La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 1
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Capítulo 1

Anton

—Los italianos quieren a mi hija. —Isabella Sokolov, el cerebro financiero de la Bratva, del cual mi hermano mayor es el Pakhan.

Irrumpe en nuestra reunión —No puedo casarla con ellos para formar una alianza.

Les dije que estaba tomada. Pero será cuestión de tiempo para que se den cuenta que es mentira.

Necesito que me ayudes. Me retiraré pronto.

Necesito un asesor de confianza que se case con mi hija y la proteja cuando yo no esté.

Veo a Dimitri quien está a mi lado y se remueve incómodo, también Alexi uno de alto rango al igual que Dimitri y Konstantin presencian todo. Marcus mi mayor al mando me ve por un segundo y yo sonrío por lo bajo. El muy cabrón sabe que no tiene que decir una palabra.

Por otro lado, permanezco aquí porque todo lo que tenga que ver con esta mujer es mi problema, gracias a su hija. Por eso no me fui en cuanto la vi llegar.

¿Qué papel desempeño como hermano del Pakhan?

Soy un individuo astuto y experimentado, mi especialidad es coordinar operaciones logísticas de contrabando y asegurar que nuestros cargamentos lleguen a su destino de manera segura.

Como uno de los líderes en esta área junto con nuestro hermano menor, Konstantin, hemos construido una red de contactos confiables en aduanas, puertos y rutas de transporte clandestinas.

Dimitri se encarga de los tratos con otros carteles y Alexi opera junto a Kostya, pero ambos son unos asesinos a sangre fría al igual que yo.

Además, me conocen por mi habilidad para mantener la seguridad de nuestra organización.

No tolero amenazas internas ni externas y he ganado la reputación de ser un estratega despiadado en la protección de nuestros intereses de la Bratva.

Por el contrario de mi hermano mayor. Su obsesión lo lleva demasiado lejos.

En cambio, yo voy y tomo lo que quiero. Sin tapujos y sin lamentaciones.

Mi participación no se limita solo a las operaciones logísticas y de seguridad; también tengo un papel en la toma de decisiones clave.

Asesoro a nuestros líderes sobre habilidades logísticas y de seguridad para garantizar nuestro éxito continuo.

En resumen, soy un miembro valioso y temido de la Bratva, librando un papel crucial en nuestro mundo clandestino desde los últimos cuatro años que solamente era un matón más para Bear y un ex activo del infierno militar al que me obligué a ser parte para proteger lo que creo.

Esta hermandad

—No sé cómo puedo ayudarte, Isabella. Eres un miembro de alto rango. No se atreverán a tocarte. Tienes mi protección.

Ella resopla. La mujer puede ser nuestra madre, pero que no te dejes engañar con su collar de perlas en el cuello y una manicura perfecta. La mujer es despiadada.

Así que, que esté aquí y suene tan desesperada es porque ya jugó todas sus cartas. Por otro lado, su hija es algo que me pertenece pero que aún nadie lo sabe. Puede que eso cambie pronto.

—Necesito que me ayudes a encontrarle un marido…dentro de la organización. Sabía que esto tarde o temprano iba a suceder.

Bear vacila por un segundo cuando me ve. Sabe mi historia con Milana Sokolov y si se atreve a acceder las súplicas de Isabella yo mismo voy a matarlo frente a ella.

—Bueno. Me pones en aprietos. La mayoría de ellos están casados ya o tienen ochenta años. ¿Qué pasa con el novio de ella? Haz que se casen y todo se soluciona.

Tomo un sorbo de mi café y hago ruido cuando pongo la taza frente a mí, llamando la atención de mi hermano.

Uno. Primera advertencia.

Veo la cara de Isabelle ponerse roja como si solo el hecho de unir a su hija con el idiota con el que sale Milana la pone mal.

Isabella cambia su rostro de desesperación por uno de tristeza y tengo que agarrarme de mi silla para no salir corriendo y comprobar que Mila esté sana y salva.

La última vez Marcus me dio un informe detallado.

Ella lleva la misma rutina en las últimas semanas, nada ha cambiado, ni siquiera su jodido novio.

—Creo que él la golpea.

Un zumbido cruza por mis oídos y debo apretar el antebrazo de mi silla para no destruir nada a mi alrededor. Bear parece darse cuenta por un segundo por cómo me ve. Y Kostya, mi hermano menor también se da cuenta.

Sabe lo que esa mierda significa para él porque lo vivió en carne propia.

El ex de su esposa también era un abusivo y yo mismo acabé con él maldito por orden suya.

Destripamos al hijo de puta Konstantin y yo y lo enviamos lejos para que nadie pudiera encontrar su cuerpo.

Cuatro años después creo que su familia aún tiene la esperanza de que el hijo de puta regrese. Como un zombi tal vez.

Estoy comenzando a ver rojo. Pienso en otra cosa.

En Milana. Su sonrisa. Su cabello. La forma en cómo le sonríe a sus alumnos y mi visión se aclara. ¿Qué mierda fue eso?

—¿Qué dijiste? —a Bear no le gusta la idea de que una mujer inocente sufra ese tipo de mierda.

—He visto moretones en sus brazos. Una vez la sorprendí y no le dio tiempo de ponerse un suéter. Dijo que había sido un accidente a la hora de recreo con sus alumnos. Desde luego no le creí.

—¿La has vigilado? —pregunta Bear—dime la menor duda que tengas de que sea el novio quien maltrata a tu hija y yo me encargaré de despacharlo de este mundo.

Sonrío para mis adentros. De ninguna jodida manera lo hará. El hijo de puta es mío.

