19. Reencuentro
Reencuentro
Primero, Brett me miró como si fuera un fantasma. Pero, a medida que fue asimilando mi identidad, masculló algo y se lanzó hacia mí. Acepté su abrazo, que casi me rompe la espalda, y le devolví el gesto.
—Sabía que no estabas muerta —susurró, y percibí el dolor en su voz, junto a una punzada de mi propia y mal gestionada culpa.
¿Por qué le había hecho pasar por eso? ¿Y por qué eso me hacía sentir así?
¿Era porque me gustaba? ¿O porque Colin estaba muerto y aún no lo había olvidado de verdad?
Ni lo olvidaría nunca. El abrazo de Brett duró una eternidad y no me aparté.
O no quise apartarme. Había pasado demasiado tiempo.
Y se lo debía a mis amigos, que por lo visto habían intentado todo para encontrarme.
Guy había llamado antes para decirle a Brett que se reunieran en casa de Cindy. El primero en recibirme fue Alex, que salió disparado por el umbral de Cindy para enredarse entre mis piernas. El segundo fue Duer, que brillaba con el dorado más cálido que le había visto nunca, incluso mientras decía:
—¡Bien que has tardado en volver!
—Hola, Duer. Yo también te he echado de menos.
Brilló aún más y se posó en mi hombro. Olía a vodka. Cindy debía de haberle estado dando caprichos.
Finalmente, se produjo el encuentro con Brett. Y, de algún modo, fue el más intenso de todos.
Tras el sentido reencuentro, me senté en el sillón de Cindy mientras Guy insistía en que les pusiera al día de lo que había pasado. Los tres, el pixie e incluso mi gato, esperaban conteniendo el aliento.
Suspiré. —Lo mejor es empezar por el principio. La fiesta… los vampiros no mataron a Colin .
Cindy miró a Brett con una expresión de reivindicación. Él la ignoró.
—Fue… —vacilé, pero tenía que salir. Y confiaba en estas personas. Más de lo que confiaba en Pranish y Trudie. Porque estos compañeros cazadores de monstruos tendrían que ser los que me ayudaran a consumar mi venganza—. Andy lo hizo. Mató a Colin justo cuando los vampiros atacaron.
—¿Cómo? —preguntó Cindy.
—Es un licántropo. Un hombre lobo, creo. Y debe de ser uno avanzado. Transformó su brazo en una garra a voluntad…
Todos me miraron como si estuviera loca.
—¡No me lo estoy inventando! —grité, sintiéndome de repente insegura, pensando que quizá sí me lo había inventado—. Lo vi hacerlo. Colin intentó defenderse, pero las balas no lo abatieron.
Silencio. Oh, Atenea, ¿estaba demente?
—La pistola de Colin estaba vacía —dijo Guy—. Y había casquillos usados a su alrededor. Pensé que les estaba disparando a los vampiros.
—Los vampiros venían de una dirección distinta a la que él estaba disparando —añadió Cindy, sujetándose la barbilla, pensativa.
—Te creo, Kat —dijo Brett—. Y acabaremos con ese hijo de perra.
—Qué precipitados somos, ¿no? —reprochó Cindy, pero suspiró—. No es que nos dediquemos a reunir pruebas. Y si es un hombre lobo, no está protegido por el Espíritu de la Ley.
—Mi pregunta sigue en pie —añadió Guy—. ¿Dónde has estado?
Me miró más de cerca.
—¿Y por qué demonios tienes los ojos de dos colores distintos?
Cindy y Brett parecieron darse cuenta solo en ese momento. Duer voló hasta mi cara para verlo de cerca y luego se encogió de hombros. A él no le parecía tan extraño.
Ahora venía la parte difícil.
—He estado… con la Necroseñora.
—¡¿Qué?! —dijeron todos al unísono.
—¿Escapaste?
—¿Qué te hizo?
—¿El ojo? ¿Por qué el ojo?
—Por favor, por favor… —levanté la mano para frenar sus preguntas. Sentí que Candace observaba con interés.
—Kat —preguntó Cindy, más calmada ahora que los otros se habían callado—. Has estado fuera meses. ¿Cómo has escapado después de tanto tiempo?
—No escapé —dije—. Ella me liberó…
—¿Por qué iba a hacer eso? —El tono de Cindy tenía un innegable matiz de desconfianza. A Treth le gustó.
—Porque… —¿cómo se tomarían esto?— Nos hicimos amigas.
Sentí una sensación cálida por parte de Candace y desagrado por parte de Treth mientras los tres cazadores de monstruos me miraban con incredulidad.
—Kat… es una nigromante. Ha matado a muchísima gente —dijo Cindy, mirándome como si tuviera el síndrome de Estocolmo. ¿Quizá lo tenía?
—No es tan sencillo. Ella es una víctima en todo esto. Y me ayudó. Detuvo a los vampiros en la fiesta y me sacó de allí. Me mantuvo oculta de Charlene Terhoff y del Cónclave.
—¿Cónclave? —preguntó Cindy.
—Una sociedad secreta. Candace dice que ellos fueron los que estaban detrás de Jeremiah Cox, el Cártel de la Sangre y Digby.
—Suena muy conveniente.
—¡Pero tiene sentido! Digby tenía controladores, y ya sospechábamos que el Cartel de la Sangre y Jeremiah estaban conectados con algo más grande. Eran demasiado poderosos, su ascenso fue demasiado rápido como para ser solo agentes libres.
Ninguno parecía creerme. Incluso Alex parecía dudoso. Todos excepto Brett. Él parecía… como si todavía no se creyera que yo estuviera allí siquiera.
