La Obsesión de mi Bestia (Pétalos de sangre nº 1) Capítulo 19
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Capítulo 19

Ya no quiero recordar.

La biblioteca es inmensa.

Me llevé las manos a la boca cuando abrió una puerta que daba a la gran biblioteca escondida en su despacho. Por supuesto. Todas las bestias tienen algo como esto, pero a diferencia de Bear, él no me la ha ofrecido como regalo.

Tomé un libro al azar y caminé hasta el jardín, sintiendo los ojos de Anton a lo lejos cuando lo veo que llega en su auto último modelo. El tipo es bastante sexy y caliente como un chico sacado del mejor de los libros de romance oscuro. Pero no deja de ser un matón.

Llega hasta donde estoy sentada y se sienta en la silla al lado mío y me sonríe.

—Me alegra saber que Bear soltó tu correa.

—No tengo una correa—digo tajante. Anton parece ser un grano en el trasero, pero es inofensivo conmigo. Me pregunto si es cercano a Bear o solo son amigos de la delincuencia o lo que sea a la que se dediquen. Pero no ignoro lo parecido que son. Tienen el mismo color de ojos.

De otro modo es el único que me habla más de la cuenta, pero noto que lo hace cuando no está Bear. ¿Les habrá prohibido que me hablen? ¿Y qué pasa con Konstantin? Parece odiarme a muerte.

—¿A qué te dedicas, Anton?

Sonríe. Es esa sonrisa quita bragas, pero no me dejo intimidar. No es mi tipo.

—¿Así que quieres conocerme?

—No, quiero decir. Eres con el único que hablo.

—¿No hablas con Bear cuando follan?

Por dios. Siento mis mejillas arder y Anton se echa reír en una gran carcajada. ¿Acaso es tan obvio?

—Tranquila, no se lo diré a nadie. Es obvio que follan, tiene esa obsesión contigo de que nadie te toque o te hable. Que sepas que me importa una mierda lo que diga mi hermano.

¿Hermano?

—¿Bear es tu hermano? —no oculto mi sorpresa.

—Desgraciadamente lo es. También Konstantin. Y Ripley es nuestro padre, pero no el de Bear. Es el mayor y…

—¿Acaso te autoricé para que hablaras con ella?

Me sobresalto cuando escucho la voz de Bear detrás de mí. Anton no parece estar intimidado por su hermano, pero se sienta bien en su silla mostrándole un poco de respeto. Lo respeta.

—Ella estaba aquí sola, ya que tú no le estás haciendo compañía…

—Ella no necesita tu compañía. ¿O sí?

Esa pregunta es para mí.

—Yo, ya me iba—Anton se pone de pie y se va. No sin antes detenerse frente a su hermano mayor. Me levanto de la silla y me quedo absorta ante la violencia que se avecina.

—No vuelvas a hablar con ella. ¿Has entendido?

—Bear, detente—No me mira. En cambio, Anton sonríe y después sucede lo inesperado. Bear sonríe y le da una palmada en el hombro y Anton se va.

Qué mierda.

—Ustedes están locos.

Una vez Anton desaparece en el interior de la mansión tengo más curiosidad de lo que pueda decirme. Como su parentesco con Bear. Ahora lo que lo noto Anton parece ser una versión más joven que su hermano, sin la estaca en el culo que tiene Bear todo el tiempo.

Bear se sienta donde antes estaba Anton y me observa. También el libro que estoy leyendo.

—Al final se muere—dice como si no fuera gran cosa. Acaba de echarme a perder todo el maldito libro para darme cuenta que al final el protagonista muere.

Lo cierro y cruzo mis brazos por encima de mi pecho. Él sigue mirándome. Y ahora tengo la curiosidad de hacer más preguntas.

—¿Sí ya averiguaste quiénes eran esos hombres porque no puedo irme?

Soy directa porque con él nunca se sabe.

Dijo que era suya, pero algo me dice que eso no es por lo que sigo aquí.

Además, no le dije el nombre de esos hombres.

No hay manera de que él lo sepa. A menos que lo haya investigado por otro lado.

Lo que me lleva a preguntarme del porqué sigo aquí nuevamente.

O ¿Quiere que me quede aquí con él para siempre? ¿Por su loco enamoramiento?

—Esa no era mi única tarea, florecilla.

¿Entonces soy una tarea que debe completar?

—¿Y cuál es la otra?

—Llenar cada uno de tus agujeros con mi semen.

Se me corta la respiración y tengo que ver hacia otro lugar.

—Siempre eres tan desagradable.

—Lo soy y te gusta. Puedo ver cómo te sonrojas cada vez que te hablo así, se está volviendo divertido.

—No era una pregunta—lo veo mal.

Sé que me dijo que nunca me dejaría ir. Pero siento que no es esa clase de hombre.

Tampoco uno de relaciones. Sea lo que sea que se dedique parece que no tiene tiempo para tener una relación.

Va por lo que quiere, aunque no es un hombre normal de ninguna manera.

Comenzando por este lugar. Ripley es su padrastro o padre, no lo sé.

Todo es tan confuso y el hecho de que este maldito lugar este embrujado me pone los pelos de punta.

También extraño a mi gato.

—Déjame ir, Bear. Has conseguido lo que querías.

Lame sus labios y siento que ese simple gesto puede ponerme de rodillas. Está usando chaqueta esta vez y no lleva corbata. Solamente una vez lo he visto con su traje de tres piezas y este hombre puede usar una bolsa de papas e igual me quitaría el aliento.

—¿Quién lo dice? ¿Tú? No tienes idea de lo que quiero, y todo lo que quiero hacerte.

