Capítulo 4
El quinto día de Sin Rostro, la pregunta apareció incluso antes de que Ben terminara de acomodarse en el sofá.
CUENTA UNA SITUACIÓN EN LA QUE ESTUVIERAS COMPLETAMENTE EQUIVOCADO.
Volvió a leer la frase e inmediatamente desconfió de quien había decidido que aquello era una buena forma de empezar una conversación nocturna.
Cometa estaba conectado, pero tardó en escribir. Por primera vez desde el inicio del programa, ninguno de los dos intentó convertir la pregunta en una broma durante los primeros segundos.
COMETA: Se están poniendo agresivos.
Ben sonrió.
ATLAS: Es solo una pregunta.
COMETA: «Cuenta una situación en la que estuvieras completamente equivocado» no es una pregunta. Es una emboscada con signos de puntuación.
ATLAS: Puedo responder primero, si eso reduce el sufrimiento.
COMETA: Por favor. Quiero saber si Atlas admite oficialmente la posibilidad de equivocarse.
Ben apoyó el móvil sobre la pierna y pensó.
Podía elegir algo trivial. Un viaje mal planificado, una mala compra, cualquier situación que produjera una historia divertida y no dijera absolutamente nada sobre él.
Sin embargo, la propuesta del programa empezaría a perder sentido si pasaba treinta días ofreciendo únicamente versiones cuidadosamente editadas de su propia personalidad.
Volvió a coger el dispositivo.
ATLAS: Hace unos años, en una reunión de planificación, alguien propuso un cambio importante en un proyecto que yo coordinaba. La propuesta no estaba prevista, modificaba parte del calendario y obligaba a revisar cosas que ya estaban definidas. La descarté antes de escucharla por completo.
El indicador de que Cometa estaba escribiendo apareció, pero desapareció sin que llegara ningún mensaje. Ben continuó.
ATLAS: Pensé que estaba protegiendo el proyecto de una complicación innecesaria.
Unos días después descubrí que la idea solucionaba un problema que ni siquiera habíamos detectado todavía.
Tuvimos que dar marcha atrás y hacer casi exactamente lo que yo había rechazado, solo que con menos tiempo porque había desperdiciado varios días insistiendo en la primera decisión.
Esta vez Cometa respondió.
COMETA: Eso tuvo que doler.
ATLAS: Bastante.
COMETA: Me refiero a admitir que otra persona tenía razón.
ATLAS: Sabía a qué te referías.
Jamie rio mirando la pantalla.
COMETA: ¿Y pediste disculpas?
ATLAS: Sí. Después solucioné el problema.
COMETA: ¿En ese orden?
Ben dudó antes de responder.
ATLAS: No.
La risa de Jamie aumentó.
COMETA: Ya está. Ahora sí me creo la historia.
Ben no se ofendió. Había una precisión incómoda en aquella provocación.
ATLAS: Tu turno. Y no vale elegir algo como equivocarte de dirección al ir a un restaurante.
La respuesta tardó.
Jamie dejó el móvil a su lado durante unos segundos y miró hacia el techo. Tenía suficientes situaciones entre las que elegir, pero la primera que se le había ocurrido no era especialmente divertida. Quizá precisamente por eso fuera la correcta.
COMETA: Trabajaba en un proyecto que dependía de una entrega importante. El proveedor me pidió que confirmara todo con algunos días de antelación. No lo hice porque ya había trabajado con él antes y pensé que, si surgía algún problema, lo solucionaría.
Ben lo leyó y esperó.
COMETA: Surgió un problema.
ATLAS: Naturalmente.
COMETA: Gracias por el apoyo emocional.
ATLAS: Continúa.
Jamie volvió a ponerse serio.
COMETA: De verdad conseguí solucionarlo.
Pero, para hacerlo, tuve que pedirle a otra persona del equipo que cancelara sus planes personales y pasara casi toda la noche conmigo corrigiendo algo que nunca debería haber ocurrido.
Me fui pensando «al final salió bien». Solo después entendí que había salido bien porque otra persona había pagado por mi falta de preparación.
Ben no respondió de inmediato.
La noche anterior había acusado a un desconocido de tratar la planificación como un ataque personal. Ahora aquel mismo hombre le ofrecía espontáneamente una historia que contradecía la impresión más sencilla que podría haberse formado de él.
ATLAS: Al menos te diste cuenta.
COMETA: Después de poner a alguien en una situación horrible.
ATLAS: Darse cuenta después sigue siendo mejor que convertir el error en un método permanente.
Jamie volvió a leer el mensaje.
COMETA: Eso ha sido extrañamente amable.
ATLAS: No te acostumbres.
COMETA: Demasiado tarde. Ya he hecho una captura emocional.
ATLAS: Las fotografías están prohibidas.
COMETA: Has conseguido aplicar las condiciones de uso a una metáfora.
ATLAS: No ha sido difícil.
La pregunta había llevado la conversación a un lugar diferente al de las noches anteriores.
No había suficiente intimidad para grandes confesiones, pero tampoco parecían ya dos desconocidos rellenando un cuestionario.
Durante un rato hablaron sobre lo fácil que era admitir un error cuando nadie había presenciado todo el proceso, y Cometa declaró que las personas que decían «te lo dije» deberían pagar una tasa adicional de convivencia.