Suspiré. —Sé cómo debe de sonar. Que me han lavado el cerebro. Pero Cindy, tú deberías ser capaz de comprobarlo. ¿Puedes detectar alguna maldición o corrupción en mí?
Hizo crujir sus dedos y los puso sobre mi cabeza y mi pecho. Masculló unas palabras. No sentí nada, pero sus ojos mostraron asombro por un segundo y luego retiró las manos.
—Estás limpia… excepto por algo muy peculiar. Creo que es hora de que sueltes prenda sobre ese ojo color avellana.
—Es de Candace.
—¿Candace?
—La Necroseñora.
—¡¿Tienes el ojo de la Necroseñora?! —Esta vez fue Brett el que se mostró conmocionado .
—Sufre una forma de locura provocada por usar magia negra y magia de luz simultáneamente —hablé rápido para evitar interrupciones—. Pero al sentir mi presencia, la locura se mantiene a raya. Hice el trato con ella por voluntad propia, para poder venir y matar a Andy.
—¿Y luego qué? —preguntó Brett. Parecía… dolido. No sabía por qué.
—Luego, Colin habrá sido vengado. Un monstruo habrá sido aniquilado.
Y eso debería ser suficiente. Ese es nuestro puto trabajo, después de todo.
El sueldo es solo un extra. Ninguno de nosotros hace esto por dinero.
Podrías ganar más trabajando para Saneamiento.
Y eso es mucho menos peligroso. Todos hacemos esto porque nos hemos dado cuenta de que hay criaturas en este mundo que necesitan ser eliminadas.
Y con vosotros o sin vosotros, voy a ir a matar a un monstruo.
Una pausa siguió a mi discurso. Me miraron, no con tanta incredulidad, sino con un deje de asombro, preocupación y desconcierto en sus rostros.
—¡Vale! —dijo Brett, levantándose—. Yo ya había aceptado hacerlo. ¿Os apuntáis?
Miró a Guy.
—Dioses, tenéis que estar tomándome el pelo —respondió Guy—. ¿Primero vampiros y ahora un crío hombre lobo?
Brett siguió mirándolo fijamente. Guy suspiró.
—Sí, joder. Contad conmigo.
—Vosotros, idiotas, podríais necesitar a una sanadora —añadió Cindy—. Y aunque no todos los hombres lobo son malos, Andy nunca ha sido santo de mi devoción.
Los miré y solo fui capaz de mascullar un «gracias» silencioso pero verdaderamente sincero.
La habitación se convirtió en una cacofonía mientras todos se movían para empezar a prepararse.
Guy y Brett se pusieron al teléfono con algunos colegas y Cindy fue a preparar unos pergaminos.
Se me ocurrió algo y le pregunté a Cindy si podía usar su teléfono.
Ella me entregó el mío, diciendo que Brett había recuperado mi bolso de la fiesta.
Estaba a punto de llamar a Trudie, pero me detuve. ¿Qué pensaría ella? Acababa de regresar de entre los muertos y quería matar a su novio. Eso era demasiado para soltárselo a mi amiga. Al menos, todavía no.
No, no podía dejar que Trudie supiera que yo iba a matar a Andy. La quería, pero no estaba segura de que pudiera comprender mis razones. O entender de verdad lo que él hizo.
En su lugar, llamé a Pranish.
—¿Quién coño llama desde este número? —gritó Pranish al segundo tono.
—Yo también te quiero, Pranish.
—¡Hostia puta, Kat! —sonaba entre el desmayo y el llanto—. ¡Pensábamos que estabas muerta!
—Todo el mundo puede equivocarse una vez en su vida. ¿Cómo van las cosas?
—¿Que cómo van? Pues de puta madre. Arjun hizo que me desheredaran. Pero DigiLaw ha sido contratada por el mayor competidor de Shard. No he recibido tarjeta de Navidad de la familia, como era de esperar. Y…
Hizo una pausa.
—Joder, Kat. No sé si lo sabes, pero…
—Colin ha muerto. Lo sé.
—Lo siento mucho…
—No lo sientas. Andy lo hizo.
—¡¿Qué?!
—Andy es un hombre lobo. Mató a Colin antes de que los vampiros atacaran. Vamos a ir a matarlo. ¿Te apuntas?
Guardó silencio antes de susurrar su respuesta.
—Kat, no sé qué te ha pasado estos últimos meses, pero te creo. Lo que ocurre es que… simplemente no puedo hacerlo. No otra vez. Yo… recuerdo la última vez. Y no puedo pasar por eso en esta ocasión. Lo siento.
—Te entiendo, Pranish. De verdad. Solo hazme un favor y no le digas a Trudie que he vuelto hasta que todo esté solucionado. Voy a matar a su novio, después de todo.
—Por supuesto, Kat. Y tienes mi apoyo en esto. Buena suerte.
—Gracias. Nos vemos por ahí.
Colgué justo cuando él iba a hablar. Probablemente solo una despedida.
Me decepcionó que no viniera a ayudar, pero lo entendía.
Todos éramos distintos. Pranish ya había cumplido su tiempo en las trincheras.
Y aunque yo pudiera seguir volviendo, no tenía derecho a mandarlo a él a primera línea de fuego.
—Kat —dijo Brett, sosteniendo una bolsa de papel con algo dentro—. Creo que esto es tuyo.
Acepté el paquete y lo abrí. Era Voidshot. Mi pistola Mauser encantada. Miré a Brett a modo de agradecimiento. Él sonrió levemente.
—Es bueno tenerte de vuelta… Katty.