Aprieto mis piernas por acto reflejo y él lo nota.

—No entiendo qué hago aquí.

—Estás aquí por culpa de tu padre. Y además todavía no consigo los nombres de los dos médicos que estuvieron contigo ese día. ¿Vas a decírmelo? Estoy seguro de que lo sabes. Lo pude ver en tu rostro. ¿O quieres que te los saque de esa linda boca a punta de polvos?

Se me corta la respiración otra vez y aprieto mis muslos como si eso sirviera de algo. Sabe el efecto que tiene sobre mí y se aprovecha de eso el muy maldito.

Veo hacia otro lugar. Tiene razón. Lo sé, pero si ese es un punto a mi favor no se lo diré todavía. No hasta saber en qué mierda se metió mi padre y que hizo para enfadar a esta gente.

—¿Por qué no le preguntas a mi padre quien estaba ahí?

—Tu padre no estuvo ahí.

—Mientes. Yo sé que estuvo ahí.

En mis sueños todavía puedo escuchar su voz. Acariciaba mi cabeza cuando dormía. Y me cantaba canciones de cuna.

—No. Accedió a que te convirtieras en el ratón de laboratorio, pero él estaba estudiando tus síntomas. Solamente tú sabes quien estuvo ahí y es lo que intento averiguar.

—Es por eso que usas la hipnosis.

—Así es. Es un plan menos animal ¿No crees? ¿O prefieres la tortura? Conozco algunos métodos.

—¿Quieres que te dé las gracias?

—¿Estás siendo sarcástica conmigo? —veo amenaza en sus ojos.

—No.

—¿No?

—Quiero decir. Tienes razón. Aunque igual ha sido una maldita pesadilla.

—Con hipnosis o no siempre seré tu pesadilla, cariño.

Me sonrojo. No puedo evitarlo. Tiene toda la razón.

Estoy teniendo una conversación más o menos real por primera vez y sin que me esté follando con los dedos.

En sus ojos puedo ver que hay mucho más.

Un hombre real que no quiere salir de su escondite.

Aunque Bear no es de los hombres que se esconde.

Este hombre me desea y me quiere más allá de lo irrazonable.

—Nunca me acosaste por el proyecto pétalo.

No fue una pregunta.

—No. Desde el momento en que te vi me vi en la necesidad de desearte. Me enamoré de ti. Es así como funciona para mí.

¿Enamorado? ¿Por qué mi pecho se emociona con esa confesión?

—Lo dices como si fuese algo normal.

—Sé que no lo es, cariño. Pero es lo que soy.

Me debato entre pelear, hacerle enfadar, porque es así como nos hemos conocido en el pasado.

Yo enfadándome y él dándome placer. Pero me doy cuenta que hay más. Lo puedo ver por la forma en cómo me ve. Y ahora su confesión me dice que no me dejará ir nunca. Porque una bestia como él si se enamora, es para siempre.

—No vas a dejarme ir nunca. ¿Cierto?

Se pone de pie y se coloca detrás de mí. Me toma el cabello y comienza a acariciarlo como si fuera una de sus rosas delicadas. Se siente tan bien, entonces su mano se desliza por el interior, en mi cuello y aprieta su agarre, haciéndome gemir y mojándome en el instante en que susurra en mi oído:

—Cuando te enamores de mí. Cuando cada aliento tuyo recuerde la forma en cómo te toco…. Quizás me apiade de ti. Mientras tanto, voy a destruirte, a corromperte.

¿Por qué eso suena tan bien y mal al mismo tiempo?

—Tú… ¿quieres destruirme?

—De todas las formas posibles, te enamorarás de cada parte oscura de mí.

Lo odio. Porque puede que tenga razón. Estoy tan jodida que todo lo retorcido de él me gusta. De una u otra forma me hace sentir segura o soy tan estúpida de caer tan fácilmente en su encanto oscuro. De todas las maneras posibles para destruir mi vida, puede que elija esta o puede que no.

—Estás loco.

—También te enamoraras de eso, cariño.

Me suelta. No sin antes oler mi cabello.

Inhala con fuerza casi enferma y se va. Me quedo ahí sola, pensando en que no tengo escapatoria más que seguir haciéndome preguntas en mi cabeza.

Mi carrera está acabada. No es que amara tocar el piano a veces me despierto con la sensación de que estoy siendo manipulada por mi subconsciente.

Quiero otra cosa. Quiero sentirme fuerte, mi bestia irracional me lo repite constantemente. Soy suya.

Elijo no serlo. Seré su maldita pesadilla.

Después de la comida, Anton y Konstantin no me dirigieron la palabra. Tampoco Bear comió con nosotros. La comida que prepara Stella es deliciosa. Tampoco miré a Ripley. Ahora que lo sé, es el padre de Anton y Konstantin. ¿Y qué pasa con su madre? ¿Estará muerta?

Tengo que averiguar todo lo que pueda y porque quiere retenerme. No me creo esa mierda de que le pertenezco porque tiene un tipo de obsesión conmigo.

Cualquiera con una polla puede decirlo.

Me estremezco cuando escucho disparos. Estoy a punto de salir corriendo cuando Stella me ve y rápidamente me dice:

—Tranquila. Los chicos deben estar practicando. Es un ejercicio que hacen de vez en cuando. También artes marciales. Si me preguntas no apruebo ninguna de las dos.

Stella parece estar muy familiarizada con ellos. La forma en cómo ellos la respetan y sonríen, incluso Bear. Además, por la forma en cómo salí corriendo la primera vez es como si ella supiera a lo que se dedican ellos.

—Stella, ¿Puedo hacerle una pregunta?