18. CAPÍTULO XV La habitación doce #3
Marcos inició el registro.
La voz del altavoz contó:
—Compás uno.
Daniel tocó.
Una línea lenta.
Respiración contenida.
Carmen marcó el segundo movimiento sobre el teclado.
La melodía de Ana apareció sin sonido completo, apenas pulsada.
Inés leyó el fragmento de Lucía y lo cantó en voz baja.
Gabriel introdujo sus cuatro notas.
Marcos activó el patrón del movimiento cero.
Elías añadió una secuencia grabada desde la carpeta del Director.
Las líneas se superpusieron.
No formaban una obra hermosa.
Formaban una estructura.
En el octavo compás, todas se detuvieron.
Esteban apagó el sistema.
La habitación quedó completamente a oscuras.
Durante unos segundos no existió grabación, transmisión ni archivo digital.
Solo respiraciones humanas.
La ventana de integridad.
El silencio técnico.
Entonces el piano emitió un clic.
Un compartimento interno se abrió.
Carmen encendió una linterna.
Dentro había una bobina de cinta.
Y una carpeta.
No gris.
No negra.
Roja.
En la cubierta aparecía:
REUNIÓN COMPLETA — NO EDITAR
Inés la extrajo.
La luz volvió.
El sistema se reinició.
La copia comenzó.
En ese momento, la policía entró en la habitación.
—¡Nadie se mueva!
Marcos levantó las manos.
Daniel dejó el clarinete.
Carmen se apartó del piano.
Los sanitarios atendieron a Elías.
Gabriel permaneció junto a la carpeta roja.
Un agente se acercó.
—¿Qué contiene?
Carmen respondió:
—La fuente original.
—Queda intervenida.
—Con copia y acta.
—Eso se determinará.
—No. Eso se documentará ahora.
El agente la miró.
Ella no cedió.
Mientras discutían, la copia cifrada alcanzó el cien por cien.
Siete fragmentos de clave fueron generados.
Uno para cada custodio.
El sistema los imprimió en pequeñas tiras de papel.
Gabriel recibió la suya.
No la leyó.
La guardó.
El altavoz volvió a activarse.
—La cinta ya no me pertenece —dijo Esteban.
Inés levantó la cabeza.
—Nunca le perteneció.
—No.
—¿Dónde está?
Silencio.
—¿Padre?
La cámara se apagó.
La voz no regresó.
Los agentes desconectaron el equipo.
Daniel fue esposado por tenencia irregular del arma hasta aclarar los hechos. Marcos también quedó retenido por la sustracción del manuscrito y el acceso no autorizado a sistemas. Elías fue trasladado al hospital.
La carpeta roja y la bobina quedaron bajo custodia.
La habitación doce fue precintada.
Al salir, el amanecer comenzaba a extenderse sobre el río.
Inés permaneció junto al puente.
Gabriel se acercó.
—¿Estás bien?
—No.
—¿Quieres que me quede?
—No lo sé.
Gabriel respetó la respuesta.
Carmen salió de la pensión con una copia del acta provisional.
—La cinta no se reproducirá hasta que se autorice.
—Puede tardar meses —dijo Gabriel.
—Sí.
—Marcos puede tener otra copia.
—Probablemente.
—El sistema puede seguir activo.
—Sí.
Inés miró el agua.
—Mi padre está vivo.
—Eso parece —dijo Carmen.
—Y ha organizado todo esto.
—Parte.
—No sé si quiero encontrarlo.
Gabriel recordó la frase de Viola.
Una hija conservaría a la madre.
La otra, la verdad.
La elección había sido falsa.
Ninguna persona podía conservar completamente a otra.
Ninguna verdad podía sostenerse sin voces que la contradijeran.
Carmen guardó el acta.
—La investigación oficial comenzará ahora.
Gabriel observó el puente.
—No. Ahora comenzará otra forma de borrado.
—¿Por qué?
—Porque cada institución intentará reducir lo ocurrido a su competencia.
Delitos informáticos.
Propiedad intelectual.
Falsedad documental.
Sustracción.
Protección de datos.
Patrimonio.
Cada categoría sería necesaria.
Ninguna contendría el conjunto.
—Entonces tendremos que mantenerlas conectadas —dijo Carmen.
Inés abrió la caja de cartas.
Sacó el segundo sobre.
—Y decidir qué no debe entrar.
Gabriel la miró.
—Eso también será una forma de custodia.
—Sí.
El sol apareció sobre los tejados.
A lo lejos, una campana dio las siete.
En el teléfono de Carmen llegó una notificación.
Una nueva publicación anónima.
Solo contenía una fotografía.
El manuscrito gris descansaba sobre una mesa desconocida.
Abierto por una página que no habían visto.
En la parte superior se leía:
MOVIMIENTO III — LA MÚSICA DEL SILENCIO
Debajo aparecía una lista de materiales:
Folio desaparecido.
Cartas interceptadas.
Grabación completa.
Nombre de la primera persona que ordenó borrar.
Y una frase final:
La cinta original también fue editada.
Gabriel leyó dos veces.
Carmen cerró los ojos.
Inés guardó la carta sin abrirla.
La Parte II terminaba como había comenzado:
con un documento que parecía ofrecer una respuesta y, al mismo tiempo, demostraba que alguien había llegado antes.
La red de decisiones estaba expuesta.
Las apropiaciones comenzaban a reconocerse.
Las expulsiones tenían nombres.
Las rivalidades habían dejado huellas.
Elías había ofrecido protección.
Marcos había intentado fijar el relato.
Esteban había revelado la arquitectura.
Ana había introducido la contradicción.
Pero la obra seguía incompleta.
Y ahora sabían algo más grave que cualquier desaparición:
alguien no solo conservaba las versiones.
Alguien continuaba corrigiéndolas.
FIN DEL VOLUMEN I
La historia continúa en el Volumen II