La Oscuridad Llama (Serie Kat Drummond 5) 9. Pistas #3
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9. Pistas #3

—Sí, jefe —respondió Guy con sarcasmo, sacando una bandeja de viales de una bolsa térmica y lanzándolos al suelo.

El camello hizo una mueca y se debatió con cada descarga de viales que Guy arrojaba al suelo.

El cristal y la sangre de vampiro caían en las grietas del hormigón mal vertido.

A Brett no le importaba si algunas ratas se lo bebían.

Una rata adicta a la sangre de vampiro podría causarles algunos problemas.

Nada como un grupo de ratas siguiendo a un vampiro en la oscuridad.

Incluso podrían empujar a un neófito a la luz del sol.

Un estudiante de aspecto desaliñado, que llevaba un gorro con la palabra Maties escrita en él, se adentró en el callejón.

Parecía del tipo yonqui. Guy y Brett se limitaron a lanzarle miradas asesinas y él dio media vuelta y salió pitando.

No estaba lo suficientemente perdido en su adicción como para enfrentarse a dos tipos corpulentos, vestidos de negro y cubiertos de armas y hojas.

Con todos los viales destrozados, Guy rajó la bolsa con un cuchillo y tiró los restos triturados al suelo.

Brett retiró el gancho, pero siguió manteniendo su Bowie en la garganta del camello. El vampiro balbuceó, pero incluso entonces, la carne de sus mejillas se estaba regenerando. Ni siquiera le quedaría cicatriz.

El camello-vampiro recuperó el aliento y luego miró fijamente a Brett con odio.

—¿Qué cojones os pasa, tíos? Eso era material de primera, lo que acabáis de desperdiciar. ¿Qué clase de puto chanchullo os traéis, colega?

—Corta el rollo, sanguijuela —dijo Brett—. ¿Dónde está Terhoff?

—¿Terhoff? No sé quién cojones es ese. Si esto es por mis cuotas, le dije a DV que le avisara a Kruger de que pagaré el doble la semana que viene. Pero ahora ni siquiera puedo hacer esa puta mierda. Así que podéis iros a…

—¿Kruger? —preguntó Brett, interrumpiéndolo. El filo de su hoja se hundió más en su cuello.

—¡Ay! ¿Puta plata, tío? Eso no es juego limpio.

—¿A qué te referías con Kruger? —gritó Brett.

—¿Pero sois unos putos neófitos, colega? La Kruger. Violetta Kruger. De los putos Sanguineas.

Brett y Guy no pudieron responder. Brett sintió un escalofrío en su mano vacía, pero mantuvo firme su cuchillo.

Kruger. Violetta Kruger del Sanguineas Cartel… había vuelto a Hope City.

—¿Dónde se está quedando?

—Esa mansión inmensa en Constantia. ¿Por qué me lo preguntas? Ella os ha enviado, ¿verdad ?

La expresión del camello cambió lentamente, primero confusión y luego un total desaliento al darse cuenta de lo que había hecho.

—¡Joder! —gritó e intentó salir huyendo. Gran error. El Bowie de Brett se hundió con tanta fuerza que casi lo decapita. Se detuvo justo en la tráquea. Se desmayó.

Brett lo dejó caer al suelo. No brotó sangre de su cuello eviscerado.

Los vampiros no sangraban como los humanos.

Les salía un hilillo por donde recibían el corte, pero nada de chorros de sangre.

No se les podía desangrar. Técnicamente, ni siquiera necesitaban su propia sangre.

Solo les daba más hambre cuando se quedan sin ella.

—Ha vuelto —dijo Guy, simplemente.

—Era inevitable que volviera tarde o temprano.

—Pensé que la Magocracia la pondría en su sitio.

—Ya no queda nada del Cuerpo para detener a los vampiros allí —respondió Brett, con amargura—. Y no creo que ni siquiera el Cuerpo pudiera lidiar con ella. Si es que llegaran a saber que es una vampira.

—He oído que es vieja. Eso significa que debería tener mutaciones perceptibles.

—Es nacida en la Tierra, así que no es tan vieja. Pero mucho más vieja de lo que parece.

Brett le indicó a Guy que le ayudara a levantar al camello inconsciente. Aún podían interrogarlo para obtener más información.

—Las únicas mutaciones que tiene son la piel pálida y los colmillos. Nada más perceptible —continuó Brett—. Pero ahí está el tema… nadie sobrevive a una pelea con ella para informar sobre sus mutaciones.

—Eso es porque nadie lucha contra ella —replicó Guy.

—Y eso. Sospecho que tiene algunas mutaciones de embrujo.

—Eso significa protección ocular. Entendido.

Brett se detuvo y miró a su amigo.

—¿De verdad vamos a hacer esto? ¿Ir a por Violetta Kruger?

—¿Quién más te va a ayudar a recuperar a tu chica?

—sonrió Guy, pero parecía forzado. Frunció el ceño—.

Y además, estas últimas semanas me han recordado por qué me hice cazador en primer lugar.

Puede que no sea capaz de cortarle la cabeza a la serpiente allá en mi hogar, pero si puedo poner a una reina de la oscuridad bajo el sol antes de morir, entonces mis antepasados ya no se avergonzarán tanto de mí.

Llevaron al camello a la furgoneta, lo ataron y lo cubrieron con una lona negra.

El sol salía a sus espaldas, iluminando Table Mountain con un oro espléndido mientras conducían de vuelta a la propia Hope City.

No hablaron mucho en el camino de regreso.

Sabían que necesitarían descansar después de interrogar al camello.

Porque después les esperaba una noche muy larga.