La oscuridad llama (Shadowblade Academy 1) Capítulo 29 | Coralia
68%

Capítulo 29 | Coralia

Coralia

ME SENTÍA MÁS UNIDA a Venn que nunca.

Nuestro encuentro había sido rápido. Irreflexivo.

Nuestras manos y nuestros cuerpos habían dicho todo lo que hacía falta.

Después nos sentamos en el suelo, con la espalda apoyada contra el árbol, ocultos de los demás invitados.

Nos dejamos envolver por el placer que aún nos recorría, mientras nuestros espíritus se entrelazaban.

Nuestra respiración agitada empezó a recuperar su ritmo normal.

Mi mano buscó la suya. Apoyé lánguidamente la cabeza en su hombro y contemplé la oscuridad y los rayos de luna que se abrían paso entre los árboles.

—Así que esos pensamientos oscuros... —Dejé la frase en el aire y noté cómo su cuerpo se removía contra el mío. Se había puesto rígido, incómodo. Era un tema que más valía no tocar, pero él había abierto la puerta. Me había picado la curiosidad.

—¿Sí? —preguntó.

—La tintura que me enseñaste a preparar para el examen parcial de Alquimia era un veneno antiguo que se creía perdido, Venn. La profesora Hawkins me dijo que era una sustancia maligna de la Corte Unseelie.

—¿Y? Todos los venenos son malignos.

Intenté ordenar mis ideas para averiguar qué quería preguntarle exactamente.

—Supongo que tus «pensamientos oscuros» tienen algo que ver con eso.

Todo está relacionado, ¿verdad? ¿De qué...

de dónde vienes? —Incliné la cabeza para mirarlo a los ojos, llena de curiosidad—. ¿Cuál es tu historia, Donovenn Gable?

—¿Seguro que quieres escuchar mis penas, Coralia, después de lo bien que lo hemos pasado?

Tragué saliva. ¿Estoy segura? Era una buena pregunta. Pero no iba a quedarme con la curiosidad. —Sí. Por favor. Si voy a enamorarme de un hombre, quiero saber qué le mueve.

Abrió mucho los ojos y se le intensificó el tono morado de las mejillas. —¿Te estás enamorando de mí?

Incliné la cabeza y puse los ojos en blanco. ¿Tú qué crees, hombre? —No le demos demasiadas vueltas, ¿vale? Solo tenía curiosidad.

—Vale. —Se aclaró la garganta—. ¿Por dónde empiezo?

—Podrías empezar por lo que te trajo a Shadowblade Academy, ¿no? —Me deslicé sobre la maleza hasta quedar sentada frente a él, con las piernas cruzadas, y le presté toda mi atención.

Venn seguía recostado contra el árbol, en una postura relajada.

Un leve movimiento de su mandíbula me reveló algo parecido a la indecisión.

Su mirada se perdió más allá de las copas de los árboles y los haces de turbia luz de luna.

—Una tragedia en mi tierra —dijo con la voz cargada de cosas que llevaba mucho tiempo sin contar, seguramente.

Intenté aliviar la tensión. —Eso me suena. ¿Te refieres a la Corte Unseelie?

Asintió. —El apellido Gable tiene poder en el Reino Feérico, Coralia. Influencia, aunque sea por motivos bastante turbios.

—¿Cómo es eso?

—Desciendo de un largo linaje de políticos y traficantes. Aunque muchos Unseelie son así. El rey Magus y la reina Delphine Tenebris, los gobernantes de nuestro pueblo, prácticamente los animan a serlo.

—¿Por eso la gente cree que los Unseelie son malvados y perversos? —Me mordí el labio inferior, nerviosa por si lo había ofendido—. Comparados con los Seelie, quiero decir.

—Creo que eso tiene más que ver con que nuestra piel es más oscura que la suya y con el racismo asociado a esas diferencias —murmuró, negando con la cabeza—.

Pero ese es otro tema. En el Reino Feérico, los Unseelie y los Seelie se consideran mutuamente «malvados» porque están enfrentados.

La idea de que los Unseelie son diabólicos por naturaleza está equivocada.

Es una forma de pensar muy humana, propia de colonizadores.

—Mierda, lo siento.

—No pasa nada. No lo sabías. —Posó una mano con delicadeza sobre la mía.

Me sentí fatal por haber sacado conclusiones basándome en lo que, a fin de cuentas, eran rumores. Pero ¿de qué otra forma podía saberlo? Tenía que preguntárselo a un Unseelie, y me alegraba que mis prejuicios y mi ignorancia no hubieran hecho que pensara peor de mí.

—En fin —prosiguió—, yo no era como mis padres, siempre metidos en tejemanejes. Podían conspirar y acumular toda la riqueza y el prestigio que quisieran. Yo no quería tener nada que ver con aquello.

Arqueé las cejas varias veces y le dediqué una sonrisita. —Un pequeño rebelde, ¿eh?

—Algo así. Un rebelde en una tierra ya de por sí rebelde y caótica.

Más bien era un anarquista. Me hice amigo de otros que pensaban como yo: adolescentes ingobernables, por decirlo en términos humanos.

—Venn hizo girar entre los dedos una enredadera fina que tenía a su lado.

Arrancó una flor marchita y se la dejó en el regazo.

Al contemplarla, se le ensombreció la expresión—.

Algo que se me daba bien era la botánica.

Fruncí el ceño. Qué cosa más rara para confesar. Un momento. —¿Por eso se te da bien preparar venenos?