Atlas solo discrepó de la parte económica.
Cuando terminaron, Ben se dio cuenta de que le había contado a Cometa una historia que normalmente no compartiría en una primera cita. No porque fuera un secreto, sino porque no lo dejaba precisamente en buen lugar. Curiosamente, eso no le molestaba.
◆◆◆
A la mañana siguiente, la mesa de la pequeña sala de reuniones de Casa Horizonte estaba cubierta por tres planos impresos, dos listas de proveedores, el portátil de Jamie, el portapapeles de Ben y una cantidad de anotaciones que Mara empezaba a considerar una amenaza para su propia cordura.
—No podemos cambiar la entrada de los invitados dos días antes de empezar la difusión definitiva —dijo Ben, señalando el dibujo sobre la mesa—. Si quieres cambiar el sentido del recorrido, necesito saberlo ahora, porque afecta a la recepción, la acreditación y la ubicación del personal.
—No estoy cambiando la entrada de los invitados. Estoy sugiriendo que la primera instalación empiece antes del salón principal. —Jamie giró el portátil para mostrar el proyecto—. La acreditación sigue exactamente donde está.
—Si colocas algo aquí, la gente reducirá la velocidad antes de llegar a recepción.
—No necesariamente.
—Se detendrán a mirar.
—Eso es una suposición.
—Esa es la finalidad de una instalación.
Jamie respiró hondo.
—La finalidad no es hacer que doscientas personas se queden congeladas en la puerta al mismo tiempo. Puedo trabajar de una forma que guíe la mirada sin provocar una parada.
—Entonces necesito saber cómo.
—Y yo necesito desarrollarlo antes de darte las medidas de algo que todavía no existe.
Mara siguió mirando su propio ordenador mientras los dos hablaban. Era la tercera discusión de aquella mañana y todavía no eran las once.
—¿Necesito saberlo? —preguntó, levantando por fin los ojos hacia ambos.
—Sí —respondieron Ben y Jamie prácticamente al mismo tiempo.
Mara se quedó unos segundos mirándolos.
—Perfecto. Era exactamente la respuesta que no quería.
Ben se volvió hacia Jamie.
—No te estoy pidiendo medidas definitivas. Te estoy pidiendo información suficiente para saber si tu idea interfiere con una zona que ya estaba planificada.
—Todas mis ideas parecen interferir con una zona que ya has planificado porque planificaste el edificio entero antes de que yo llegara. —Jamie cerró un poco el portátil—. Y algunas cosas necesitan espacio para cambiar.
—Siempre que el cambio no comprometa...
—Basta. —Mara cerró el portátil.
El silencio llegó tan rápido que se arrepintió de no haberlo hecho veinte minutos antes.
Ben y Jamie la miraron.
—Tengo una institución que dirigir, patrocinadores esperando respuestas y un equipo que necesita saber qué va a pasar en este evento.
No puedo pasar las próximas tres semanas mediando cada vez que uno de vosotros utiliza las palabras «planificación» o «flexibilidad» con tono ofensivo.
—Mara empujó la silla hacia atrás y cruzó los brazos—. Así que vamos a resolver esto ahora.
—No creo que necesitemos mediación —dijo Ben.
—Claro que no. Tú crees que necesitas un procedimiento.
Jamie ocultó la sonrisa demasiado tarde.
—Y tú no lo celebres —añadió Mara, señalándolo—. Porque tú crees que necesitas libertad artística sin restricciones hasta que descubres que a los proveedores también les gusta recibir instrucciones antes del evento.
La sonrisa desapareció.
Mara cogió una hoja en blanco y la colocó en el centro de la mesa.
—Los dos sois buenos en lo que hacéis. Por eso os llamé a ambos.
Ben no está aquí para destruir tus ideas, Jamie.
Jamie no está aquí para convertir tu calendario en ficción experimental, Ben.
Pero tenéis que decidir dónde termina la responsabilidad de uno y empieza la del otro, porque yo no voy a arbitrar cada luminaria.
Jamie se recostó en la silla y miró a Ben.
—De acuerdo. Quiero poder modificar elementos creativos sin pedir autorización para cada detalle.
—Puedes modificar elementos creativos —respondió Ben, sin oponer resistencia inmediata—. Siempre que el cambio no afecte a la seguridad, el presupuesto, proveedores ya contratados o el calendario crítico.
—«Calendario crítico» puede significar prácticamente cualquier cosa si estás de mal humor.
—No significa eso. Hay tareas que dependen directamente de otras fases. Esas son las críticas.
—Entonces define cuáles son.
Ben se detuvo.
Jamie señaló la hoja.
—En serio. Si sé exactamente qué no puedo tocar sin hablar contigo antes, dejaré de descubrir la regla después de haber propuesto algo.
La sugerencia era razonable. Ben acercó la hoja y escribió cuatro palabras: seguridad, presupuesto, proveedores contratados, calendario crítico.
—Estas cuatro categorías requieren hablar antes de cualquier cambio —dijo Ben, girando la hoja hacia Jamie—. Fuera de ellas, puedes ajustar concepto, posición de elementos, contenido visual y ambientación sin esperar mi aprobación, siempre que permanezcas dentro del espacio ya asignado a esa zona.
Jamie leyó y tocó con el dedo «calendario crítico».