La obsesión del jefe PRÓLOGO
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La obsesión del jefe

La obsesión del jefe

Por Renata Storm

© inepub.com

PRÓLOGO

Luca

Unos meses después de sacar a Eve de casa de La Mort.

—¡No la toques! —rugí, sintiendo cómo la voz me rasgaba la garganta, áspera, llena de sangre y rabia—. Maldito hijo de puta… ¡Ni se te ocurra tocarla!

Forcejeé con las cadenas que me sujetaban al techo con tanta fuerza, intentando zafarme, que sentí cómo el metal comenzaba a crear mella en mis manos.

El dolor estaba ahí, pero ya no lo sentía.

Solo podía notar la sangre deslizarse por mi sien y el latir que retumbaba en mi pecho, recorriéndome el cuerpo, como si algo dentro de mí quisiera desgarrarme la piel para salir y matarlos a todos.

Me habían golpeado, cortado, azotado y desangrado.

Y, aun así, nada importaba.

Nada salvo Eve.

Apreté la mandíbula con tanta fuerza que escuché el rechinar de mis muelas, y por un instante creí que los dientes me saltarían por los aires.

Iba a matarlos en cuanto pusiese un pie en el suelo, iba a hacerles pagar cada segundo de miedo que ella hubiese tenido que vivir allí dentro.

Se acercó a mí con esa calma enfermiza que siempre lo rodeaba, como si todo aquello fuese un simple juego.

—Es hermosa, ¿verdad?

Lo fulminé con la mirada, sintiendo cómo el odio comenzaba a emanar de cada poro de mi piel.

Me impulsé hacia adelante, hasta que nuestras frentes casi chocaron, las cadenas se tensaron al máximo, impidiéndome llegar a más.

—Aléjate de ella —bisbiseé enfurecido—. Porque juro que voy a arrancarte la puta polla y haré que te la tragues antes de matarte.

Mi pecho subía y bajaba frenético. Nunca había estado tan cerca de perder el control, no cuando siempre me había mantenido cuerdo.

Pero en aquel momento quería despellejarlo.

Cortarle los dedos uno a uno, escuchar sus súplicas mientras se desangraba lentamente por todo lo que había hecho.

No a mí, sino a la mujer más importante de toda mi jodida existencia.

Este sonrió con lascivia, y eso me revolvió el estómago.

—Ah, ¿sí? —preguntó, al mismo tiempo que ladeaba la cabeza, burlándose de mí—. ¿Y quién te dice que no me la he follado ya?

Sentí cómo algo explotaba dentro de mí. Podía notar la vena de mi sien palpitar con fuerza, tanta que parecía estar a punto de explotar. El hierro crujió cuando tiré de las cadenas, y por un segundo, juraría que estuvieron a punto de ceder.

—¿Crees que te tengo miedo, Luca?

Negó despacio, disfrutando del momento, y antes de que pudiera responder, su puño impactó contra mi boca. La cabeza se me giró hacia un lado y el sabor metálico volvió a llenar mi boca.

Sonreí.

Estaba tan furioso que podría haber acabado con él a golpes.

—Como vuelvas a tocarla… —gruñí, clavándole la mirada—. Te mataré —sentencié—. Aunque me hayáis arrancado la piel a tiras. Pienso bajar al puto infierno si es necesario para encontrarte, porque no habrá lugar en la tierra en la que puedas esconderte de mí.