—Está limpio por ahora. Es un idiota nada más. No tengo cámaras dentro de su apartamento. Cuando le compré el lugar no quise invadir por completo su privacidad. Tampoco quería ver cómo tenía sexo.

Rojo. De nuevo veo rojo. Dimitri se carraspea la garganta y me da un codazo.

—¿Quieres un viejo para tu hija, Isabella? —pregunta Dimitri.

—Claro que no—responde y luego ve a mi hermano—. Que hay de tu hermano pequeño.

—¿Konstantin?

Mi hermano ni siquiera se inmuta y solo hace una mueca parecida a la de una sonrisa y no dice nada. Joder. No. Mi hermano no. Apenas y se aguanta a sí mismo. No me imagino casado con ella. Y hay una misión de la cual tiene que encargarse y una esposa no entra en la ecuación.

—Como puedes ver —dice Bear—Konstantin apenas habla. Y dudo mucho que quiera sentar cabeza ahora.

A la mierda.

—Yo lo haré.

Todas las cabezas presenten giran para verme, incluido Marcus. Bueno, yo también me sorprendo, más o menos.

—¿Qué? —¿Por qué me siento ofendido? Lo sé.

Soy un maldito Playboy. Juré no casarme nunca y tomar todos los coños que pudiera hasta el día de mi muerte.

Hasta borrar toda la mierda de mi sistema, y bueno, eso no ha sucedido hasta ahora.

No espero que Mila haga alguna diferencia, pero joder, ella no se casará con nadie que no sea yo.

—Yo me casaré con tu hija, Isabella. ¿O prefieres a un hombre de ochenta años con problemas de temperamento? Y si quieres también mataré al bastardo de su novio si compruebo que la golpea.

Isabella parece volver a respirar. No era una opción.

Ella sabe muy bien que le rompí el corazón a Milana cuando éramos unos niños.

Pero no sabe los motivos. Solo me fui al infierno.

Y bueno, regresé y mis manos estaban lo suficientemente llenas de sangre y no la busqué cuando me enteré que había continuado su vida lejos de la Bratva.

Ahora es profesora en una escuela de Chicago y vive en un apartamento pequeño y tiene dos gatos.

Ella tiene una vida normal que cualquiera quisiera tener.

Incluso yo. Así que no, no la merecía. Pero no contaba con la nueva jugada de su madre.

No podemos comenzar una guerra con los italianos ahora si decido matarlos a todos y que no se case con ninguno.

La idea de Isabella es la mejor, que ellos crean que ya está tomada y busquen otro tipo de alianza.

O al menos un punto medio en la guerrilla.

—Mi hija te odia—me recuerda.

—Puedo soportarlo y ella tendrá que superarlo. No tiene que haber amor. Eso lo sé. Pero estoy dispuesto a castrar mi soltería por ayudarte. Lo hago por el bien de la organización.

Sí claro.

Isabella se lo piensa por un momento que parece que fuera eterno. Bear sigue escudriñando me con la mirada.

—Está bien. Haré los preparativos. La boda será en mi casa.

—Me parece estupendo.

Una vez Isabella se va y cierra la puerta detrás de ella. Los ojos de mi hermano siguen mirándome como si tuviera dos cabezas o un tercer ojo en mi frente.

—Déjenme solo con Anton—pide y todos estos malditos traidores se van casi sacando a rastra sus culos de la oficina. Mierda. No soportaré un sermón ahora de Bear.

—Deja de mirarme así. No ibas a permitir que Isabella se aliará con los italianos. Matarían a su hija en su primera noche de bodas y acabarían el trato. Lo sabes.

—Sabes que le hubiera conseguido un marido.

No tienes que hacerlo sino quieres. Sé muy bien con la mierda que lidias desde que saliste del ejército, Anton.

Y todo lo que hemos pasado antes de que me convirtiera en el nuevo Pakhan.

Pero esto es diferente. No tienes que proteger a nadie sino quieres. Eres un maldito follador, Antosha.

—No tengo problemas con dejar los coños y lo sabes.

Decido ignorar todo lo demás que dijo.

Han pasado cuatro años desde que puso orden y comenzó a inflar los bolsillos de todos los ancianos de alto rango.

No le daré más trabajo ahora que se ha convertido en padre, ha sido difícil desde que Rose, su mujer y mi mejor amiga comenzó a sanar y sacar de su sistema la mierda que pusieron en su sangre gracias a su padre.

El embarazo fue de alto riesgo después de varios abortos. Joder, aún recuerdo cada cosa.

Mierda. Han pasado por mucho.

—Ella no solo será un coño. Sera tu esposa. Para siempre. Y aunque seas mi hermano no dejaré que la jodas con tu mierda.

Lo veo mal.

—¿Eso fue lo que hiciste con Rose? ¿Tengo que recordarte por qué es tu esposa ahora?

—Ella es mi maldita esposa porque así lo quiso y lo que quise primero, fue para protegerla.

—Bueno, yo también lo haré para proteger algo. Esta organización.

Ladea la cabeza sin creer una sola palabra de la que sale de mi boca. Sé que se enamoró de Rose desde antes de joderla y también sé que mi querida cuñada estuvo siempre loca por él. Nunca entenderé su juego, ni quiero hacerlo gracias a Dios.

—Síguete diciendo eso. No seas un idiota y dile a Isabella que no te casarás con su hija. O sino harás de ese matrimonio un infierno.

Una sonrisa se forma en mi rostro. Si supiera que eso es precisamente lo que quiero. Torturarla para siempre a mi lado.

—¿Por el bien de la organización? —sabe que no me retractaré y me echo a reír cuando lo dejo solo en su despacho. Saco mi teléfono de mi chaqueta para hacer ver trajes de diseñador, pensando en cual me veré mejor en el día de mi boda.

No puedo esperar.