—Sí. La botánica, las hierbas, los remedios naturales... Tenía talento para todo lo relacionado con las plantas y los extractos. No tardé en empezar a cultivar plantas y fabricar drogas para mi grupito de delincuentes. Queríamos dejar de oír a nuestros padres, al sistema político, a las guerras.

Como humana, me resultaba muy fácil entender aquella historia.

Aunque yo había tenido la suerte de mantenerme alejada de las drogas casi siempre, conocía a gente que no lo había logrado.

Las consecuencias acababan casi siempre en tragedia.

Con lo que Venn acababa de contarme, me hacía una idea de adónde iba a parar su historia.

—Mi pasión por la naturaleza se pervirtió, y yo con ella.

Mis panaceas y remedios se convirtieron en drogas peligrosas.

Aprendí a sintetizarlas cada vez mejor. —Apartó la mirada, con la vergüenza tan patente en las mejillas como si la llevara escrita—.

Mi mejor amigo era el más enganchado de todo el grupo.

Ideábamos planes grandiosos, casi siempre entre la niebla de las drogas.

Antes de poder llevar a cabo ninguno, murió.

—Venn volvió la mirada bruscamente hacia mí.

Tenía los ojos morados llenos de lágrimas que aún no había derramado—. Lo mataron mis drogas.

—Ay, Venn —exclamé con un jadeo. Le acaricié el brazo—. Lo siento muchísimo.

—La familia de Garlock se movía en los mismos círculos que la mía, así que estaba en lo más alto de la jerarquía. Su muerte no era algo que pudiera ocultarse sin más. Iban a castigarme. Ojo por ojo.

Un miedo helado me recorrió la espalda y se me puso la piel de gallina en la nuca. —¿Los Unseelie iban a ejecutarte?

Asintió. —Hasta que apareció Alaric Cane.

Al miedo se sumó el desconcierto. —¿El director?

—Mis padres eran grandes donantes de la Academia, como sabes.

—Ah. Por eso el dojo lleva vuestro apellido y todo eso.

—Eso es. Alaric les planteó un ultimátum: debían dejarme venir a Shadowblade Academy.

Dijo que me metería en cintura porque veía en mí un enorme potencial como experto alquimista, una cualidad extremadamente rara entre los shadowblades.

Si alguna vez metía la pata, me mandaría de vuelta para que pudieran imponerme el castigo.

—Vaya. Qué duro.

—Al tomarme bajo su protección, el director Cane también me puso bajo su control.

—Es comprensible.

—No, no lo entiendes. Me obliga a hacer cosas que yo... —Venn dejó la frase sin terminar y negó con la cabeza—. Da igual. Ya hablaremos de eso más adelante.

Sus palabras y aquel brusco cambio de tema me asustaron. ¿Qué te obliga a hacer, Venn?

—El director Cane encontró a un cabeza de turco para cargarle la muerte de Garlock, así que mi familia se libró de la humillación de tener un hijo asesino. Siguieron en la Corte, sin sufrir consecuencia alguna. A mí me repudiaron en todo salvo en el apellido.

—Que me follen los espíritus, Venn. Es horrible.

—Y ahora estoy en deuda con el director.

—Soltó una risa sin alegría, negó con la cabeza y la dejó caer hacia atrás—.

Me sacó de las sombras, pero tuve que encontrar a otras personas que me ayudaran a convertirme en alguien mejor.

Por eso fue tan especial para mí conocer a gente como Dax, Sunny, Quentin y tu hermana. Se convirtieron en mi nueva familia.

Su historia me daba ganas de llorar. Cuando mencionó a Myria, vi una oportunidad.

Me sentía culpable por insistir, pero tenía que aprovechar el rumbo que había tomado la conversación.

—¿Podrías... hablarme de la época que pasó Myria aquí, Venn?

Estoy muy perdida en todo lo que se refiere a ella. Sunny nunca cuenta casi nada.

Venn resopló. —Y cree que a Dax y a mí no nos importa , aunque sabe de sobra que es mentira.

Se me revolvió el estómago. —Sí, me lo dijo cuando fui a verlo a la celda de iniciación.

Venn ladeó la cabeza. —¿Fuiste a verlo?

Me encogí de hombros y noté que me ruborizaba. —Pensé que te lo habría contado. Yo... Solo quiero que seamos aliados, como lo erais con Myria.

Gruñó. —Lo entiendo. En cuanto a tu hermana, Alaric y Jace nos han dicho que dejemos el asunto, y eso he hecho.

Por supuesto que su desaparición me consume por dentro, pero no tengo el lujo de la invulnerabilidad del que goza Sunny.

En mi caso, si yo meto la pata aquí, muero.

Me envían de vuelta a la Corte Unseelie. ¿Lo entiendes?

Agaché la cabeza. —Sí, ahora lo entiendo. Nunca dudé del cariño que le tenías a Myria. —Me rasqué la mejilla—. Ni del de Quentin, aunque de él apenas sé nada.

—Quen es un buen tío. —Los labios de Venn dibujaron una sonrisa tensa—. También fue la razón por la que se rompió nuestro Guante. O, al menos, el detonante.

—¿Cómo?

Venn suspiró y soltó aire haciendo vibrar los labios. —Seguramente te estoy contando demasiado, Coralia. No me había ido tanto de la lengua con nadie en... nunca.

—Por favor, Venn —le supliqué, mirándolo con ojos de cordero degollado—. Si voy a encontrar a Myria, siento que necesito saber estas cosas.

—Así que ese es tu objetivo, ¿eh? ¿Encontrar a Myria?

—Sí.