discutieron la disposición de una zona pequeña.
Jamie quería decidir después de ver la iluminación definitiva; Ben prefería fijar la posición antes del montaje.
Era un desacuerdo banal, parecido a decenas que ya habían resuelto.
Aun así, Ben pensó en previsibilidad y flexibilidad antes de pensar en la solución.
Jamie lo vio.
Esta vez no lo dejó pasar.
—Lo estás haciendo otra vez.
—¿Haciendo qué? —Ben levantó la mirada del plano.
—Mirándome y acordándote del informe. —Jamie apoyó las manos en la mesa, sin agresividad—. Desde ayer, cada vez que hago algo que encaja con esa lista, pones esa expresión.
—Estoy prestando atención.
—¿A qué exactamente?
Ben dudó lo suficiente como para responder.
—A las diferencias.